OEA: ¿pencona o zopenca?

El informe de la OEA en Honduras se dio en tiempo y a tiempo. Eficiencia, eficacia, efectividad. El expresidente Quiroga de Bolivia demostró ser pencón y su OEA también

La Misión de la OEA de Tuto Quiroga en Honduras, con observadores serios y el apoyo instantáneo de expertos de Georgetown, ya publicó un informe técnico sobre la posible alteración de las boletas, su contabilización, y la falta de integridad del sistema electrónico concluyendo que no podía asegurar la fiabilidad de las elecciones a pesar que no encontraba indicios de dolo.

Según esa versión estrictísima de la OEA cabría la posibilidad que algún partido político, o alguna organización de inteligencia nacional o extranjera pudiera haber influenciado el resultado de la elección en colusión con algún candidato. La OEA no avaló los resultados de la elección y el secretario Almagro solicitó una nueva votación. En otras palabras, aún sin constatar fraude, la OEA detectó suficientes irregularidades, incluyendo dudas sobre la elegibilidad del candidato oficial, como para pedir nuevas elecciones.

No hay que olvidar que el origen de la nueva ronda de reelecciones del Alba, nace de la resolución de la Sala IV de Costa Rica, que favoreciendo la reelección de Oscar Arias, habilitó las reelecciones del Populismo del Siglo XXI. El argumento de la OEA parece ser que basta que se haya torcido la Constitución permitiendo la reelección como un supuesto derecho humano, para invalidar el resultado, si un candidato ilegítimo resultase ganador.

Esta es la OEA que añoramos. Cuestionando todo: legitimidad del candidato, integridad del padrón, cedulación, conformación de las mesas, participación de menores y desplazamiento de autoridades, conteo, uso de las papeletas, trasmisión electrónica, integridad del programa de computadora, etc.

El informe de la OEA en Honduras se dio en tiempo y a tiempo. Eficiencia, eficacia, efectividad. El expresidente Quiroga de Bolivia demostró ser pencón y su OEA también.

Por contraste el informe de las elecciones del 2016 en Nicaragua no se ha hecho público todavía y el del 2017 es un aval completo de las municipales, contrastando con las severas sanciones que Estados Unidos impone al presidente del CSE.

El informe ignora el manejo arbitrario del Calendario Electoral, el uso del “ratón loco”, la negación a entregar el padrón fotográfico a los partidos políticos, y una normativa electoral veleidosa e inconsulta, omite mencionar el uso de recursos públicos para proselitismo del partido gubernamental y otras alteraciones a la voluntad popular. Minimiza sus propias observaciones sobre problemas en la conformación de Consejos Electorales y JRV, el aumento significativo de votantes por militares y policías trasladados a otros municipios, el diseño de una sola boleta electoral que dificultó el escrutinio y que le negaron a los fiscales copias legibles de las actas.

El informe, que fue dura y justamente criticado por los partidos de oposición y los organismos de la sociedad civil, no menciona el control partidario CSE y aborda las fallas de manera superficial. La desconfianza en el sistema y el temor redujo las denuncias, pero al entender de la OEA, eso significó que todo está conforme.

Un organismo resume: “El pueblo esperaba que la OEA dijera: hasta que no se hagan las reformas necesarias al sistema no puede haber elecciones (creíbles) en 2021”. Paréntesis añadido.

Esta es la OEA zo-penca, cómplice de irregularidades y ciega de un ojo que hemos visto en Nicaragua y Venezuela desde que Insulza y Almagro llegaron a la Secretaría.

Aparentemente, la OEA es pencona contra la derecha y zo-penca contra la supuesta izquierda. Si la Observación Electoral de la OEA fuese en Nicaragua como fue en Honduras en 2017, no habría abstención y la población saldría a votar como lo hizo entre 1990 y 2001. Si se cuentan todos los votos que son, con un padrón auditado y las reglas del juego claras, el resultado sería legítimo y legal, (con el caveat de la ilegalidad o ilegitimidad de una cuarta reelección).

Pero parafraseando a un partido político: somos los nicaragüenses quienes tenemos la responsabilidad indelegable de exigir las reformas electorales e institucionales, que nos permitan cumplir con la profecía de Pedro: “Nicaragua volverá a ser República”.

El autor fue canciller de Nicaragua 2002-2007.

×

Apoye el periodismo independiente. Lo invitamos a compartir este contenido.

Comparte nuestro enlace: