Soluciones prácticas para una alianza

Quienes no pueden unir a la oposición, porque han contribuido con sus errores a desunirla, deben de comprender cómo, si persisten en su terquedad, en su soberbia, cosecharán los peores frutos

elección pura

Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, director martir del Diario LA PRENSA. Foto: LA PRENSA/ ARCHIVO

Es necesario agotar todos los recursos para lograr la unidad de la oposición, y ya es hora de comenzar a poner en juego soluciones prácticas para construir una gran alianza, que evite la continuación vergonzosa del fenómeno dinástico en el poder público nicaragüense.

Para que sea factible esa gran Alianza deben producirse sacrificios, revisiones, reconsideraciones de todo género, y sobre todo sopesar con frialdad las realidades del país.

Quienes no pueden unir a la oposición, porque han contribuido con sus errores a desunirla, deben de comprender cómo, si persisten en su terquedad, en su soberbia, cosecharán los peores frutos, para todos.

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Quienes pueden contribuir a la unificación, pero están actuando con frialdad, por prudencia o desilusión, deben hacer un último esfuerzo, y buscar soluciones prácticas y honorables, capaces de lograr la Alianza.

No es tarde todavía, sobre todo porque el verdadero pueblo del país, el pueblo que ya está en extremo cansado de oír las mismas promesas gubernamentales, de ver los mismos espectáculos de gente acarreada, y de escuchar cómo se explican las tragedias, calificándolas de “pequeños incidentes”, ese pueblo, está ansioso de encontrar su verdadera fórmula de salvación.

No es una fórmula “mesiánica” a la que nos estamos refiriendo, sino una fórmula racional, producida por gente con pensamiento capaz de presentar a Nicaragua una alternativa de paz y progreso sin humillaciones ni vergüenzas; una alternativa en donde al grito irracional, suceda la idea, y en donde a la presentación del lobo con piel de oveja, se oponga la presentación de hombres, que han sido honorables, serios, y francos con el pueblo.

Nicaragua necesita una gran alianza de los inconformes, pero bajo un programa capaz de producir conformidad a todos.

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Nicaragua necesita una gran alianza de sus buenos hijos, no para exaltar a fulano o perengano, sino para producir la exaltación de la dignidad del nicaragüense, barrida del panorama nacional por la corruptela política.

Nicaragua necesita una reforma social y económica que responda al rumbo de una reforma moral.

Juntos todos los nicaragüenses que deseamos eso, podemos vencer fácilmente a “don dinero” que se disfraza de todo, y que con sus billetes pone a muchos anteojos que enturbian la verdad y pintan panoramas inexistentes.

Pero es necesario hacer sacrificios para lograr nuestra alianza, y sobre todo es necesaria la revisión de muchas equivocaciones, y permitir el paso franco y abierto a nuevos planteamientos.

No se puede menospreciar a nadie, si se trata de una alianza, sino al revés, buscar a todos, absolutamente a todos los que deseamos una meta simple: Que haya un cambio. Un cambio pacífico y honorable, pero verdadero y profundo.

Publicado en LA PRENSA el 8 de septiembre de 1966.

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