Las tragedias de Amada y Elea

Impresiona constatar cómo después de tanta sangre derramada en la lucha por la libertad y la justicia, los campesinos siguen siendo maltratados por una dictadura como ha sido el caso de los masacrados en La Cruz de Río Grande

tragedias

Ayer publicamos el editorial de LA PRENSA del 9 de octubre de 1974, escrito por el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal y titulado: Desde el banquillo y desde la tribuna.

Ese escrito del doctor Chamorro Cardenal, Director Mártir de LA PRENSA, fue publicado en el marco de la conmemoración del cuarenta aniversario de su asesinato, ocurrido el 10 de enero de 1978 y como parte del programa de publicación de algunos de sus editoriales, que demuestran la actualidad y vigencia de su pensamiento y enseñan, además, cómo vuelven a ocurrir algunos de los episodios más tristes de la historia nacional.

En realidad, ese editorial del doctor Chamorro Cardenal no fue escogido al azar ni publicado por casualidad. Lo hicimos de manera consciente y deliberada, porque en ese escrito el Director Mártir de LA PRENSA se refiere a la tragedia de una humilde campesina del departamento de Matagalpa, Amada Pineda, ocurrida en agosto de 1974, entre las muchas y continuas barbaridades que sufrían en aquella época los campesinos, particularmente en el norte de Nicaragua.

Que tragedias como esa lamentablemente no son algo que pertenece al pasado, lo demuestra el caso de otra humilde mujer campesina del norte del país, señora Elea Valle, la adolorida madre de los dos menores de edad de ambos sexos que fueron masacrados junto a su padre y tres campesinos más, el 22 de noviembre pasado en La Cruz de Río Grande, por miembros del Ejército de Nicaragua.

Amada Pineda fue capturada en su rancho en las montañas de Matagalpa, por una patrulla de la Guardia Nacional que la acusó de participar en el sindicato campesino de la región y ayudar a guerrilleros del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). Ella fue salvajemente torturada y violada sexualmente 17 veces, por los guardias somocistas, en su mismo hogar y ante los ojos de sus pequeños hijos.

LA PRENSA informó ampliamente sobre la barbarie cometida por los militares contra Amada Pineda, basada en la denuncia que ella misma vino a presentar en Managua ante las autoridades correspondientes y los medios de comunicación. Y como ha hecho siempre en estos casos, LA PRENSA demandó vigorosamente que se hiciera justicia.

Sin embargo, la reacción del régimen somocista fue acusar judicialmente a la campesina Pineda y al doctor Chamorro Cardenal, imputándoles el delito de injurias y calumnias, lo cual motivó el histórico editorial que publicamos ayer.

El doctor Chamorro Cardenal expresó en ese escrito su apasionado compromiso en la defensa de las personas más humildes de Nicaragua, que por eso mismo son las que sufren las peores injusticias cometidas por los regímenes dictatoriales, llámense somocista u orteguista.

Fue emocionante la proclamación del doctor Chamorro Cardenal, de que se sentía honrado por haber sido enjuiciado por la dictadura somocista junto con una mujer campesina humilde, pero valiente luchadora por su dignidad de mujer y persona humana, y por los derechos de su clase oprimida.

E impresiona también constatar cómo después de tanta sangre derramada en la lucha por la libertad y la justicia, por la democracia y los derechos humanos, los campesinos siguen siendo maltratados por una dictadura como ha sido el caso de los masacrados en La Cruz de Río Grande.

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