Pedro Joaquín y Ramiro Sacasa

La lucha de Ramiro a lo interno de la dictadura hizo que gradualmente Pedro Joaquín pasara de crítico a admirador del primero

Melvin Sotelo Aviles.

En el libro Ramiro Sacasa Guerrero. El poder de servir, dedico un capítulo a la relación política fructífera y fraterna entre los doctores Pedro Joaquín Chamorro Cardenal y Ramiro Sacasa Guerrero. Esta relación se inicia previo a los sucesos de Olama y Mollejones ocurridos en mayo de 1959. Sacasa ve en la gesta de Chamorro una oportunidad para realizar cambios estratégicos en el sistema político e institucional de la dictadura somocista.

Luis Somoza, asesorado por Sacasa, y con la intermediación del poeta Pablo Antonio Cuadra, le propuso a Chamorro detener la operación; a cambio, tomaría una serie de medidas para iniciar la transición hacia la democracia. Sin embargo, este último declina la propuesta por la desconfianza que le tiene a Luis Somoza.

La lucha de Ramiro a lo interno de la dictadura hizo que gradualmente Pedro Joaquín pasara de crítico a admirador del primero, lo cual se refleja en los editoriales de 1967. En 1970 elaboran un pronunciamiento conjunto de denuncia de la dictadura y forman la alianza denominada Movilización Nacional. Era inevitable esa unidad entre dos grandes hombres que, aunque vienen de partidos diferentes, tienen los mismos propósitos, a como lo señala el legendario líder obrero Chagüitillo: “Ambos comulgan con los mismos sacerdotes: la democracia y la justicia social”; por la cual lucharon incansablemente hasta pagar su desafío con el elevado precio de sus vidas.

Cuando se da el pacto del kupia kumi entre Fernando Agüero y Anastasio Somoza, Chamorro y Sacasa son expulsados de sus respectivas agrupaciones políticas por denunciar ese episodio turbio de la historia. Cuenta Emilio Álvarez Montalván que en una reunión privada para determinar quién de los dos debía encabezar el liderazgo de la oposición, cada uno quiere que sea el otro, hasta que al final Pedro Joaquín acepta. Para ambos líderes lo más importante es Nicaragua y la unidad de las diferentes fuerzas opositoras.

En esa complementariedad, Pedro Joaquín encabeza el liderazgo y se convierte en el vocero de la Unión Democrática de Liberación (Udel) desde la tribuna de LA PRENSA y en los actos políticos; en tanto Ramiro se vuelve el gran organizador, que junto con otros líderes políticos definen la táctica y la estrategia de la oposición y las líneas generales de un proyecto de nación, debido a su larga experiencia de gobierno. Mientras Pedro Joaquín es fogoso y “dueño de su propio miedo”, Ramiro es conciliador ante las diferencias que se generan a lo interno de Udel, cumpliendo el rol de cemento para desarrollar los cimientos sólidos en la construcción del edificio de la democracia.

Pedro Joaquín y Ramiro, canalizan el sentimiento colectivo de otros líderes de los partidos políticos de oposición, de personas capaces, que dejan a un lado los intereses particulares y partidarios para juntar su energía en las premisas básicas de lo que les unía, a partir de lo cual surgen una serie de movilizaciones de impacto nacional. Sin embargo, debido al asesinato de Pedro Joaquín y dado que el dictador Somoza cierra los espacios políticos para un cambio por la vía electoral, esta posibilidad es sustituida por una opción político militar radical.

Pedro Joaquín y Ramiro, demuestran, gracias a su fuerte liderazgo, a sus sólidos vínculos que es posible construir en el discurso y orgánicamente la unidad opositora. Ojalá que este ejemplo sirva de inspiración a los actuales líderes de la oposición para forjar la unidad. Termino este artículo tomando un párrafo de la carta que escribió el doctor Sacasa a Carlos Fernando, hijo del doctor Chamorro:

“Me tocó discutir muchas veces con su ilustre padre el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal. Mas cuando en diciembre de 1968 dejé yo el gobierno por oponerme al afán continuista de Anastasio Somoza segundo, el doctor Chamorro Cardenal —proclamando públicamente en editoriales mi rectitud como funcionario y mi corrección como adversario— con hidalguía me invitó a juntarnos en favor de Nicaragua, echándome el brazo al hombro para que camináramos juntos, como lo hicimos teniendo yo el honor de acompañarlo en los últimos diez años de su sacrificada, fecunda y luchadora existencia. Así aprendí a admirarlo y llegué a quererlo como a un hermano”.

El autor es sociólogo.

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