Energía renovable y reducción de tarifas

En lo que se refiere a los precios la energía con menor capacidad firme o despachable – como por ejemplo la eólica -, dichos precios se han fijado muy altos, a través de contrataciones directas.

ajuste fiscal, Nicaragua

Economista Adolfo Acevedo. LA PRENSA/ARCHIVO

Durante mucho tiempo se alimentó la esperanza de que el aumento en la generación de energía mediante fuentes renovables se reflejaría en menores tarifas eléctricas.

Al 2016, el sistema interconectado contaba con 1,357.0 MW instalados. El 53.1 por ciento de la capacidad instalada estaba representada por plantas térmicas convencionales que generan con fuel oíl o bunker, mientras el 46.9 por ciento  estaba ya representado por energías renovables. En lo que respecta a la generación bruta, el 52.8 por ciento corresponde a energía renovable y 47.2 por ciento a fuentes basadas en combustibles fósiles.

En general, aparte de la generación geotérmica, la generación eólica, la hidroeléctrica y la biomasa son de baja energía firme.

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En el caso de la hidroeléctrica, el hecho que se cuente con embalse no implica necesariamente que se trate de plantas de generación firme o con firmeza significativa, pues ello lo determina la capacidad de regulación de los mismos, conjuntamente con los aportes hídricos, durante las épocas de mayor sequía; lo cual cobra mayor importancia si se esperan sequías mas prolongadas y/o recurrentes

Aquí cabe analizar algunas implicaciones económicas. En lo que se refiere a los precios la energía con menor capacidad firme o despachable – como por ejemplo la eólica -, dichos precios se han fijado muy altos, a través de contrataciones directas, de manera tal que actualmente resulta más barato generar con bunker o diesel.

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Dado que la energía de baja capacidad firme hay que usarla cuando se la produzca, o sea cuando hay suficiente viento, sol o momentos propicios, los contratos con los generadores de este tipo de energías normalmente contienen cláusulas que obligan al distribuidor a comprar la energía generada al generador cuando éste la ofrece, aun cuando en ese momento hubiese disponibles otras alternativas más baratas, como ocurre actualmente.

Por otra parte, en la actualidad, la demanda máxima de potencia alcanza casi a ser cubierta por la capacidad de generación renovable. Pero como la mayor parte de esta capacidad no es de energía suficientemente firme, ello exige mantener un alto margen de capacidad de reserva, principalmente térmica, en base a la quema de combustibles fósiles.

Es así que el aumento de la capacidad de generación renovable de baja energía firme ha conducido a la instalación de un margen de reserva de capacidad de generación firme o «despachable», que supera en 100 por ciento a la demanda máxima de potencia; y lo mismo se sigue proyectando en el Plan Indicativo de Expansión de Energía Eléctrica.

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Esto representa importantes costos. La masiva acumulación de pagos fijos por potencia requeridos para mantener este masivo margen de capacidad de reserva, pesa con fuerza sobre la tarifa. Recuérdese que, de acuerdo a los contratos de Compra de Potencia (PPA) o similares, aunque las plantas no operen, u operen a medias, los generadores reciben un pago fijo por 15-20 años exclusivamente por la potencia instalada, lo cual que les permite recuperar la inversión efectuada y obtener un rendimiento por ella.

Este pago fijo se hace mensualmente a las empresas generadoras exclusivamente por la potencia que tienen instalada, aun cuando no se haga ningún uso de esta potencia para generar energía. El conjunto de estos pagos, necesarios por mantener un gran margen de capacidad de reserva, implica una carga muy pesada. Los costos resultantes se continuarán pagando durante quince o veinte años más.

A estas cargas se agrega, como hemos explicado antes, el hecho de que se traslada al consumidor, vía tarifas, la mayor parte de las pérdidas de energía que se producen en la distribución, y también contribuyen aquellas deudas que acumula el sector eléctrico y cuyo pago se solventaría también a través de las tarifas.

*Economista

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