Pedro Joaquín Chamorro: El beso a su nieta que fue su despedida

Producto de las continuas denuncias de corrupción sobre el régimen de los Somoza, publicadas en el diario, le habían advertido que podían matarlo. La Biblia que quedó en la oficina de PJCh estaba abierta en los salmos 60 y 61.

Parte de la familia Chamorro Barrios. Violeta Barrios de Chamorro, Cristiana Chamorro, Pedro Joaquin Chamorro y Claudia Chamorro. LA PRENSA/CORTESÍA

Cada vez que la encontraba, en la casa familiar del reparto Las Palmas en Managua, el abuelo saludaba a la niña de 15 meses de edad con un “hola Valentina”. Reían juntos, jugaban juntos, una huella que puede seguirse en las fotografías familiares, blanco y negro, atesoradas como un recuerdo invaluable 40 años después del crimen.

La última vez, él se acercó para despedirse. Era 10 de enero de 1978.

El doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal le dio un beso a la niña antes de franquear la puerta rumbo a las oficinas del Diario LA PRENSA, ubicadas en Carretera Norte. Fue un viaje a la muerte, porque minutos después sicarios a bordo de un carro lo asesinaron a balazos, mientras el periodista conducía en una calle céntrica de la capital nicaragüense.

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A su muerte, Chamorro Cardenal tenía 53 años, y una relación con su familia que cultivó día a día. Si su nieta se llamó Valentina —a secas, dice el padre— es porque el abuelo le puso el nombre.

A fines de octubre de 1976, los padres de la niña la bautizaron y él les pidió permiso, debido a un luto reciente en la familia, para que un grupo de mariachis cantara precisamente la canción que lo inspiró.

Pedro Joaquín Chamorro Cardenal en un viaje en el Lago de Nicaragua con Violeta Barrios de Chamorro, junto a otros familiares. LA PRENSA/ARCHIVO

“Valentina, Valentina,/yo te quisiera decir/que una pasión me domina/y es la que me hizo venir”.

Así dice la letra. La niña (que ahora tiene 41 años y vive en Arizona, Estados Unidos) es hija del exdiputado opositor Quinto Pedro Joaquín Chamorro Barrios, de 66 años, y de Martha Lucía Urcuyo Torres.

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—La cuarta estrofa es la que cantaba y se sabía de memoria —escribe Chamorro Barrios sobre su padre, en un correo electrónico. Evoca recuerdos, justo este enero cuando se cumplen 40 años del asesinato.

Aunque sobresale el amor en la letra de la canción que interpretaron los mariachis, la muerte también se asoma en la cuarta estrofa que Chamorro Barrios recuerda. “Valentina, Valentina,/rendido estoy a tus pies,/si me han de matar mañana/que me maten de una vez”.

PJCh dirigía entonces el periódico de más tradición de Nicaragua, el cual modernizó desde 1948 cuando asumió la subdirección. Lo convirtió en un referente en Centroamérica como lo fue él mismo.

Al momento de su muerte, el diario estadounidense New York Times recordó en enero de 1978 su franca oposición a la dictadura somocista, lo que le costó cárcel, exilio y cierres al diario, pero también en su perfil se mencionó que la Universidad de Columbia le otorgó meses antes del crimen el Premio Maria Moors Cabot, el galardón periodístico más antiguo del continente entregado desde 1938 a profesionales que con su trabajo contribuyen al “entendimiento interamericano”. Esto fue el 21 de octubre de 1977.

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Lo recuerdan como periodista y empresario. Escritor. Torero. Fabricante experimental de vino. Le gustaba el tenis. Era enamorado de las rancheras y los asados al estilo “gaucho” (argentino).

Veneraba a su madre

El 9 de enero de 1978, le celebró el cumpleaños 78 a su madre, doña Margarita Cardenal de Chamorro, con quien se reunía a menudo porque vivía cerca de su casa en Las Palmas.

Torear fue una de las pasiones de Pedro J. Chamorro Cardenal. Esta acabó cuando en 1976 un toro le quebró dos costillas. LA PRENSA/CORTESÍA DE LA FAMILIA CHAMORRO BARRIOS

“Mi papá no fallaba un cumpleaños a la casa de su mamá Margarita, a quien veneraba. Mi abuela era una persona estoica y creo que mi padre heredó su carácter estoico. El 9 de enero se reunió con el tío Carlos Holmann (esposo de Ana María Chamorro Cardenal) que vivía en la casa de mi abuela. Se tomó unos traguitos y llegó un poco más tarde de lo usual a la casa”, precisa el hijo.

En el plano político, el país vivía esos días bajo la bota militar. Con su poco más de tres millones de habitantes, Nicaragua se encontraba sometida a una de las dictaduras más crueles en la región, instaurada formalmente en 1937 por el general Anastasio Somoza García. El sistema somocista fue continuado por sus hijos Luis —primero— y Anastasio Somoza Debayle. Este último sería derrocado 18 meses después del asesinato de PJCh.

Pasó «algo horrible»

“Eran como las 8:25 de la mañana y llegó alguien, apresuradamente, y dijo que a mi papá le había pasado algo terrible en las ruinas de Managua y yo inmediatamente pensé que lo habían matado. Se dijo algo de un accidente, pero yo tuve la impresión que lo habían matado”. Pedro Joaquín Chamorro Barrios, el gerente de ventas de LA PRENSA entonces, se encontraba en una reunión en la empresa cuando le avisaron.

Salió veloz en su carro. Llegando al edificio del Banco de América, donde hoy es la Asamblea Nacional, vio un alboroto en la dirección de oeste a este. Corrió dos cuadras hasta llegar al sitio exacto.

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Escuchó la sirena de la ambulancia que partía ya con su padre, vio el vehículo destrozado. Llegó al Hospital Manolo Morales donde  se encontró al cabo de un tiempo a su familia, entre ellos su tío Xavier Chamorro Cardenal y Carlos Holmann. Los abrazó.

A su hijo Pedro Joaquín le tocó reconocer el cadáver. “Me entregaron las pertenencias de él: la ropa. Una camisa que andaba de pingüino, toda perforada”.

En esta imagen, Pedro Joaquín Chamorro Cardenal junto a Violeta Barrios, sus hijos y sus nueras en el bar de su casa. LA PRENSA/ARCHIVO

Después, cuando estuvo solo, entre las paredes de la casa donde el abuelo saludaba a Valentina, y antes de romper en llanto, el hijo lavó la camisa. —No sé por qué —dice ahora.

El Palomar

Padre e hijo vivieron juntos durante unos meses en un apartamento dentro de la casa de Las Palmas, al que doña Violeta Barrios, viuda de Chamorro, llamaba El Palomar. Fue construido encima del estacionamiento.

La cercanía del garaje al apartamento fue otra de las razones por las cuales el abuelo se había encontrado a Valentina antes de salir el día del atentado.

En ese sitio, vivieron inicialmente Claudia Chamorro Barrios y su entonces esposo José Bárcenas. Pedro Joaquín (hijo) vivió unos meses en uno de los cuartos de ese apartamento. Chamorro Barrios conserva una fotografía de 1977 en que su padre y madre chinean cada uno a sus nietas de entonces. Doña Violeta a la hija de Claudia, Violeta Margarita, y PJCh a Valentina. Eran cuatro los hijos de doña Violeta y Chamorro Cardenal: Claudia, Cristiana, Carlos Fernando y Pedro Joaquín (hijo).

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Pedro Joaquín Chamorro Zelaya y Margarita Cardenal, junto a su hijo Pedro Joaquín Chamorro Cardenal. Esta imagen forma parte de la colección sobre la historia de Nicaragua y sus personajes ilustres, que se exhibe en el Instituto Nicaragüense de Cultura Hispánica. LA PRENSA/ CORTESÍA

La cercanía marcó la relación. En diciembre de 1977, en uno de sus últimos gestos, PJCh le regaló a sus hermanos un escudo de armas de la familia que dio a tallar en España, una réplica que también obsequió a Pedro Joaquín (hijo) cuando nació su hijo varón el 28 de diciembre de 1977. Tenía muchos detalles con la familia. Tenía dos parras en Las Palmas y acompañaba los regalos a sus seres queridos, de cada Navidad, con uvas de su producción.

Según su descendiente, se sentía orgulloso de su linaje, de la participación de sus parientes en la historia de Nicaragua. Entre ellos se contaban el expresidente Pedro Joaquín Chamorro Alfaro, de quien conservaba una proclama contra el filibustero William Walker.

Memoria de aquel beso

Han pasado 40 años del atentado. Valentina Chamorro responde vía correo electrónico a las 9:41 de la noche a unas preguntas de LA PRENSA. Es miércoles 3 de enero de 2018. Está en su oficina sin fotos que describe con una vista preciosa a su jardín y a las montañas de Phoenix, Arizona, donde habita con su familia desde hace 18 meses.

Lleva casi toda su vida fuera de Nicaragua: 17 años estuvo en Nueva York y cuatro más en Boston, pero la historia de su abuelo —la de Nicaragua— siempre le es cercana. Desde ahí escribe:

“Sí, me han contado muchas veces la anécdota que mencionas. Aparentemente yo pasaba un buen rato jugando en mi ‘ring’ por la mañana cuando era bebé, y normalmente mi abuelo pasaba por allí en camino al carro, me recogía en sus brazos, y se despedía de mí. Me cuentan que le encantaba decir mi nombre, ya que fue por él que mis padres me pusieron Valentina”, título de una de sus rancheras favoritas.

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“Hoy en día no sabes cuántas veces halagan mi nombre cuando me presento —hasta en ocasiones tan insignificantes como cuando pido un café en un Starbucks y piden mi nombre para poder recogerlo—. Lo que no sabe la barista del café es que me llamo así gracias no solo a mis padres sino también por mi abuelo, y que él fue un hombre que cambió el curso de la historia de un pequeño país centroamericano”.

Quinto Pedro Joaquín Chamorro Barrios muestra el escudo familiar que le regaló su padre el 28 de diciembre de 1977.
LA PRENSA/JADER FLORES

“Ese 10 de enero de 1978 yo cumplí 15 meses de nacida, así que de esa despedida —tristemente, su última— no me acuerdo. Su legado, sin embargo, no tengo que esforzarme en recordar, ya que sigue vivo en cada persona que respeta la libertad de prensa y de expresión. Por eso no me enfoco en los hechos de ese día cuando hablo de él con mis hijos (de 12 y 8 años). Traté de evitar hablar de eso para que no les diera miedo, pero sabía que algún día me preguntarían como murió el ‘abello’. Detalles no necesitan, pero saben que su bisabuelo fue asesinado y que él fue un hombre valiente que luchó por la democracia y la libertad de todos los nicaragüenses”.

“Por eso, y por muchas cosas más, nos sentimos orgullosos. Aunque vivo lejos de Nicaragua, siempre cargo conmigo esa tierna despedida. No la recuerdo, claro, pero sigo creyendo, pues me hace sentir un poquito especial. Y si resulta que no fue exactamente así, pues una cosa queda cierta: me llamo Valentina, y ese nombre que me dio mi abuelo, no me lo quita nadie.

«Saludos,

Valentina”.

Relación padre e hijo

“Él una vez me dijo que el hijo y el padre tenían cuatro etapas en la vida: al principio el hijo era admirador del padre, para el hijo el padre era un héroe; después el padre se volvía competidor, comenzaba la competencia por destacarse; después el hijo se vuelve amigo del padre y luego venía la última etapa —que es donde decía que yo estaba— el hijo se vuelve protector del padre”, dice Pedro Joaquín Chamorro Barrios sobre la relación con PJCh.

¿Quién era mi padre? Retrato hablado de PJChC

Quería ser capitán de barco para llenarse el alma del mundo y como marinero atracar en playas y puertos buscando verdades perdidas. Así era su alma, un río inquieto tratando de extenderse más allá de sus límites para alcanzar sus ideales con plena libertad interior.

Entonces se construyó un bote, La Santa Libertad, para navegar en el lago de Granada y luego se compró el Guas, un yate con nombre del pájaro volador que él quería ser y finalmente, un velero que cada vez que alzaba velas se le daba vueltas para volverlas a levantar y sin claudicar navegar con la libertad del viento que ansiaba tener en su país.

Una foto inédita de Cristiana Chamorro Barrios con su padre, el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal.
LA PRENSA/CORTESÍA

Y en tierra firme, el padre cariñoso invitándonos a tomar sus aventuras en la motocicleta de todas las mañanas, perdernos en los barrios desconocidos y encontrarnos cara a cara con el pueblo olvidado.

Y después, en Semana Santa, a torear los toros de la finca y desafiar la vida como lo hacía cuerpo a cuerpo frente a la fuerza represiva de la dictadura que con pluma y palabra atacaba todos los días desde su periódico, LA PRENSA por la que dio su vida al servicio de la Verdad y la Justicia.

Cristiana Chamorro B.

Los Salmos 60 y 61

Producto de las continuas denuncias de corrupción sobre el régimen de los Somoza, publicadas en el diario, le habían advertido que podían matarlo. Según Edmundo Jarquín, actual esposo de Claudia Chamorro Barrios, la Biblia que quedó en la oficina de PJCh estaba abierta en los salmos 60 y 61.

“Danos socorro contra el enemigo,/Porque vana es la ayuda de los hombres./En Dios haremos proezas y él hollará a nuestros enemigos”, dice el salmo 60.

El salmo 61 sostiene: “Oye, oh Dios, mi clamor; a mi oración atiende./Desde el cabo de la tierra clamaré a ti,/ cuando mi corazón desmayare./Llevame a la roca que es más alta que yo,/Porque tú has sido mi refugio y torre fuerte delante/ del enemigo./Yo habitaré en tu tabernáculo para siempre”.

“¿Cuál de estos salmos leería en aquellos que eran sus días postreros? Reveladoramente los salmos están titulados uno ‘Plegaria pidiendo ayuda contra el enemigo’ y el otro ‘Confianza en la Protección de Dios’”, relata Jarquín en su libro recientemente republicado: Pedro Joaquín: ¡Juega!

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