Pedro Joaquín Chamorro Cardenal: Llama viva, limpia y contundente

PJChC abogó por fiscalizar el poder por medio de instituciones democráticas que facilitaran la “limpieza en el proceso electoral, el entierro definitivo de las ideas dinásticas, la abominación de los caudillismos, de las castas privilegiadas y de los fraudes”.

Carlos Huembes

Pedro Joaquín Chamorro Cardenal fue mandado a asesinar por fuerzas oscuras que lo odiaban porque representaba la libertad, la democracia, la honradez y la justicia social.

Pedro Joaquín era un estorbo para los opresores y corruptos, y por eso lo eliminaron física y alevosamente el 10 de enero de 1978, fecha a partir de la cual el pueblo lo elevó a nivel de Héroe.

Pedro Joaquín era un hombre contundente, hombre de una sola pieza, fue valiente, y lo demostró en las cuatro veces encarcelado en las ergástulas dictatoriales, en 1954, 1956, 1959 y 1967.

Tenía una visión frontal contra la corrupción, contra todo oportunismo contra toda componenda que diluyera los ideales de democracia y justicia social para el pueblo, conceptos que ocupaban gran parte de su pensamiento político. Recordemos sus escritos contra el pacto Kupia Kumi en 1971.

En 1966 afirmaba que “la primera de las revoluciones seguía siendo la revolución de la honradez, y decía que esa no pueden hacerla los que han gobernado durante tantos años subvirtiendo nuestros valores morales”.
Fue en un entorno de denuncia de la corrupción y explotación del negocio de compra y venta de sangre de indigentes, cuando balas asesinas segaron su vida hace 40 años.

De pensamiento político democrático, abogó por fiscalizar el poder por medio de instituciones democráticas que facilitaran la “limpieza en el proceso electoral, el entierro definitivo de las ideas dinásticas, la abominación de los caudillismos, de las castas privilegiadas y de los fraudes”.

Era un ardiente defensor del Estado de derecho, en que se debían respetar la Constitución y las leyes, con una justicia imparcial para todos los ciudadanos que debía ser tratados en el plano de la igualdad.
Con profundidad ideológica ejerció la defensa y promoción de la dignidad de la persona humana, considerando a esta como el centro de toda acción política para redimirla y realizarla en forma integral.
Decía que “en Nicaragua la reforma política debe de provocar la concepción del gobierno como un instrumento encaminado principal y casi exclusivamente al beneficio de los más pobres, mientras haya pobres. Ninguna obra de progreso es buena, si no es para el progreso de los más pobres”.

Para él la democracia y la justicia social deben ir unidas como conceptos complementarios, que en un sistema democrático la justicia social le es inherente, y que en nombre de la justicia social no se podía caer en autoritarismo.

Pedro Joaquín era tolerante y pluralista, un hombre que enfrentaba las circunstancias difíciles con la decisión y carácter que le permitía siempre salir adelante; después de los mítines opositores de UDEL comentaba que hasta la comunicación les impedía el régimen, que los amenazaban, pero decía que lo importante era no dar un paso atrás, sino por el contrario, había que hacer lo que estaba programado a como diera lugar.

Pedro Joaquín era incansable en el trabajo, aprovechó tres años de censura a LA PRENSA (1971-1974) para potenciar su pluma, su arma preferida, y escribió en ese período Jesús Marchena y Richter 7.

Ya en 1957 había escrito Estirpe sangrienta, además de numerosos ensayos entre los que sobresalió uno de género de novela política: Tolentino Camacho.

Fue su práctica política la resistencia al régimen pero basada en la organización con disciplina y perseverancia,

Pedro Joaquín era auténtico, nunca hubo brecha entre lo que decía y lo que hacía.

Su pensamiento político es el legado para seguir en las luchas por la que él vivió y murió, su pensamiento sigue vigente.

Es Pedro Joaquín Chamorro Cardenal un guía de la política de servicio, inspirador de la acción, un norte ético, un hombre que encierra en su lema “Nicaragua volverá a ser República” toda la grandeza de ser llama viva que no se extingue, llama limpia que nunca cayó en el oportunismo ni la componenda, y llama con la contundencia que da la fuerza moral de estar apegado a los más altos principios y valores humanistas y democráticos.

El autor es politólogo, fue embajador en Alemania.

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