Una revisión en la oposición

La lucha de los nicaragüenses por lograr el establecimiento de una democracia efectiva, se ha ido produciendo en oleadas desde el año de 1944

elección pura

Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, director martir del Diario LA PRENSA. Foto: LA PRENSA/ ARCHIVO

Remodelar nuestras tácticas. La finalidad republicana sigue siendo bandera.

El objetivo fundamental antidinástico no ha variado. Nos faltó organización. Es seguro que podemos vencer.
Es natural que la oposición al régimen dinástico en Nicaragua, necesite una revisión de sus propias tesis, de sus métodos, y de su organización, pero todo este conjunto debe realizarse bajo una premisa esencial:

La lucha de los nicaragüenses por lograr el establecimiento de una democracia efectiva, se ha ido produciendo en oleadas desde el año de 1944, y cada una de esas oleadas debe no solamente de ser reconocida como una aportación a la solución del problema, sino también estudiada con detalle, en todas sus incidencias.

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Sí, debe de estudiarse en todas sus incidencias, para aplicar al confrontamiento de esta otra etapa —restauración del antiguo somocismo— lo que nuestra clásica lucha ha tenido de efectivo pero introduciendo también en ella, métodos más prácticos, elementos nuevos, elásticos, diferentes, producidos por la experiencia y la reflexión.

A nuestra oposición le ha faltado organización.

Esto hay que reconocerlo y decirlo públicamente desde el comienzo, porque si no empezamos a construir expurgando nuestros propios errores o fallas, volveremos a caer en ellos.

Apartando el hecho de que fuimos aplastados por la coacción, el fraude, el terror, las armas, y la aplicación de método dictatoriales ausentes de todo espíritu democrático y ajenos a la justicia y equidad electorales, debemos de reconocer nuestra falta de organización, sobre todo en un momento en que estar organizadas, era indispensable, para triunfar, y aún para resistir, como la verdadera y pujante fuerza masiva que éramos, y continuamos siendo.

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Y cuando digo que la oposición a la dinastía debe de entrar en una etapa de revisión, no estoy bajo ningún punto admitiendo que su objetivo —la producción de un sistema democrático, representativo y pleno de justicia social— sea abandonado, ni mucho menos; y tampoco digo que debe de abandonarse la lucha abierta contra la dinastía, sino simplemente que en este afán noble y patriótico, es indispensable buscar mejores métodos, entre los cuales tiene lugar principalísimo, la buena estructuración de cuadros organizativos.

Racionalizando bien la situación presente del pueblo nicaragüense, debemos de estar siempre seguros de que la lucha de las mayorías contra el “imposible histórico” pero aparentemente real de una restauración dinástica, continúa siendo no solo expresión de justicia, sino bandera hermosa y lógica, a lo cual debemos agregar, que la necesidad de un cambio en nuestro sistema de gobierno, sigue también siendo, un fin patriótico de indudable beneficio para Nicaragua.

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La “afloración del salvajismo” es una prueba palpable, evidente e irrefutable, de que nuestra bandera de reivindicación democrática, y nuestro anhelo de un sistema gubernamental “moralmente nuevo”, continúan representando una evidente finalidad patriótica en Nicaragua.

Otra cosa desde luego es, el cómo hacer, para lograr realizar plenamente esa finalidad, para obtener un triunfo por el cual tanto se ha luchado, y tanto se ha sufrido.

Para ello necesitamos como digo, analizar nuestras experiencias, examinar los métodos usados hasta el día de hoy, revisar nuestras tesis, y remodelar nuestros principios tácticos.

Mucho hemos aprendido, y mucho tenemos que aprender todavía, quienes a pesar de haber sido abatidos muchas veces, aún tenemos ánimo y también posibilidades, y seguridad de vencer.

De vencer, para bienestar y felicidad de las futuras generaciones y de las mayorías nicaragüenses.

Publicado en LA PRENSA el sábado 18 de marzo de 1967.

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