Enseñanzas de una reelección

La democracia en Honduras es claramente un perdedor, pues ha quedado demostrado que las instituciones encargadas de salvaguardar el proceso electoral no han tenido la capacidad ni han estado a la altura del reto presentado

Es realmente triste lo que está pasando en Honduras. No solamente hemos visto pérdidas de vidas humanas y cuantiosos destrozos económicos, sino que estamos presenciando un retroceso significativo en la institucionalidad de ese país y en su andar democrático, estamos presenciando el destrozo de la credibilidad del Tribunal Supremo Electoral y del presidente anterior y ahora presidente reelecto Juan Orlando Hernández. Al ver todo esto, al ver la polarización que sufre Honduras hoy, no puedo más que preguntarme, ¿vale todo esto la pena?

Esa gripe contagiosa de la reelección que hoy tiene no solo Nicaragua, sino también Venezuela, Bolivia y hasta el democrático Costa Rica hoy se le pegó a Honduras. Sin embargo, el pueblo hondureño ha dicho claramente que no a la reelección, porque en estas elecciones de Honduras no hay un claro ganador, pero sí hay tres claros perdedores: los dos candidatos presidenciales, la democracia hondureña y el pueblo hondureño.

Los candidatos presidenciales pues gane quien gane, gobernarán un país dividido, un país polarizado, para gobernar se tendrá que dialogar mucho con la oposición y se tendrá que ceder mucho terreno.

La democracia en Honduras es claramente un perdedor, pues ha quedado demostrado que las instituciones encargadas de salvaguardar el proceso electoral no han tenido la capacidad ni han estado a la altura del reto presentado. La indecisión y la falta de información oportuna han alimentado la hoguera de las dudas, de la desinformación y de la sospecha. Haya habido fraude o no, la espina queda.

El pueblo hondureño pues ha salido a la calle en dos vertientes, unos que quieren la paz y defender la democracia en su país, sea el punto de vista que sea y el partido que ellos prefieran y otro grupo de población que se ha dedicado a robar, saquear y vandalizar los negocios al margen del caso político imperante. El pueblo hondureño pierde, pues sus políticos le han fallado, nuevamente la sombra de la desconfianza internacional se cierne en Honduras, y siempre los que lo pagan son los más pobres, los más necesitados.

Juan Orlando ha sido (hasta el tema de la reelección) un presidente muy efectivo, nadie puede negar los avances que ha logrado en la lucha antidrogas, en la lucha por recuperar la seguridad ciudadana y en la recuperación económica del país, existe incluso un acuerdo con los empresarios y un plan de nación 2020 para desarrollar Honduras. Es una administración que ha hecho mucho en poco tiempo. Es normal que sienta que tiene que estar más tiempo en el poder para afianzar su legado. A cambio de esto cometió el error de empujar la reelección, viendo a sus vecinos él consideró que si en Nicaragua se podía y en Costa Rica también, por qué no en Honduras, y con eso desencadena una serie de eventos que nos tienen hoy con el panorama de Honduras que ya conocemos y de paso ha puesto su legado en riesgo.

Vuelvo a mi pregunta inicial, ¿vale la pena? ¿Cuánto vale la institucionalidad y el orden en un país? Es claro que el pueblo hondureño no avala la reelección, pues aunque Juan Orlando ha gozado siempre de altos niveles de popularidad el pueblo le dio la espalda en el tema de la reelección.

Creo que Honduras es un espejo en el que nos tenemos que ver todos los países que hoy por hoy permitimos la reelección. ¿Es verdaderamente cierto que no hay dentro de los partidos existentes otros ciudadanos capaces de seguir el legado de los políticos eficientes? ¿Solo Juan Orlando puede suceder a Juan Orlando, no tiene el Partido Nacional a nadie más? ¿No tiene Honduras a nadie más?

Y la misma reflexión hago para Nicaragua, pues cuando la bota oprime no importa si es la derecha o la izquierda, bota es bota.

¿Es más importante la persona o la institucionalidad? Dice un dicho que nadie es indispensable, si esto es cierto, ¿por qué cuesta tanto aplicarlo en política?

Le deseo lo mejor a Honduras, un pueblo muy querido, a su democracia y a su país. Ojalá puedan volver a la senda de crecimiento y paz que han tenido en los últimos años.

El autor es expresidente de AmCham.

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