La impunidad como personaje en la novela Ya nadie llora por mí

Gran acierto de nuestro premiado y querido escritor; una historia que conocemos y deploramos pero que, a fin de cuentas, como tanto en nuestro país, se queda sin castigo

En su controversial libro Sergio Ramírez (Premio Cervantes 2017), desnuda y condena el machismo y la impunidad. LA PRENSA/Jader Flores

En su controversial libro Sergio Ramírez (Premio Cervantes 2017), desnuda y condena el machismo y la impunidad. LA PRENSA/Jader Flores

En su más reciente novela Ya nadie llora por mí, Sergio Ramírez regresa al personaje de El cielo llora por mí, Dolores Morales (sobre cuya azarosa vida puede leerse en Wikipedia) y enhebra una historia que sucede esta vez en Managua.

La capacidad de Ramírez para retratar la geografía de la ciudad y la hechura de sus habitantes sigue siendo extraordinaria.

La Managua que recorremos en las páginas de la novela, es quizás poco conocida para la mayoría de los lectores que, guiados por la trama, se internarán en los laberintos del mercado Oriental.

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Aún para quien nunca haya estado allí, las descripciones se materializarán sin dificultad. Esta capacidad es muy particular a la literatura de Sergio Ramírez y uno de sus logros más rotundos en todo el cuerpo de su obra.

Acucioso investigador, es un maestro de la atmósfera de sus novelas, de las épocas que vive o reconstruye, cualidad esencial en la que se apoya la veracidad de sus ficciones.

Lo que sucede en sus novelas, por muy fantástico que sea, es creíble y por lo mismo transporta al lector a la historia que él quiere contar.

Personajes marginales

En el caso de Ya nadie llora por mí, el realismo también emana de manera casi brutal, de los diálogos a través de los cuales se desarrolla la trama.

Quienes cuentan esta novela, son los personajes que la habitan. Ellos están constantemente presentes en la verbalidad de esta historia.

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Siendo quienes son —personas que habitan en la marginalidad de la sociedad, en su mayoría— su lenguaje es un retrato de la mentalidad del nicaragüense lumpen, hampón y matrero, hombres que ven lo femenino de manera cruelmente machista.

Dentro de su realidad, sin embargo, ellos intentan justificarse y encontrar sentido a sus acciones, con argumentos que en sí mismos son un reflejo angustioso de una sociedad culturalmente distorsionada, cuyo nivel de conciencia de su propia disfuncionalidad se expresa en el humor y la ironía, tanto de sus nombres insólitos, como en la manera en que calibran sus propias acciones y las de los demás.

Dolores Morales, es un personaje cuya factura revolucionaria y buenas intenciones no impiden que sea capaz de leer el entorno y adaptarse.

Conciencia incorpórea

La aparición de Lord Dixon, su amigo muerto en la novela previa, que no cesa de parlotear como un Pepe Grillo en su conciencia, es un recurso del narrador para iluminar cierta tendencia ingenua del personaje principal y echar sal en sus inseguridades.

Incorpóreo, Lord Dixon se siente a ratos como un “metiche”, una conciencia incorpórea, que bien podría tomarse también como la del narrador pespunteando su historia.

Marcela y otras mujeres claves en la trama

La trama se desarrolla alrededor de la búsqueda de la hijastra de Soto quien desaparece durante un viaje al cine.

Marcela, delgadita y frágil, la que menos dialoga de todos los dialogantes, termina siendo el personaje más fuerte, cuya posición valiente seduce la imaginación de Morales hasta el punto de convertirlo en el perseguidor perseguido.

Como Marcela, otras mujeres en la novela: Doña Sofía, Fanny, la monja protectora, así como personajes reales como doña Vilma Núñez, la doctora Marta Cabrera, las periodistas Amalia Morales y Arlen Cerda, contrastan con los personajes masculinos, tanto por su bravura, como por su intuición.

Condena bien armada

El drama de Marcela y la conclusión de la novela suceden aceleradamente y son una condena bien armada a la impunidad de los abusadores.

Hay muchos paralelos con nuestra realidad. Paralelos que van desde la historia de Marcela, hasta el sino de quienes intentan ayudarle.

Al final siempre quedan los que regresan, esos pocos cuya humanidad no sucumbe a pesar de los entuertos.
En la novela, Ramírez, con acierto, deja que los personajes sean sus propios jueces. Él, como Lord Dixon, es fantasmal.

No hace más que exponer un drama triste que tiene a la vez un deje de comedia de errores y donde, como lectores, somos libres y dueños de nuestras conclusiones.

Gran acierto de nuestro premiado y querido escritor; una historia que conocemos y deploramos pero que, a fin de cuentas, como tanto en nuestro país, se queda sin castigo.

*Escritora y presidenta del Pen Club Internacional en Nicaragua


En gira internacional

Sergio Ramírez, Premio Cervantes 2017, anuncia presentaciones de su novela Ya nadie llora por mí (editorial Alfaguara), en varios países de América Latina y Estados Unidos.

La primera en agenda, el 8 de febrero en la librería Sofhos, de Guatemala. Entre el 28 de febrero y 2 de marzo, en Quito y Guayaquil.

El 8 de este mismo mes en Bogotá, el 16 en San José Costa Rica, y posteriormente en San Salvador.

El 19 de abril en el Instituto Cervantes, en Nueva York. En junio en Santo Domingo (República Dominicana), y el 20 de agosto en Buenos Aires.


 

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