Elecciones en las dictaduras

Cabe recordar que en Nicaragua la dictadura sandinista realizó elecciones en 1984, pero no para poner en juego el poder y aceptar un cambio democrático

presos políticos, Nicaragua, crisis, protestas

El secretario general de la OEA, Luis Almagro, rechazó de antemano la elección presidencial que la espuria Asamblea Constituyente de Venezuela convocó ayer para el primer cuatrimestre de este año, en la cual podría participar una parte de la oposición venezolana.

Almagro aseguró en una reunión con exiliados venezolanos en Miami, el domingo 21 de enero, que aunque se realizaran elecciones en Venezuela, mientras esté la dictadura de Nicolás Maduro no podrán generar un cambio político en el país. Más bien, advirtió el secretario general de la OEA, esas elecciones podrían significar “la peor sanción para los venezolanos”, porque “arrastrarían al país a seis años más de dictadura”.

Pero el mismo Almagro había expresado el 20 de marzo del año pasado, cuando recibió en la sede de la OEA a las esposas de los principales presos políticos venezolanos, que “de una dictadura solo se sale por medio de elecciones” y exigió a Nicolás Maduro convocar a la mayor brevedad posible, a elecciones generales libres, limpias y con observación internacional.

De manera que al parecer hay una contradicción entre lo dicho por Almagro este domingo en Miami, y lo que dijera él mismo en marzo de 2017. Pero la contradicción es solo aparente. Lo que se debe entender es que no es con cualquier elección que se puede salir de una dictadura, tiene que ser una elección verdadera, libre, justa, limpia y con supervisión internacional.

Cabe recordar que en Nicaragua la dictadura sandinista realizó elecciones en 1984, pero no para poner en juego el poder y aceptar un cambio democrático, sino únicamente para aliviar las presiones internas y externas. No permitió, por eso, que participara la verdadera oposición democrática y los comicios no fueron justos ni limpios. Por lo consiguiente aquellas elecciones no podían servir para salir de la dictadura, lo cual solo fue posible en 1990, cuando las elecciones si fueron competitivas –aunque no necesariamente justas- y vigiladas por una amplia observación electoral internacional.

En consonancia con lo dicho por Almagro el domingo pasado en Miami, el jurista y politólogo boliviano Carlos Sánchez Berzaín, Director Ejecutivo del Instituto Interamericano para la Democracia, ha escrito en un reciente artículo de opinión que “a las dictaduras castrochavistas primero hay que derrotarlas, para después –en democracia— disputar el poder en elecciones libres y justas”.

Pero entonces, ¿cómo derrotar a la dictadura? El recurso de la violencia armada ya no es viable en América Latina. Y esperar que las dictaduras se pudran y caigan por su propio peso tampoco es una opción, porque es bien sabido que ningún régimen cae por sí mismo, por muy podrido que esté; hay que hacerlo caer.

Como dijera Almagro el año pasado, en la época actual las elecciones son el camino apropiado para salir de la dictadura, siempre y cuando se logre, por medio de las presiones internas y exteriores, que sean realmente competitivas. No hay una mejor fórmula para derrotar al régimen dictatorial.

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