Aquel Almendro

Quedó atrás la guerra con su secuela de muerte y dolor, pero quedaron aún materias pendientes de cumplirse por parte del gobierno del comandante Ortega

La ciudad de El Almendro, en el departamento de Río San Juan, fundada en 1892, originalmente productora de raicilla y hule y ahora conocida como “la gran piscina de aguas blancas” por su capacidad de producción lechera, en mucho gracias a las aguas del río Tepenaguazape que bordea el pueblo, es una población con una historia interesante donde la figura del Misionero español católico, Padre Lucinio Martínez Cuestas, hace sentir su legado en diversas obras de desarrollo como construcción de casas, el colegio católico, la empresa de aguas y luz, la primera panadería del pueblo, la creación de una asociación para el desarrollo de El Almendro, entre otras acciones que lo convirtieron en el virtual modernizador de la antigua villa. Su busto instalado en el parque central es una muestra del cariño y respeto de los lugareños a su memoria.

Luego a finales de los años ochenta, como producto de los Acuerdos de Sapoá entre la Resistencia y el Gobierno sandinista, aquí se reconcentró a miles de combatientes de lo que fue la Contra para su desmovilización y desarme, hace ya más de 27 años. Quedó atrás la guerra con su secuela de muerte y dolor, pero quedaron aún materias pendientes de cumplirse por parte del gobierno del comandante Ortega, suscriptor de los Acuerdos de Paz-Esquipulas II y quien, como todos sabemos regresó al poder desde el año 2007 hasta estos días.

El 18 de enero recién pasado asistí con una delegación del partido CxL a la toma de posesión del Alcalde Reynaldo Galeano, quien derrotó al candidato orteguista en las elecciones municipales de noviembre del año pasado. ¿Y qué vimos en este recorrido? Una presencia de policías nacionales pidiendo información de quiénes éramos los que nos dirigíamos a El Almendro, a qué íbamos, los números de placas de los vehículos, etc. Como si esa zona estuviera en guerra.

Al llegar a El Almendro un fuerte contingente de antimotines con sus uniformes negros y fuertemente armados, se destacaban en la entrada principal a la ciudad. Al dar un salto al pasado y revisar para qué fueron enterradas miles de armas de todo tipo y calibre en esa comunidad y luego en un acto más formal y hasta protocolario en San Pedro de Lóvago, Chontales, podríamos llegar a pensar que de poco sirvió aquella acción que despertó tanta simpatía y admiración, pues se trataba de dar paso a la tan necesaria reconciliación nacional, de la que tanto se habla y la que tanta falta hace. Se trataba de sustituir la guerra por la democracia, la libertad y “la paz firme y duradera” como quedó consagrado en el texto del Procedimiento para establecer la paz firme y duradera en Centroamérica.

No olvidemos que asistíamos invitados por el alcalde del partido Ciudadanos por la Libertad (CxL) a su toma de posesión. Una Alcaldía ganada gracias a la determinación de los ciudadanos de El Almendro. Una Alcaldía que había sido robada burlando la voluntad popular de los electores que en esta ocasión no lo volvieron a permitir.

El primer acto del recién electo alcalde pasará a la historia en esta lucha por la recuperación de la autonomía municipal y la restitución de los símbolos patrios:

Ante el Consejo Municipal y los pobladores asistentes al acto de traspaso de la Comuna mandó a retirar la bandera del partido de gobierno diciendo, “es cierto que nosotros fuimos electos por un partido, pero venimos a servirle a un pueblo” e impuso la bandera azul y blanco como única de la patria.

Se ha sentado un precedente que debe ser también bandera de lucha en la recuperación de la República.

El autor es dirigente de CxL.

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