Delincuentes vs. elecciones

El punto de partida del análisis es el año 2007, que coincide con el retorno al poder del FSLN. Antes, existieron grupos armados

Cuando parecía quedar en el olvido la masacre de la montaña perpetrada por el Ejército, donde perecieron unos menores de edad, se produce la edición de un Libro Blanco de parte del régimen, para abordar la “Incidencia de los grupos delincuenciales desde 2007-2017”.

No se trata de ninguna obra literaria, ni de un texto digno de estudio para el estudiantado, sino de un libro que tiene la intención de salirle al paso a las fuertes críticas hechas al cuerpo castrense por sus acciones de aniquilamiento dirigidas a grupos de campesinos armados. Es algo así como el libro que escribiera el dictador Somoza García para desprestigiar a Sandino, titulado El verdadero Sandino, o el Calvario de Las Segovias.

El punto de partida del análisis es el año 2007, que coincide con el retorno al poder del FSLN. Antes, existieron grupos armados, los que desaparecieron en la medida que los procesos electorales fueron transparentes y libres.

Pero, a partir de 2008, año en que se produce el primer proceso electoral bajo el control del FSLN, cuyos resultados fraudulentos generaron fuertes protestas políticas opositoras, las que fueron reprimidas salvajemente, es que resurge en el campo la presencia de grupos de campesinos armados.

El obispo Juan Abelardo Mata fue el primero en dar la voz de alerta del surgimiento de grupos armados, pero su anuncio fue desmentido por todo el aparataje del cerco mediático de que dispone la dictadura, acusándosele de estar auspiciando tales grupos armados.

La mayoría de los dirigentes han sido aniquilados, como por ejemplo Pablo “Negro”, cuyo cadáver con signos de tortura fue arrojado en un zanjón en la frontera con Honduras, o el caso del “Flaco” Midence, asesinado muy de mañana por unos pistoleros en un pueblo hondureño fronterizo con Nicaragua, al salir de una casa. Asimismo, el caso de Garmendia “Yahob”, quien habría sido atraído hacia una finca, bajo la garantía de negociaciones de su rendición, pero fue asesinado por un franco tirador.

Para el régimen todo parecía indicar que, con el aniquilamiento de todos estos campesinos ex-miembros de la RN, ya se habían acabado los grupos de campesinos armados. Algunos grupos se adentraron en las agrestes montañas, sin ninguna dirección política, ni coordinación, solamente evitando el enfrentamiento con el Ejército para sobrevivir.

Pero, al celebrarse las elecciones de 2011 y producirse otro fraude electoral, la situación política no cambia y con ello se refuerza la actitud política de estos campesinos.

Y lo que viene a acentuar más esa actitud política, son los acontecimientos políticos de 2016, con la exclusión de la verdadera oposición del proceso electoral al despojar de su personería jurídica al grupo político legalmente reconocido, y luego, la ignominiosa desaforación de los diputados opositores.

Y lo peor del caso es que, aún con la presencia de una Misión de Observación de la OEA, la dictadura tiene el descaro de cometer fraudes electorales en algunos municipios en las elecciones de 2017.

Mientras se siga enviando ese mensaje de que las elecciones no sirven para nada, habrá personas que llegan a la conclusión de que solo los métodos de lucha armada que tienden a derrocar a las dictaduras son efectivos para modificar el stablishment de un país.

El autor fue miembro de la Comisión Política del Frente Sur, RN.

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