Si está en Cristo nueva criatura es

El año que acaba de concluir probablemente no fue un valle de rosas. La enfermedad, los problemas financieros, conflictos en la familia o la pérdida de un trabajo

Cristo

Tanto nos ama el Padre que envió a su Hijo Jesucristo para que todo aquel que en Él crea no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque el amor que nos da Dios es infinito, asimismo su misericordia. Ahora que iniciamos un nuevo año, es oportuno reconocer que en nuestro Señor Jesucristo tenemos la oportunidad de ser una nueva persona y tener un nuevo horizonte que conquistar.

¿Será que merezcamos tanto amor? No lo creo, pues no es por nuestros méritos que Dios nos ha concedido la alegría de tener siempre una nueva oportunidad, sino que es por su entrega incondicional a la humanidad.

El año que acaba de concluir probablemente no fue un valle de rosas. La enfermedad, los problemas financieros, conflictos en la familia o la pérdida de un trabajo e incluso nuestras terribles equivocaciones, pueden hacer peso todavía en nuestras espaldas. Sin embargo, la buena noticia es que Jesús insiste tiernamente en que descubramos la vida que podemos tener cuando confiamos plenamente en Él, y nos entregamos, ofreciéndole todo lo que somos, poseemos y lo que también anhelamos.

El apóstol Pablo, en su segunda carta a los corintios, escribió: “… De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas…” ¿Qué es estar en Cristo? Precisamente es vivir junto con Él, seguirle y obedecerle porque le amamos. Reconocer que le necesitamos para alcanzar la plenitud en esta tierra, y que solo por Él podremos obtener la vida eterna. Estar en Cristo es anhelar ser como Él.

¿Por qué en Jesús somos nueva criatura? Cuando nos dejamos abrazar por el perdón, la misericordia y el amor de Dios, nuestra vida jamás volverá a ser la misma, porque todo lo que el Señor hace es nuevo, único y con una nueva esperanza.

Cuando Pablo se refiere a que las cosas viejas pasaron, es porque todos tenemos esa naturaleza pecaminosa que nos hace enajenarnos en la maldad, pues nuestra carne es débil y sin la ayuda del Señor es imposible apartarnos del mal. Sin embargo, cuando nos entregamos a Dios, Él perdona nuestra maldad, olvida nuestro pecado, pues no mantiene su enojo sobre nosotros, y se deleita en darnos su misericordia.

Muchos podemos llegar a un punto de nuestra vida, en el cual nos cansamos de todas las equivocaciones y maldades que hemos hecho y quisiéramos una nueva oportunidad de vida, y Dios, sin importar qué tan sucios estemos a causa de nuestra maldad, sepulta nuestras iniquidades, las echa a lo profundo del mar y no las recuerda.

Amado lector, en este nuevo año le invito a que se encuentre con Cristo, porque solo Él podrá tener la oportunidad de cambiar el rumbo de su destino. No importan las cosas que pudieron suceder en los años anteriores, hoy es la oportunidad de comenzar a escribir una nueva historia en su vida y en la de su familia. No tema por los errores de su pasado, porque toda la humanidad, aun sin merecerlo podemos acceder al Trono de la Gracia, es decir, a la presencia de Jesús, para pedirle que nos haga resucitar a una vida nueva.

Recuerde que el único momento que tiene para un nuevo comienzo es hoy, pues el pasado está perdido, y el mañana es incierto. Hoy es un buen día para comenzar a vivir los mejores días de su vida, y todo está a la distancia de una oración.

El autor es presidente de la Asociación Cristiana Jesús está Vivo.

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