Solo para pedigüeños (III)

“Esto de insistir debe ser importante, porque Jesús nos pone otro ejemplo, el del amigo que llega a medianoche a la casa de otro a pedirle tres panes prestados

Continuando con el tema de nuestra oración de petición abordado por el señor Mántica, vamos a analizar las lecciones que nos ha dejado nuestro padre Abraham:

“Tercera lección: Debemos perseverar en nuestra petición”.

“Abraham no se dio por vencido y siguió insistiendo hasta lograr que Dios bajara la cuenta desde 50 hasta 10 justos. ¡Una rebaja del 80 por ciento!… Dice la escritura, que Abraham, “le preguntó…, volvió a decirle…, insistió…, volvió a suplicar…, siguió insistiendo…”, y al final “todavía insistió”. ¿Díganme si esto no es perseverar? No se conformó con la primera respuesta, pidió más; no se desanimó, siguió insistiendo. Jesús, por su parte, también nos anima a perseverar en nuestras peticiones a Dios. ¿Recuerdan la parábola de la viuda y el juez malo?… Está en (Lucas 18:5), y narra la tenaz insistencia de una viuda ante un juez de aquella época para que atendiera su demanda. La parábola termina con el juez diciéndose a sí mismo: “Como esta viuda no deja de molestarme, la voy a defender, para que no siga viniendo y acabe con mi paciencia”.

“Esto de insistir debe ser importante, porque Jesús nos pone otro ejemplo, el del amigo que llega a medianoche a la casa de otro a pedirle tres panes prestados (Lucas 11:5-8): “Supongamos que uno de ustedes tiene un amigo, y que a medianoche va a su casa y le dice: ‘Amigo, préstame tres panes, porque un amigo mío acaba de llegar de viaje a mi casa, y no tengo nada que darle’. Sin duda el otro no le contestará desde adentro:

‘No me molestes; la puerta está cerrada, y mis hijos y yo ya estamos acostados; no puedo levantarme a darte nada’. Les digo que, aunque no se levante a darle algo por ser su amigo, lo hará por su impertinencia, y le dará todo lo que necesita”. Es decir, por la insistencia de su amigo este otro se levantará a darle los tres panes y hasta frijoles con crema si se lo pide, con tal que deje de fregarlo a esas horas de la noche y lo deje dormir”.

“Cuarta lección: Dios nos ama y siempre quiere nuestro bien”.

“Yo creo que esta es la lección más importante, y es que Dios en su infinito amor, y anteponiendo siempre nuestro propio bien, está siempre dispuesto a darnos mucho más de lo que normalmente le pedimos. ¿Y en qué me baso para aseverar esto que digo? Pues en que (Juan 3:16-17): “…Dios amó tanto al mundo, que dio a su Hijo único, para que todo aquel que cree en Él no muera, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de Él”.

“Decía el santo cura de Ars: “Nunca se nos hubiera ocurrido pedirle a Dios su propio Hijo. Pero lo que el hombre no puede decir ni concebir, y que no hubiera nunca osado pedir, Dios en su amor lo dijo, lo concibió y lo ejecutó”. Por lo tanto, descansando confiadamente en nuestro Padre que sabe siempre lo que nos conviene y lo que no, debemos llegar a la misma conclusión que llegó San Pablo (Romanos 8:32): “Si Dios no nos negó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó a la muerte por todos nosotros, ¿cómo no habrá de darnos también, junto con su Hijo, todas las cosas?”

El próximo sábado concluiremos con esta serie de la oración de intercesión.

EL AUTOR ES MIEMBRO DEL CONSEJO DE COORDINADORES DE LA CIUDAD DE DIOS.
reflexivo33@gmail.com