Parlamento de Cataluña pospone elección de Carles Puigdemont

A la espera del desbloqueo de una situación cada vez más incierta tras el aplazamiento de su sesión de investidura, su notoriedad aumenta en Bélgica

El expresidente de Cataluña, Carles Puigdemont. LA PRENSA/AP

La crisis entre el gobierno central de España y Cataluña, una industrializada región del noreste del país, dio otro giro este martes cuando el presidente del parlamento catalán aplazó una sesión en la que se pretendía envestir presidente a un exmandatario prófugo de la justicia, Carles Puigdemont.

Roger Torrent anunció que la sesión, prevista para la tarde, se aplazará hasta que se garantice que las autoridades españolas “no interferirán” en la reelección de Puigdemont, que huyó a Bélgica hace tres meses.

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La decisión se produce después de que la máxima instancia judicial española decretó el sábado que Puigdemont, que será arrestado si regresa a suelo español, solo puede ser elegido si está presente físicamente en la sala, en Barcelona.

Diputados de Puigdemont molestos

La coalición de diputados de Puigdemont se mostró este lunes molesta con la decisión del presidente del Parlamento de Cataluña, Roger Torrent, de aplazar la sesión de investidura de aquel como presidente regional, prevista para este jueves.

Por el contrario, el líder de los independentistas de ERC (izquierda republicana), Oriol Junqueras, agradeció desde prisión la decisión de Torrent para «garantizar la defensa de los derechos de todos los diputados escogidos democráticamente».

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Torrent anunció este martes que posponía sin fecha el debate parlamentario para la elección de Puigdemont y «dar tiempo» así a que el Tribunal Constitucional resuelva las alegaciones presentadas a su decisión de impedir una investidura a distancia del candidato, pues permanece huido de la Justicia española.

Querido por nacionalistas flamencos belgas

En el exilio en Bélgica desde hace tres meses, Puigdemont se beneficia de la firme solidaridad de su «partido hermano» flamenco N-VA, un pilar de la coalición gobernante en Bruselas que ya tiene el punto de mira puesto en las próximas citas electorales.

El dirigente independentista catalán, instalado en Bélgica para eludir la acción de la justicia española, que le acusa de rebelión y sedición por su papel en la declaración unilateral de independencia de finales de octubre, busca su reelección al frente del gobierno de Cataluña. Pero, a la espera del desbloqueo de una situación cada vez más incierta tras el aplazamiento de su sesión de investidura, su notoriedad aumenta en Bélgica, donde este martes por la noche debe ser el invitado de honor de la ceremonia de Año Nuevo de la Nueva Alianza Flamenca (N-VA) de Lovaina (centro).

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«Siempre he sentido simpatía por las personas a las que no se les permite expresarse, sobre todo si expresan opiniones políticas de forma pacífica», dice el anfitrión, el diputado nacionalista flamenco Lorin Parys, quien dice no comprender cómo se puede encarcelar a gente por sus opiniones. Sus servicios anunciaron no obstante por la mañana que la presencia de Puigdemont, en Lovaina no estaba «garantizada», «a causa de la evolución hora a hora de la situación en Cataluña». La prensa belga se preguntaba incluso este martes por el paradero y el futuro del presidente regional cesado por Madrid.

Beneficios electorales

Parys, cabeza de lista de la N-VA en la ciudad de Lovaina para las próximas elecciones municipales de octubre, estuvo en primera línea de la solidaridad que se puso en marcha desde el 30 de octubre para acoger a Puigdemont y a cuatro miembros de su gobierno cesado que le siguieron. El diputado flamenco explica que los invitó «tres o cuatro veces» a cenar en su casa, tras entrar en contacto con el ex consejero de Sanidad Antoni Comín, a través de un amigo barcelonés en común.

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La foto de uno de esos momentos de «convivialidad» catalano-flamenca, publicada por Parys en su cuenta personal en Twitter, llegó incluso a mediados de noviembre a las páginas de los diarios españoles. Aunque la dirección de la N-VA se vio obligada a desmentir desde el 30 de octubre haber «invitado» a Puigdemont, su presencia en suelo belga puede ser útil electoralmente para el partido, según Pascal Delwit, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Libre de Bruselas (ULB).

Para el politólogo, existe una «forma de intercambio» entre esta formación de derechas y el también líder de centroderecha. «Por una parte, la N-VA permite que su estancia en Bruselas se pase en las mejores condiciones» desde el punto de vista «material, de acogida, y de visibilidad política».

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Por otra parte, «el partido recuerda a los más nacionalistas de la opinión pública flamenca que no traiciona la causa por estar en el gobierno federal», ya que «ayuda a los hermanos nacionalistas catalanes y sigue vinculado a la reivindicación independentista».

‘¡Vaya frustración!’

Como telón de fondo, están las próximas elecciones municipales, en las que la N-VA compite en el mismo espacio político que el Vlaams Belang, un partido de extrema derecha que a principios de noviembre defendió una moción exigiendo el reconocimiento de Cataluña como un «Estado soberano independiente». Todos los partidos, entre ellos la N-VA, rechazaron la moción.

La crisis catalana representa de hecho un delicado ejercicio de equilibrismo para esta formación, entre la defensa de su esencia nacionalista y su participación en el gobierno liderado por el liberal francófono Charles Michel.

Esto no impide duras críticas a las autoridades españolas, como las del eurodiputado Mark Demesmaeker, quien acusó el lunes a «la mafia política española» de «intimidar» a Puigdemont, cuando la incertidumbre planeaba sobre la celebración del debate de investidura en el parlamento catalán. Con la mirada puesta en las elecciones municipales, este político de Halle, a una quincena de kilómetros al suroeste de Bruselas, no ahorró energía estos últimos meses para apoyar a los catalanes.

El 19 de diciembre, intentó junto a otros seis eurodiputados visitar cerca de Madrid a uno de los dirigentes independentistas encarcelados, «sorprendido» a su vez por ver cómo su lucha no conmueve a la Unión Europea. «¡Vaya frustración para ellos! Durante años su estatuto de autonomía ha permanecido como un cascarón vacío», asegura Demesmaeker, recordando que en Bélgica han ido ganando cada vez más poder «tras seis reformas del Estado».

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