Trabajo infantil y gobiernos

Cada día, niños de todas las edades salen a las calles, sin bandera, con hambre, sed, necesidad, súplica en sus ojos, por conseguir de una u otra manera un córdoba más

Trabajo infantil, enfermedades

Es una realidad, algo que no cambia dentro de las diferentes campañas políticas es la argucia. Esta condición tiene siniestrada nuestra niñez desde sus primeros pasos y no permite un desarrollo siquiera decente de su esencial inicio. Condiciones sociopolíticas réprobas, continúan pretendiendo ocultar lo que es una herida sangrante y visible para todos: el trabajo infantil.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha determinado de manera clara que trabajo infantil es: todo trabajo que priva a los niños de vivir plenamente su infancia, reduce su potencial, afecta claramente su dignidad y que es perjudicial para su desarrollo físico y psicológico. Es una hermosa definición de papel, que ha sido ignorada, estadísticamente maquillada y pasada por invisible por los tomadores de decisiones durante décadas.

El encarecimiento de la vida, falta de oportunidades laborales, reducción y congelamiento de plazas de trabajo, sistemas políticos verticales y centralizados, trabajo informal en aumento, ineficacia de los ministerios, son algunas de las cruces que deben llevar a cuestas los niños, niñas y adolescentes en una actualidad que no pretende darles oportunidades.

Un niño con hambre es un niño ausente, que por las condiciones de pobreza madura abruptamente, se transmuta equívocamente, que en abandono es un explotado potencial de las circunstancias, que al no acudir a clases es un profesional perdido, es un trabajador obligado, un esclavo voluntario de la familia hambrienta, presa fácil de las drogas y violencia, aquí encontramos a los niños y niñas que custodian la casa y hasta a los mismos padres.

Cada día, niños de todas las edades salen a las calles, sin bandera, con hambre, sed, necesidad, súplica en sus ojos, por conseguir de una u otra manera un córdoba más. La zozobra para ajustar un fresco, el comer una enchilada, que cada día se hace más cara, ataca. Estos niños y niñas pueden dar una mejor explicación acerca de lo que es la pobreza, desempleo y necesidad de trabajo, que los manipuladores de estadísticas gubernamentales en toda América Latina.

Las enfermedades que desarrolla un niño trabajador pueden pasar inadvertidas para un pediatra, su condición ya no es de texto, su vida ya no es de infancia, fracturas, heridas, lesiones dérmicas, procesos respiratorios difícilmente tratables, desnutrición extrema, pérdida visual, reducción importante del crecimiento, disminución de la misma vida, son patrones que se repiten una y otra vez en un círculo vicioso sin fin.

¡Sí, hay trabajo infantil en Nicaragua! Es un país pobre, pero gracias a la mala administración de recursos. La erradicación de este flagelo requiere de una voluntad política que es inexistente, es un tema ausente de las estrategias de desarrollo y reducción de la pobreza, por consiguiente, una violación flagrante a los derechos humanos de niños, niñas y adolescentes.

Al final de la tarde, la sed retorna, el estómago clama, pero las tajadas con queso ya han subido de precio, el fresco barato ya no puede ser obtenido, el aporte al hogar es menor, el desvelo y la falta de fuerzas son insoportables, la triste vela que ilumina parece hipnotizante necesaria para calmar el exaspero. Los dedos se tornan en el suave consuelo que llevado a la boca claman en silencio por un córdoba más, bajo el ardiente sol donde están nuestros niños trabajadores.

El autor es Ph.L. en Medicina Ocupacional y Ambiental. Higiene y Seguridad.
ocumedic@gmail.com

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