Cambiemos para no cambiar

Sabemos que este gobierno podría cambiar a todos los magistrados y sustituirlos por otros, pero que esos otros serán iguales o peores

Querida Nicaragua: Al señor don Daniel no parecen importarle las leyes Nica Act y Magnitsky Act, a pesar de que esta última ya comenzó aplicando sanciones serias al presidente del Consejo Supremo Electoral (CSE), doctor Roberto Rivas. La respuesta del gobierno fue sustituir de mentirita a don Roberto desplazándolo del cargo de presidente del Consejo y dejándolo como integrante del mismo gozando de su inmunidad, es decir protegiéndolo de cualquier acción que se quiera implementar en su contra. Se pretende que el mundo internacional se entere de que el señor presidente del Consejo fue sancionado y que ahora el organismo electoral está dirigido por el señor Lumberto Campbell. Es decir que cambió la conformación del CSE pero en realidad no cambió nada. Hubo una sustitución, un cambio para que no cambie nada.

Sabemos que este gobierno podría cambiar a todos los magistrados y sustituirlos por otros, pero que esos otros serán iguales o peores porque recibirán las misma órdenes que don Roberto ha recibido en las últimas cinco elecciones nacionales y municipales. Es decir, no se trata de quitarle el cargo de presidente a un magistrado, de sustituirlo por otro y dejarlo prácticamente en su mismo cargo. Se trata de investigar las acusaciones que sobre el señor Rivas han caído y desvirtuarlas, si es que se puede. Pero todos sabemos que eso es algo que no va a ocurrir porque el señor Rivas sigue gozando de las inmunidades de magistrado del CSE.

Lo que la inmensa mayoría de nicaragüenses queremos y también lo quiere la comunidad internacional es que aquí haya elecciones libres para que podamos escoger al gobernante con plena libertad. Y eso no lo podemos lograr con un CSE viciado y al servicio del gobernante de turno.

Cantidad de personas de todas las clases sociales llaman a los programas de la Corporación, donde se abren los micrófonos para que el pueblo se pueda expresar. Una gran mayoría hablan para relatar sus penurias, o para hacer causa común con casos dramáticos como el de doña Elea Valle que sigue reclamando los cuerpos de sus hijitos menores, y todos quieren cambiar al gobierno.

Pero los gobiernos no se cambian pregonando nuestras desgracias. Está bien que denunciemos y que pidamos cambios en el gobierno. Pero en estos tiempos, cuando ya no hay posibilidad de cambiar con movimientos armados que ningún país está dispuesto a patrocinar y que traen a los pueblos más desgracias y sufrimientos, el camino es la lucha cívica, pero no una lucha sin organización. Mientras se luche en una oposición donde todos hablan mal de todos, donde la unidad brilla por su ausencia, nadie espere un triunfo ni hoy, ni mañana, ni nunca.

La organización es clave en todos los actos de la vida, y lo es también en la lucha por la democracia. Son los líderes más sensatos los que tienen que promover esta organización y convencer a todos esos ciudadanos equivocados cuya lucha se limita a vivir criticando y buscando los defectos de quienes deberían ser sus aliados y compañeros de lucha.

Pequeños grupos organizados, disciplinados y patriotas podrán ir uniéndose a otros grupos hasta formar un conglomerado respetable que vaya formando al pueblo para poder reclamar sus derechos sin violencia pero con fuertes presiones que hagan reflexionar a las autoridades.

Los gritos sin organización valen poco, las quejas dispersas sin organización tampoco valen mucho. Esperanzas en el futuro con los niños que hoy están en los colegios tampoco podemos tener ya que cada vez reciben menos días de enseñanza en el año, y además no reciben educación cívica, antes por el contrario les enseñan una historia deformada donde los héroes verdaderos son olvidados; la historia nacional pretenden que comienza el 19 de julio del 79. Tampoco estemos esperando soluciones de fuera. Nadie va a venir a sacarnos las castañas del fuego. Aprendamos a organizarnos.

El autor es director general de Radio Corporación.

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