Ese perro guardián chintano que (mal) llamamos Contraloría

El perro guardián del Estado, la Contraloría, ha caído en franco deterioro. En vez de ladrar fuerte contra los malhechores, se les echa a sus pies y les lame dócilmente los zapatos.

Daniel Ortega, reformas

Café de oro

Mi amigo y colega, Alfonso Malespín hacía notar en estos días que las fincas cafetaleras más productivas del mundo están en Nicaragua. Y sus felices dueños son personajes muy conocidos: Arnoldo Alemán y Roberto Rivas. Amigos de Arnoldo Alemán atribuyeron a sus fincas de café la fortuna que ostentaba el expresidente cuando se inició la investigación por corrupción que lo llevó a la cárcel, y son también los defensores de Rivas quienes buscan en su finca de café la explicación a esa vida de sultán que se da el todavía presidente del Consejo Supremo Electoral: aviones privados, vuelos chárter y mansiones en Managua, San Juan del Sur, Costa Rica y España. La buena vida, pues.

Sacristán

Por más que cinco mil dólares mensuales nos parezcan mucho, que definitivamente lo es, no hay forma que un salario de ese tamaño explique la fortuna de Roberto Rivas. Basta un dato: para pagar la mansión de nueve millones de euros que el semanario Confidencial asegura tiene en España, Rivas debió dedicar su salario completo, sin gastarse un centavo en nada más, durante ¡150 años! Y como dice el viejo dicho, “sacristán que vende cera y no tiene colmenar, o la saca del oído o la saca el altar”.

Contraloría

De repente hay una explicación a esa desmedida riqueza de Rivas. Démosle el beneficio de la duda. Tal vez el café se volvió literalmente “de oro” en su finca o tal vez el hombre es el campeón de las finanzas. No especulemos y dejemos que las instituciones hagan su trabajo. En todo caso, a la institución que le corresponde saber si Rivas tiene algún colmenar que no le conocemos, o si saca su cera del oído o la roba del altar, es a la Contraloría General del República, ese perro guardián de los bienes del Estado. Si la Contraloría no controla, ¿qué más puede hacer?

Perro desdentado

Sucede sí que el perro guardián del Estado ha caído en franco deterioro. Lo que antes era una mirada inquisidora, atemorizante, ahora es una mirada catarática y nerviosa. Sus encías lucen despobladas de dientes y colmillos, chintano pues, y en vez de ladrar fuerte contra los malhechores, se les echa a sus pies y les lame dócilmente los zapatos.

“No nos compete”

Si a usted y a mí no nos cuadran las matemáticas entre un salario de cinco mil dólares mensuales y la compra de una mansión de nueve millones de euros, mucho menos le debería cuadrar a la Contraloría si fuese ese perro guardián que debe ser. Miren lo que respondió el presidente de la Contraloría, Luis Ángel Montenegro, cuando al canal 100% Noticias le preguntó si investigaría a Rivas: “No tengo por qué andar especulando si gana 60 mil y si tiene mansiones, yates, aviones, no me llama la atención. No tengo por qué andar especulando”. Y con los pies temblorosos el viejo perro se fue a echar a un rincón, y solo se le oyó roncar y de vez en cuando soltar una que otra flatulencia.

Gordos

Casi todos los últimos gobiernos han tenido un personaje que los represente en los escándalos de corrupción. Por esas casualidades todos son gordos. El gobierno de doña Violeta tuvo a Antonio Ybarra, Tony Ybarra o El Gordo Ibarra como se le conocía, viceministro de la Presidencia que fue acusado de malversar un millón de dólares destinado a obras sociales. Huyó del país y murió en el exilio, diez años después, en diciembre del 2002. En el gobierno de Arnoldo Alemán, además del propio Alemán, fue famoso Byron Jerez, el que vos ya conoces, el rey de los checazos, y ahora durante el gobierno de Daniel Ortega, Roberto Rivas, quien parece resumirlo todo: corrupción y fraudes.

El crimen paga

Sin embargo, el daño más grande que hacen los corruptos a Nicaragua no son los millones que se roban, que ya es bastante, sino establecer una verdad nociva: el crimen paga. Miren donde están y cómo viven los acusados de corrupción. Y si “el crimen paga” y nunca pagan los criminales, no solo hemos perdido los millones que se robaron sino que estamos perdiendo desde ya los millones que se robaran los corruptos de mañana, atenidos a la impunidad con que actuaron sus antecesores. O sea, cuando se pide castigo a los corruptos de hoy y ayer no es solo por el mal que hicieron sino principalmente para desalentar a los que mañana quisieran hacer lo mismo. Y eso no está ocurriendo en Nicaragua. Pero el mundo se hace cada vez más pequeño y siempre nos queda la esperanza que tarde o temprano pagarán, tanto los que robaron como quienes faltando a su deber dejaron que robaran.