Los anillos de Saturno

En Nicaragua y en especial en León, que yo supiera, no existía ningún club de astrólogos aficionados a como sí parece que los hay el día de hoy.

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En las oscuras noches de los hermosos patios del Hospital San Vicente de León brillaba el cielo con toda clase de estrellas sobre todo en los meses de verano.

Ocasionalmente y cuando lo permitía el tiempo, nos juntábamos unos cuantos médicos a observar ese enigmático cielo con un telescopio que traía muy raudo y veloz el infatigable maestro y anestesiólogo Rolando Carballo.

En ese lugar pude por primera vez en mi vida observar los anillos de Saturno.

Saturno ha sido un planeta, el sexto en dirección solar, que ha despertado una curiosidad desmedida de astrólogos y ocultistas.

Del planeta se sabe desde tiempos antiquísimos, pero fue Galileo en 1610 quien primeramente describe sus anillos seguido del holandés Christian Huygens y del italiano Giovanni Domenico Cassini quienes entre los años 1650 a 1675 descubren algunas de sus 62 y tantas lunas. Titán la más grande, Lapetus, Rhea, Tethy y Dione entre otras, que giran a su alrededor junto con gases y otros fragmentos de todo tamaño color y composición química para formar el fenómeno visual de sus anillos.

El doctor Carballo se aparecía de pronto por las noches e instalaba en unos de los patios del hospital, su telescopio. Todo aquel que pasaba por los hermosos corredores del bimaristán se robaba unos minutos para observar en el desde los cráteres lunares, hasta fugaces estrellas y mitológicos planetas. Nos sentíamos astrólogos por minutos y las vistas relajaban bastante el estrés producido por nuestro intenso y desvelado trabajo.

En Nicaragua y en especial en León, que yo supiera, no existía ningún club de astrólogos aficionados a como sí parece que los hay el día de hoy.

Éramos, al menos en ese tiempo, comienzo de los años 70, un grupo de curiosos bastante ignorantes en astrología.

Sin embargo, es interesante notar que ya en León en la primera mitad del siglo XIX había vivido allí un amante de los astros.

Era un hombre profundo que además de matemático, arquitecto y sacerdote fue quizá el primer optometrista y relojero de Nicaragua, pues así como coleccionaba y reparaba relojes, fabricaba lentes que desinteresadamente facilitaba a aquellos con problemas visuales. Él, se logró construir su propio telescopio que allá por los años de 1840 era una novedad desconocida y con el cual pudo ver por primera vez en la historia documentada del país los anillos de Saturno.

Ha de haber sido un buen telescopio pues para poder ver los anillos de Saturno se necesita uno con un mínimo de 15 milímetros de diámetro y una magnitud de 30X.

Se trata del monje franciscano padre Cartín quien con su colección de relojes vivía solo en lo que fuera el Convento Franciscano ya bastante derruido para los años de 1847 y que él soñara reconstruir con dibujos arquitectónicos elaborados por él mismo. Planos que mostraba orgulloso a los pocos que lo visitaban y que consideraba instruidos.

Estoy seguro que el ángel Kasiel, uno de los siete arcángeles de la mitología hebrea y dedicado a Saturno, acompañaba al sacerdote junto con sus chereques y espectros que lo rodeaban pues donde vivía tenía debajo de sus pies a 500 personas enterradas que murieron durante la epidemia del cólera de 1837 y que arrasó con más de 3,000 almas, un tercio de la población de León. Muertos que se repartieron entre los patios de la Merced de Sutiaba, construida en un teocali entonces centro de lo que era ese pueblo indígena, iglesia ya desaparecida para la mitad del siglo XIX, y los del Convento de San Francisco. Casualmente allí donde Rubén Darío describe apariciones de fantasmas al mismo Santiago Argüello, maestro y poeta que vivió en ese lugar siendo director del Instituto de Occidente y donde hoy hay un hermoso hotel.

Quizá sus huéspedes han visto ya al padre Cartín buscando los anillos de Saturno en las noches oscuras de sus lujosos patios junto al ángel y con un coro de ánimas haciendo filas para poder observarlos.

Kasiel también nos visitaba en los patios del San Vicente de León quien no dudo llegaba con el entusiasmo de Galileo y del doctor Carballo a enseñarnos los secretos de los cielos donde reside junto a Gabriel, Rafael, Miguel, Satquiel, Amael y Anael.

El autor es médico.

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