Autoboicot de su santidad eléctrica

Los subsidios, tocan las fibras de los sectores sociales más vulnerables, se vuelve un tema sensible y politizable, por lo que debe debatirse con seriedad.

Los subsidios, tocan las fibras de los sectores sociales más vulnerables, se vuelve un tema sensible y politizable, por lo que debe debatirse con seriedad. Su santidad eléctrica (Fernando Bárcenas) ha venido criticando la decisión del gobierno de reducir gradualmente el subsidio en el sector eléctrico. Su ansioso argumento es “…prácticamente una desgracia para la enorme cantidad de la población que consume menos de 150 kilovatios hora, esa gente va a aportar una buena millonada a la distribuidora que ahora no paga, esa es la barbaridad”.

Peculiar forma de engañar con argumentos pobres y lleno de atajos.
Su santidad afirma que la población va a pagar una “millonada” que ahora no paga. Sin embargo, tratemos de entender el impacto de la reducción de este subsidio en el contexto de la microeconomía familiar nicaragüense.

Los datos oficiales de noviembre 2017, el monto del subsidio a 831 mil clientes de la Distribuidora con consumo residencial menor o igual a 150 kWh ascendió a US$5.46 millones (una “millonada” como él le llama). Pero esto equivale a US$6.57 (alrededor de C$200 al mes) por usuario. Como Bárcenas sabe, cada usuario generalmente está compuesto por un núcleo familiar donde más de un miembro aporta a la economía familiar. Valga la aclaración que la ley no elimina los subsidios, sino que define una reducción gradual en cinco años. Es decir, se va a pagar, en promedio, una porción de esos C$200 al mes.

Pongamos en contexto lo que significan C$200 que hoy se recibe en promedio de subsidio:

• Representa alrededor de 5 por ciento del salario mínimo agropecuario (más bajo del país) y 2.4 de la construcción de la construcción (más alto).
• Más allá de las cifras macroeconómicas, hay indicadores que miden la capacidad o disponibilidad de pago de la población, por ejemplo, las comunicaciones. Al final del 2016 el censo de teléfonos celulares era de 8.2 millones de dispositivos. Descartando la población infantil, resultarían dos teléfonos por persona aproximadamente. En un núcleo familiar fácilmente habrá 4 dispositivos. ¿Será que el núcleo familiar que paga el servicio de cuatro teléfonos celulares no tiene para pagar una parte de los C$200 al mes?
Sinceramente no se observa que la reducción propuesta de los subsidios alcance la categoría de “desgracia” o “barbaridad” que argumenta.

Su santidad actúa con otro vergonzoso engaño en su argumentación “ese dinero va a ir a parar a manos de la distribuidora”. Bárcenas sabe (porque trabajó 20 años en la Distribuidora) que el efecto de la reducción del subsidio sobre la Empresa Distribuidora es neutro. El dinero adicional que se recaude ahora de los clientes ya no será transferido a la Distribuidora desde el Presupuesto General de la República.

La teoría económica establece que, al eliminar gradualmente los subsidios, y acercarse el pago al costo real de la electricidad, la tendencia de la población será retomar medidas de eficiencia (que fueron obviadas a causa del subsidio) a través de una modificación en los hábitos de consumo ineficientes.

Bárcenas en su afán de ser instrumento de la vil campaña en contra del sector privado, aparece ahora como el paladín de los sectores vulnerables. Se olvidó que el subsidio es una contribución financiera directa del gobierno a través de transferencias de dinero. Es decir, se toman fondos de las arcas del gobierno que pudieran ser destinadas a cubrir otras necesidades esenciales de la población tal como salud o educación. ¿Con 60 millones de dólares al año, cuántas escuelas, o centros de salud, se pudieran construir en comunidades vulnerables? En lo personal, me parece más justa esa distribución social, que de paso no genera ineficiencias.

Llama poderosamente la atención que, en su errado diagnóstico, su santidad, se contradice consigo mismo de forma torpe. Meses antes Bárcenas comentó en los medios que “congelar la tarifa fue un error, porque hubo un tiempo que se tuvo que subsidiar un porcentaje mayor porque el precio del petróleo subió”. Como se sabe, congelar la tarifa significó la implementación del subsidio, el cual Bárcenas lo consideró un error, pero ahora lo defiende con la hoz y el martillo.

Por sus comentarios pretéritos se deduce que su santidad ha estado en contra de toda clase de subsidios, incluso los subsidios cruzados. Bárcenas afirmó que “con los subsidios cruzados no me valen las medidas de ahorro porque no estoy pagando costos reales, estoy pagando costos por subsidio a otra gente y eso rompe con la estructura económica”, y agrega “los subsidios cruzados en los pliegos tarifarios ya desaparecieron en países desarrollados porque rompen con la estrategia energética porque no hay costos sincerados”.
Pero en su ejercicio de oposicionismo apocalíptico está dispuesto a ir en contra de todo lo que ayer veneraba.

Esa dudosa ética binaria de no darle crédito a los que combate (buen trotsko). Es mejor autoboicotearse y menospreciar a sus enemigos imaginarios. Lo novedoso es lo torpe del engaño, la raja política. Aprovechar la ansiedad del ciudadano pobre para venderle lo fácil y el camino corto. Los que le aplauden son los tontos útiles de la caridad mal entendida.

El autor es presidente Cámara de Energía de Nicaragua.