Homilía de sordos en Catedral

Un compañero de clase, que como yo no pudo captar casi nada de la homilía, me pidió posteriormente que si la podía conseguir por escrito, pero esta vez para nuestra mala suerte, monseñor Silvio Báez improvisó.

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Raras veces voy a misa a la Catedral porque mi parroquia es la de Santo Domingo; si no, voy a la Divina Misericordia, Las Colinas o en Esquipulas, pero las dos últimas veces que he ido a Catedral me he percatado de un problema recurrente y crónico grave. He decidido hacer algo, porque esto no puede seguir así y es que se escucha pero no se entiende nada: ya sea por la pésima calidad del audio, la mala acústica, o por una combinación de ambos factores.

Lo peor es que todo el clero, al más alto nivel, están conscientes de este grave problema desde hace años y no se ha hecho nada al respecto. El 4 de septiembre la Catedral de Managua —que ha dejado de ser “nueva”— cumplirá 25 años de haber sido inaugurada y consagrada.

Todos los católicos estamos en la obligación de donar lo que esté a nuestro alcance y de nuestros corazones, en una campaña que pronto realizará la Iglesia, para que la Catedral Metropolitana de la Inmaculada Concepción de María tenga un equipo de sonido, especial para amplificar la voz, tal como se han venido reemplazando en otros templos católicos y que se resuelva, aunque sea parcialmente, el problema crónico desde su fundación de su pésima acústica, de tal manera que todos los que asistamos a ella podamos escuchar y entender la palabra del Señor.

Tenía ratos de no ir a misa en la Catedral, pero en este año he tenido dos experiencias frustrantes. Asistí el pasado 10 de enero a las 6:00 p.m. a la misa solemne concelebrada por el cardenal Leopoldo Brenes y monseñor Silvio Báez en ocasión del 40 aniversario del asesinato de mi padre y no pude entender nada de la brillante homilía del obispo auxiliar de Managua. Lo supe después porque, consciente del problema, monseñor Báez al finalizar la misa nos la entregó por escrito a la familia y luego me la envió por WhatsApp.

Y no es que tenga yo en lo particular, un grave problema auditivo, porque escucho bien las homilías de padre Boanerges Carballo en Santo Domingo y del padre Héctor Treminio en Esquipulas, y de otros sacerdotes en La Divina Misericordia y en Las Colinas… el problema es solo en la Catedral.

La otra experiencia fue el pasado sábado 17 en la misa de acción de gracias, oficiada también por monseñor Silvio Báez, para los exalumnos bachilleres de las dos promociones de 1968 de todos los colegios católicos de Nicaragua, en ocasión de los 50 años de bachillerato. Una iniciativa digna de encomio.

Me di cuenta que monseñor Báez había pronunciado —tal como era de esperarse, conociendo su capacidad y profundidad— un excelente mensaje por los aplausos, iniciados por los dichosos “jóvenes de la tercera edad”, que más le pudieron entender, seguidos por los de la gran mayoría, que no entendimos nada. Fue frustrante, es como haber ido a una película en otro idioma y sin subtítulos.

Un compañero de clase, que como yo no pudo captar casi nada de la homilía, me pidió posteriormente que si la podía conseguir por escrito, pero esta vez para nuestra mala suerte, monseñor Báez improvisó. No sé si alguien tuvo la dicha de grabarla, pero si no se escuchó bien en vivo, menos que se entienda grabada. Conste: no es un problema que no se escucha, sino que no se entiende por el eco y por la falta de claridad.

Llamo la atención a este serio problema de nuestra Catedral, de sobra conocido por todo el clero católico y la feligresía, para que hagamos algo al respecto, no puede ser que tras 25 años, la Catedral aún tenga este problema.

Sé que las comparaciones son odiosas, pero no me resisto a la tentación de preguntarme: ¿qué tal si este problema lo tuviera alguno de los templos más grandes de las congregaciones evangélicas? Es impensable, porque la música y el buen audio son elementales en su culto.

Finalmente, llamo a todos los medios de comunicación católicos a sumarse a una campaña pro audio de Catedral que próximamente arrancará, para resolver de una vez por todas este problema, cuya solución que es de todos, ha venido siendo postergada demasiado tiempo.

El autor es periodista, exministro y exdiputado.