Japón en el corazón de Nicaragua

En la nueva época y sobre todo a partir de 1990, la cooperación japonesa con Nicaragua particularmente en obras de infraestructura vial e instalaciones de educación y salud pública, y en inversiones de capital privado, se ha venido desarrollando notablemente

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El embajador de Japón, señor Yasushi Ando, se ha despedido de Nicaragua al terminar su misión en el país y concluir también su carrera diplomática activa, pues esta ha sido la última asignación de su fructífera trayectoria.

La despedida oficial del embajador Ando ha coincidido con la primera celebración del Día de la Amistad de Nicaragua con Japón, establecida oficialmente el 20 de febrero porque en esta misma fecha del año 1935, el gobierno de Japón nombró a su primer embajador en Nicaragua, honor histórico que le correspondió al señor Yoshiatsu Hori.

Desde entonces la amistad de los pueblos de Nicaragua y Japón se estrechó fructíferamente, salvo en el período de la II Guerra Mundial y la posguerra, cuando durante 11 años —de 1941 a 1952— se interrumpieron las relaciones entre ambos países.

En la nueva época y sobre todo a partir de 1990, la cooperación japonesa con Nicaragua particularmente en obras de infraestructura vial e instalaciones de educación y salud pública, y en inversiones de capital privado, se ha venido desarrollando de manera notable. Y sigue aumentando a pesar de que con el crecimiento económico logrado por Nicaragua ya no debe ser solo recipiente de donaciones de Japón, sino más bien de préstamos, como lo explicó el año pasado el embajador Ando.

Al visitar el Diario LA PRENSA y reunirse con su Consejo Editorial, para despedirse, el embajador Yasushi Ando expresó su satisfacción por haber recorrido gran parte del territorio de Nicaragua, de cuya geografía, naturaleza, gente y cultura se lleva gratos e imborrables recuerdos. Pero hay que decir que también el embajador Ando deja en los nicaragüenses un sentimiento de gratitud, por su dinámica promoción de la solidaria cooperación japonesa, que, subrayó, es dirigida al pueblo de Nicaragua y por tanto está por encima de gobiernos y situaciones políticas.

Sin embargo, nosotros no podemos olvidar que en la oscura y crítica situación de los años 80 del siglo pasado, el entonces embajador de Japón en Nicaragua, señor Yosluzu Konishi, apoyó de manera activa, franca y valiente los esfuerzos que hacíamos para que se abriera en el país el camino hacia la democracia. Y cuando se consiguió, apenas dos meses después de instalado el gobierno democrático de doña Violeta Barrios de Chamorro, en junio de 1990 el embajador Konishi firmó con el canciller nicaragüense Enrique Dreyfus un protocolo de ayuda de emergencia de Japón a Nicaragua, por 10 millones de dólares.

Desde entonces la cooperación japonesa vino aumentando de manera constante y progresiva, sin tener Japón ningún interés expansionista en la región y por lo tanto sin condicionamientos políticos de ninguna clase.
Inclusive ahora, cuando según las cifras oficiales el Producto Interno Bruto (PIB) per cápita de Nicaragua pasa de 2,200 dólares —lo que hace al país más sujeto de crédito que de ayuda—, Japón seguirá cooperando con el pueblo nicaragüense. El mismo embajador Yasushi Ando lo seguirá haciendo, pues, al despedirse oficialmente de Nicaragua dijo: “En el año 2018 seguiré consolidando nuestro vínculo en varias áreas. Trabajaremos para el crecimiento de Nicaragua y Japón contando con el apoyo de ambos pueblos”.

Nosotros estamos seguros de que así será.