OMS y enfermedades crónicas

Los diabéticos en nuestro país llegan a seiscientos mil, un drama que pone de manifiesto el daño que la enfermedad crónica produce a través de la discapacidad, disminución de calidad de vida, prolongada carga familiar y social que impone.

Causa mucha alegría la valiosa oportunidad que tendrá nuestro país de ser la sede de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que realizará el próximo mes de noviembre una cumbre mundial que aprobará nuevas estrategias frente a la “grave amenaza” que representan para la salud y el desarrollo las enfermedades crónicas no transmisible (ECNT).

En 2010 las muertes en América Latina dejaron 5.2 millones de fallecidos, de los cuales 63 por ciento (3.2 millones) fueron por ECNT: cardiovasculares, respiratorias, cáncer y diabetes. La mayoría generaron muertes prematuras, es decir antes de 70 años.

Según el Mapa de Padecimientos del Minsa 2017 de nuestra población los fallecimientos causados por estas dolencias aportaron un 80 por ciento de la mortalidad: cáncer, infarto cardiaco, enfermedad renal crónica, derrames cerebrales, presión alta, EPOC y enfermedad alcohólica del hígado.

Mientras las enfermedades transmisibles matan el 12.5 por ciento, la mortalidad de la ECNT es arrolladora con 75 por ciento de las defunciones mundiales. Vivimos el cambio de prevalencia de la infección a la ECNT como causa de muerte. La mayoría de los sistemas de salud han sido creados para eventos breves como nacimientos e infecciones y no para padecimientos crónicos que son prolongados, costosos y con exigentes complicaciones. Las ECNT están fuertemente influenciadas por pobreza, mala nutrición, sedentarismo, recreación, desigualdades de ingreso, acceso a educación, agua y saneamiento.

Dos grandes retos frente a las ECNT: primero, las causas se encuentran en sectores no sanitarios y a pesar de conocerse esta relación causa-efecto se ejerce poco control sobre los factores de riesgo: tabaco y alcohol, dietas deficientes, sedentarismo, creación de estilos de vida saludable, hipertensión y obesidad siguen siendo preocupantes. Podríamos prevenir un 40 por ciento de las muertes reduciendo sal y controlando consumo de cigarrillos.

La salud puede promover leyes sanitarias, incentivar ejercicios y dietas saludables, pero no podemos rediseñar entornos sociales para promover estilos de vida saludables en educación, agricultura, medioambiente y comercio.

Segundo reto: la prevención “es tan difícil” por el poderoso influjo de intereses económicos que manejan la globalización de los estilos de vida no saludables. Mientras luchamos por dietas saludables, combatir sedentarismo y contra toxicomanías, ellos toman las decisiones. Recordemos el exitoso boicot que sectores del Cosep hicieron en la Asamblea Nacional para que no se aprobara una ley que prohibiera en las cafeterías escolares la presencia de comida chatarra.

Los diabéticos en nuestro país llegan a seiscientos mil, un drama que pone de manifiesto el daño que la enfermedad crónica produce a través de la discapacidad, disminución de calidad de vida, prolongada carga familiar y social que impone. 15 por ciento de los diabéticos desarrollarán el daño de la retina (retinopatía diabética, RD), que es causa de ceguera. Por ejemplo, en Estados Unidos la diabetes es la primera causa de ceguera entre los 20 y 74 años. Está reconocida que pacientes “azucarados” tienen 25 veces más probabilidad de convertirse en legalmente ciegos que los no diabéticos.

Los médicos internistas, que somos responsables de la patología médica crónica, le damos la bienvenida a la OMS y su influencia beneficiosa en la lucha por la salud de nuestro pueblo y la humanidad.
El autor es especialista y profesor de Medicina Interna
maltezvic@hotmail.com

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