Violación de Derechos Humanos y la corrupción

La violación de Derechos Humanos en Nicaragua por parte de la Policía y el Ejército se está volviendo como algo “normal” que pasa casi todos los días a pesar de las denuncias en las organizaciones de Derechos Humanos

La violación de Derechos Humanos (DD.HH.)en Nicaragua por parte de la Policía y el Ejército se está volviendo como algo “normal” que pasa casi todos los días a pesar de las denuncias en las organizaciones de Derechos Humanos. Los violadores como que son sordos, ciegos y mudos, las denuncias por un oído les entran y por el otro les salen, las víctimas quedan sin justicia y reina olímpicamente la impunidad.
Las instituciones del Estado están dirigidas por funcionarios que consideran estas violaciones como lo normal en el actual gobierno que nos desgobierna al no hacer nada para procurar justicia a las víctimas de las violaciones de los derechos humanos de los ciudadanos nicaragüenses.

La Constitución no permite la pena de muerte en el país, sin embargo, a diario vemos en los medios de comunicación partes del Ejército y la Policía sobre nicaragüenses muertos, sin que haya una seria y responsable investigación. Simplemente salen comunicados: tal persona fue muerta porque se le dio la orden de detenerse y no se detuvo y se le disparó y se le mató por ser traficante de marihuana: los niños que fueron muertos en La Cruz de Río Grande el Ejército dice que andaban armados y que eran delincuentes, lo cual ha sido claramente desmentido por su madre. Ni siquiera por lo más mínimo de humanidad le entregan los cadáveres de sus hijos a doña Elea para darles cristiana sepultura. Al joven que lo apalearon en la prisión y que ha perdido sus piernas, no se dice quiénes fueron los responsables, no abren una investigación, el Ejército y la Policía sacan comunicados publicando su verdad y ahí se queda todo.

Yo me acuerdo que en el régimen dictatorial de los Somoza, cuando algún oficial de la Guardia Nacional cometía un delito era investigado, se abría una Corte Militar, se hacía un Consejo de Guerra, los responsables eran juzgados y había una sentencia culpándolos o declarándolos inocentes. Y no es que defienda a la Guardia somocista ni a la dictadura, pero es que aquí en la actualidad reina totalmente la impunidad. No existe Contraloría que investigue, no existe Fiscalía que investigue, el Ejército y la Policía tienen una oficina de asuntos internos y la gente que acude a ellos dice que no investigan a nadie, no lo someten a ningún proceso.

Estamos en una Nicaragua donde la impunidad reina y favorece a los funcionarios militares, policías o funcionarios civiles que pueden cometer cualquier delito y no hay una autoridad que responda a las víctimas.

El caso de Roberto Rivas Reyes es el ejemplo más claro de la impunidad, señalado de ser un corrupto, un violador de derechos humanos y hay una Fiscalía, una Contraloría, unos diputados, un poder judicial ciegos, sordos y mudos. El tipo sigue de presidente del Consejo Supremo Electoral, con jugoso salario, con escoltas, con inmunidad de los delitos que comete y ha cometido, y más bien es defendido por gente que ya perdió la vergüenza, la dignidad, el honor, la moral. Es la característica de la actual dictadura autoritaria, sorda, ciega y muda.

El autor es periodista