Juan Lanzas reconoce a los policías que lo golpearon salvajemente

Cuando todavía estaba en el hospital de Matagalpa, donde le amputaron los pies, Juan Rafael Lanzas Maldonado realizó un reconocimiento fotográfico de los policías que lo golpearon al detenerlo por un presunto robo

El obispo de la Diócesis de Matagalpa, monseñor Rolando José Álvarez Lagos, durante su visita a la casa donde se encuentra Juan Lanzas. LA PRENSA/LUIS EDUARDO MARTÍNEZ M.

Cuando todavía estaba en el hospital de Matagalpa, donde le amputaron los pies, Juan Rafael Lanzas Maldonado fue visitado por miembros de la Dirección de Asuntos Internos de la Policía, ante quienes realizó un reconocimiento fotográfico de los policías que lo golpearon al detenerlo por un presunto robo en una comunidad rural del municipio de Matiguás.

“Llegaron uno de Managua con otro de Matagalpa al hospital… les tomaron fotos a cinco (policías) que andaban (participaron de la golpiza) y a cinco que no andaban, entonces yo reconocí a los cinco que me agredieron y se los enseñé uno por uno”, contó Lanzas a monseñor Rolando José Álvarez Lagos, quien lo visitó al atardecer de este jueves en el barrio Monimbó, del municipio de San Isidro, Matagalpa.

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“Hay que preguntarle a la Policía a ver qué respuesta tiene”, le dijo el obispo a Lanzas, quien permanece acostado mientras se recupera de llagas en más de la mitad del cuerpo, principalmente en los glúteos.

Sin embargo, desde ese día, dice Lanzas, la Policía no le ha dicho nada. Él y su familia insisten en que enfermó por la golpiza del 29 de diciembre de 2017 y las condiciones insalubres en las que estuvo detenido en Matagalpa, por lo que después le amputaron los pies.

Juan Lanzas curándose de sus heridas en una cama del Hospital de Matagalpa. LA PRENSA / Óscar Navarrete.

Además de agradecer la visita de Álvarez, el agricultor agradeció la solidaridad de personas que han contactado a su familia para brindarle apoyo.

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“He quedado impactado, con mucho dolor”, dijo el obispo al salir de la humilde vivienda e indignado, exclamó: “estas cosas no pueden seguir sucediendo en este país”. Además invitó a “los altos mandos policiales a que vengan, aunque (sea) sin medios de comunicación, a contemplar el dolor humano, a contemplar el sufrimiento y el calvario humano, contemplarlo con el corazón más que con los ojos”.

Destacó la valentía de Emma Maldonado, madre de Lanzas, para denunciar y llamó a que “así como hace algunas décadas las madres escondieron a sus hijos en los techos de las casas, hoy la madre nicaragüense tiene que volver a dar la cara por su pueblo, por sus hijos…”.

Debe investigarse

“Las autoridades deben respetar la integridad física de las personas y aquí la institución debe decir con nombres y apellidos quiénes de sus funcionarios cometieron esos delitos (contra Lanzas) y sean castigados, porque con esas acciones también se denigra a la institución y esta institución debe limpiar su nombre, dando una sanción a sus funcionarios que cometen delitos”, aseguró monseñor Silvio Fonseca, vicario de Familia, Vida e Infancia de la Arquidiócesis de Managua.

De acuerdo con Fonseca, ante la impunidad, “lo que queda es denunciar y pedir justicia”, desde los medios de comunicación y organizaciones de derechos humanos.

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El obispo de la Diócesis de Matagalpa, monseñor Rolando José Álvarez Lagos, mientras ora por la recuperación de Juan Lanzas. LA PRENSA/LUIS EDUARDO MARTÍNEZ M.

Para el experto en Derechos Humanos, el abogado Uriel Pineda, el señalamiento contra la Policía es grave. “Debemos presumir tortura. Si Juan Lanzas fue golpeado por castigo o para obtener de él información, o si estos fueron los motivos por los cuales no le dieron atención médica, estamos en presencia de tortura y eso es una violación grave a derechos humanos que debe ser investigada y esclarecida sin dejar lugar a dudas”, refirió vía correo electrónico.

Explicó que cuando una persona es privada de su libertad, “el Estado es garante de su integridad y salud. Cualquier situación que afecte la seguridad y salud de una persona privada de libertad es responsabilidad del Estado objetivamente hablando”. Aseguró que si Lanzas, estando en la cárcel, presentaba problemas de salud, la institución como parte del Estado debió brindarle asistencia médica.

Dignidad e integridad

Según el obispo Rolando José Álvarez Lagos, “en el caso de Juan no está solamente el irrespeto a la dignidad de la persona y de su integridad, no está en juego solamente la arbitrariedad con que fue tratado, el salvajismo, el acto brutal que se cometió contra él, sino que aquí está en juego la dignidad y la integridad de todo un pueblo, porque hoy lo hicieron con él y mañana lo pueden hacer con cualquier nicaragüense”.

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“Por eso pienso que también el pueblo no puede quedarse solamente a la expectativa, tiene que alzar su voz, tiene que exigir justicia a este acto delictivo contra la familia de Juan y contra él mismo”, agregó.

Institucionalidad

A criterio de monseñor Rolando Álvarez, la Policía “debe revisar su institucionalidad”, porque el pueblo nicaragüense “es sabio y no puede salir la Policía con una respuesta que siga ofendiendo al pueblo tratándolo como si fuera un pueblo torpe, tonto”.

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“Si la Policía quiere ser seria y responsable, que se monte una auditoría, que vengan los organismos de derechos humanos a nivel internacional a verificar in situ la situación que no es aislada, porque todo el mundo en Nicaragua ha visto los actos de represalia que la Policía ha cometido contra la población en todos los sentidos, por ejemplo en las manifestaciones públicas, las movilizaciones a las que el pueblo de Nicaragua tiene derecho”, dijo.