Hombres de poca fe (III)

Estamos llamados a tener la fe de Pedro. Fe para saltar a la sola voz de “Ven”, cuando el Señor nos llama, dispuestos a realizar lo imposible, porque todo es posible para él que cree”.

Hombres de poca fe, Dios

Continuando con la reflexión del señor Mántica este nos dice:
“Pedro no se pregunta ahora si podrá caminar sobre las aguas. Se pregunta si será realmente de Cristo aquella voz, porque con Él todo es posible. Pero no duda en su Señor. De hecho, sus palabras son ahora una auténtica proclamación de su fe, en la fidelidad y el poder del Señor nuestro Dios: Señor, si eres tú, mándame ir donde ti sobre las aguas”.

“¡Aquí está la fe en su más vivo retrato! Palabras de incertidumbre: Señor, si eres tú. Palabras de confianza plena: Mándame ir donde ti… incluso sobre el agua. Porque esto es precisamente la fe: Confianza plena a pesar de la incertidumbre. La fe es decisión en la obscuridad. Salto al vacío en la noche”.

“Y basta entonces una palabra de Jesús; la que debiera bastarnos a todos para lanzarnos al agua sin salvavidas ni titubeos. Y esa palabra es “Ven”. Vengan a mí. Acérquense más a mí. Ahora más que nunca”. “Y Pedro, hombre de poca fe, pero usando la que tiene, camina entonces sobre las aguas.

Estamos llamados a tener la fe de Pedro. Fe para saltar a la sola voz de “Ven”, cuando el Señor nos llama, dispuestos a realizar lo imposible, porque todo es posible para él que cree”.

“Ya lleva Pedro en su score dos grandes actos de Fe: ha creído en Cristo al escuchar su voz. Y le ha creído a Cristo al obedecer su llamado. Ahora realiza Pedro un tercer acto de fe. El más grande y hermoso de todos. El más importante para todos nosotros. Lo registra la Escritura: Pero viendo la violencia del tiempo, le entró miedo y comenzó a hundirse. Gritó: “¡Sálvame!” y AL PUNTO, Jesús, tendiéndole la mano, lo agarró…

“Nunca se nos ocurrió que un grito así fuera un acto de fe. Pero esta es la fe que suponemos imitar. Fe en la fidelidad de Cristo. Fe en nuestro Salvador. Fe en que nuestro Señor saldrá al instante, aún en nuestras faltas de fe, o cuando por amor a Él, y con fe en Él, nos metemos en enredos superiores a nuestras propias fuerzas”.

La fe es osada, y Pedro es osado. Por osado se metió en enredos la noche del prendimiento; pero hubo más amor en la negación de Pedro en casa de Anás, que, en el abandono de los apóstoles, o en la prudencia de aquel que temeroso “lo seguía de lejos”. “Y ciertamente hay más fe en el fracaso de Pedro como esquiador sin esquíes, que en la prudencia o temor de los que esperaron en la barca. Ya sé que la fe de Pedro fue pequeña en lo que a caminar sobre el agua se refiere, pero fue una fe muy grande en su Señor, que es la que cuenta”.

“Yo creo que todavía no nos damos cuenta de lo que acaba de hacer Pedro con su fe. ¡Miren la magnitud de la fe de Pedro en Jesucristo!, que ha ido más allá del mover montañas y ha sido capaz de mover al mismo Dios, con solo una palabra: “Sálvame”.

“¡Mil veces bastó esa palabra, para que los ciegos vieran, los sordos oyeran, los enfermos fueran sanos, y nuestros pecados fueran perdonados! Y porque era y sigue siendo grito de fe, la respuesta de Jesús fue siempre: ‘tu fe te ha salvado’”.

“Pedro falló en lo pequeño. Pero venció en lo importante. Pedro sabe en quien se ha fiado. Por eso creo que no conoce bien a Cristo quien sólo adivina en sus palabras acusación o reproche para el único que obedeció la voz de ‘Ven’”.
El próximo sábado concluiremos con esta reflexión.

El autor es miembro del Consejo de Coordinadores de la Ciudad de Dios.
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