Habeas Corpus

En un estado social de Derecho no se realizan detenciones ilegales. Para detener a un ciudadano se necesita orden escrita de autoridad competente, menos en Nicaragua.

En un estado social de Derecho no se realizan detenciones ilegales. Para detener a un ciudadano se necesita orden escrita de autoridad competente, menos en Nicaragua. El jefe de cualquier estación policía le dice a un policía de línea: andá capturame a fulano de tal y me lo traés, y la sociedad y el gobierno aceptan eso como normal.

La arbitrariedad más grande que consiste en suprimir la libertada a un ciudadano desde el interior de una prisión sin orden judicial, es vista como normal.

En las cámaras de YV se ve que salen camionetas llenas de policías a capturar ciudadanos con armas de guerra y sin orden judicial. Para evitar esas situaciones la humanidad formalizó el Recurso de Habeas Corpus. Esta institución milenaria del Derecho Romano la encontramos en las Pandectas bajo el título de “Homine libero exhibiendo” que al decir de Ulpiano: “Este remedio se ha instituido para proteger la libertad personal a fin de que ninguna persona libre natural fuere detenida”.

Su introducción es la obra de un escrito sencillo en que cualquier ciudadano hace del conocimiento de una Sala Penal, que hay una detención ilegal. De inmediato la Sala Penal debería de nombrar a un juez ejecutor que, representándola a ella, intime al captor, para que le enseñe al detenido, le muestre el expediente y le explique las razones de su detención. Y el ejecutor nombrado por la Sala, que es un representante del Poder Judicial, tiene autoridad para ordenar la libertad del detenido ilegalmente, o para ordenar que lo pongan a la orden de autoridad competente. Mi maestro de Derecho Constitucional, el doctor Armando Rizo Oyanguren, nos decía “que el Juez Ejecutor iba investido del más alto poder ya que era la Corte en Pleno”. La autoridad captora tiene la obligación de recibirlo sin hacer antesala, pero en Nicaragua todos esos formalismos legales, creados con nivel de rango constitucional para defender a los ciudadanos de los abusos del poder mueven a risa.

Nuestro muy querido y nunca olvidado doctor Alfonso Valle Pastora (q.e.p.d.), exsecretario de la Corte Suprema de Justicia, en un bello manual sobre este tema nos decía: “En nuestro medio judicial la exhibición personal es una garantía de la libertad individual para que un detenido o preso sea exhibido o mostrado por la autoridad que ordenó la detención, explique los motivos de ella, muestre el proceso y las causas por que está detenido, y resuelva si debe alzarse o mantenerse la detención”. Ya que como muy bien dice el Quijote: “La libertad es uno de los dones más preciados que los cielos otorgan a los hombres”.

Las autoridades de la Policía se ríen de los ejecutores, los ven como necios, y los tratan como a vagos. Es más, ni siquiera los recibe una autoridad policial con rango superior, generalmente el juez ejecutor es recibido por el despachador policial. Que no sabe lo que es una exhibición personal, ni un juez ejecutor, y menos de garantías constitucionales. Se limita a decir que le va a avisar al director de Auxilio Judicial.

Así se trata en Nicaragua, al medio defensivo de las garantías constitucionales, más respetado en el mundo civilizado. Porque el Habeas Corpus es un medio de defensa de los Derechos Humanos. Desafortunadamente la Policía Nacional no tiene esa clase de cultura política.

Dentro del mismo Poder Judicial, la Sala Receptora del Recurso lo tramita, a discrecionalidad. Puede tomarse días en proveerlo, nombra a un juez ejecutor que no tiene recursos para cumplirlo. Y tarda en proveer lo resuelto por el ejecutor.

En León me pasó un caso trágico, interpuse el recurso, como la sala tardaba en recepcionarlo pedí una entrevista con el magistrado presidente para exponerle lo urgente del caso, y sin recibirme, me mandó a decir que me atendería en dos semanas. ¡Dios nos ampare!

Generalmente el informe del ejecutor se reduce a hacer saber que lo recibió el oficinista y que el director de Auxilio Judicial no se encontraba, en resumen, el Habeas Corpus fracasó. Es ineficaz y nulo para defender al detenido ilegalmente.

En las escasas veces que una autoridad de importancia atiende a un ejecutor, lo hace con educación, pero no le enseña el expediente, ni le enseña al detenido, ni le explica las razones por la que se encuentra detenido, de manera rápida y acelerada le dice que se encuentra a la orden de la Fiscalía, aunque esto no sea verdad, pero esas son excepciones. La majestuosidad del Habeas Corpus, su calidad de instrumento para hacer valer garantías constitucionales, sobre todo para evitar las detenciones ilegales, en Nicaragua es como una bolsa plástica que rueda por la cuneta de cualquier calle.

Lo que más me duele y tengo que reconocerlo, porque significa que todo por lo que se luchó en la revolución del 79 fue un fraude, es que dicho recurso en tiempo del somocismo se respetaba. En los días después de la primera insurrección en León, siendo secretario de la Comisión de Derechos Humanos, en compañía de los doctores Oscar Herdocia L. (q.e.p.d.) y Duilio Baltodano Mayorga, me tocó interponer este recurso a favor de los cientos de chavalos que con valor desmedido se enfrentaban a la Guardia Nacional (GN) (los famosos tirabomba). Y la GN respetaba el recurso y fue por este medio que se pudo salvar la vida de cientos de nicaragüenses.

Resulta toda una ironía que mientras diversas organizaciones promueven entre sus principios el derecho de acceder al habeas corpus mundial (establecimiento de una jurisdicción que abarcaría todas las naciones y todo el territorio del planeta tierra) como parte fundamental de los derechos humanos, en Nicaragua no se respeta ni se cumple. Es papel mojado, esperando su vigencia.

El autor es abogado.