Crítica de cine | Tres Anuncios por un Crimen

Las excelentes actuaciones de todo el reparto hacen que la amalgama funcione. No se asuste si Tres Anuncios por un Crimen se lleva varios Óscar.

Tres anuncios por un crimen

El británico Martin McDonagh es un enfant terrible de la dramaturgia. Su trabajo mezcla la violencia y el humor negro con desparpajo. Sus obras de teatro se montan regularmente en Londres y Nueva York. Descolló en el cine ganándose un Óscar al Mejor Cortometraje de Ficción por Six Shooter (2006). Su primer largometraje, In Bruges (2008), fue nominado a Mejor Guion Original. Después de la indiferencia con que fue recibida Seven Psychopaths (2012), las siete nominaciones que conquistó su nueva película representan su consagración en Hollywood.

Los anuncios del título son tres rótulos de carretera que Mildred (Frances McDomand) ha contratado para interpelar a la Policía sobre la indolencia con que investigan el asesinato de su hija. La mujer, una divorciada de mediana edad, ha perdido tolerancia para las pretensiones sociales. Comparte los detalles más escabrosos sobre el crimen —Violada mientras moría— tratando de infundir un shock en el sistema. Los medios incrementan la visibilidad de la denuncia. Pero el sheriff Willoughby (Woody Harrelson) es amado por la comunidad. La maniobra convierte a Mildred en una paria, blanco de desplantes y ataques de los que prefieren mantener el status quo. El más peligrosos es Dixon (Sam Rockwell), un alguacil inmaduro que idolatra a su superior.

Mildred es la protagonista putativa. Sus acciones ponen en marcha el motor de la trama. Sin embargo, Tres Anunicos… funciona como una película coral, haciendo espacio para que múltiples personajes dramaticen cómo se las arreglan para vivir en ese precario balance entre la beligerancia y la complacencia frente al dolor de los demás. El conflicto de Mildred es eminentemente interno. En términos de dramatismo es el personaje de Dixon el que experimenta una transformación más profunda y un arco narrativo más atractivo para la audiencia. Es él quien más se transforma a lo largo de la película. Rockwell, veterano actor de carácter, le hinca el diente al personaje y se roba la película entera.

Un flashback arteramente ubicado nos muestra la última vez que Mildred ve a Angela (Kathryn Newton) con vida. La dinámica familiar oscila entre lo amoroso y lo contencioso, fundada en los cimientos de un hogar infectado por el abuso. Sabemos que Charlie (John Hawkes), el exesposo de Mildred, la maltrataba físicamente. Madre e hija discuten por una tontería. Ella se rehúsa a prestarle el vehículo. La muchacha se va a pie y nunca regresa. El episodio es una fuente de culpa que empuja a la mujer en su misión de venganza pasiva-agresiva. Pero no cuenta con que el destino le depara un obstáculo que elevará la hostilidad del ambiente hacia ella.

Es fácil pensar que Tres anuncios… nos conduce hacia la resolución del crimen. ¿Quién mató a Angela? es una pregunta provocativa, que demanda ser respondida. Pero McDonagh tiene una agenda más difícil y elusiva. Quiere mostrarnos cómo la normalización de la violencia termina erosionando los parámetros éticos de los individuos. Estos grandes temas resuenan en un país como el nuestro, donde la impunidad institucionalizada siembra injusticias cada día. Elea Valle y Emma Maldonado son dos mujeres como Mildred, pidiendo justicia a oídos sordos. Y el día que vi la película se encontró el cuerpo de la niña Yesbeling Espinoza, de 12 años, dentro de un pozo. ¿Tendrá su madre que poner rótulos demandando acción? Esta conexión con nuestra realidad infunde sustancia en un drama que funciona como comedia, con personajes intencionalmente caricaturescos. Las excelentes actuaciones de todo el reparto hacen que la amalgama funcione. No se asuste si se lleva varios Óscar el próximo 4 de marzo.


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