REPORTAJE

Las mujeres que lucharon en la Contra de Nicaragua

Esta es la historia de tres mujeres que crecieron con un arma bajo la manga. Se hicieron esposas y madres en la clandestinidad de la montaña. Y llevan las marcas de la guerra en sus cuerpos. Todas son mujeres contras

04/03/2018

—¿Tenés el valor de disparar un arma?, — fue lo primero que le cuestionó uno de los comandantes de la Contra a Julia Peralta.

En ese tiempo, 1982, ella tenía 16 años y hasta entonces nunca había tomado un arma en sus manos. Por eso cuando la agarró, comenzó a disparar como si estuviera desequilibrada.

“Me dio ataque de nervios y me dio disparadera. Me tuvo que quitar la pistola el comandante”, dice Peralta, 36 años después de aquel incidente.

Ella junto a una de sus hermanas llegó a la base militar siguiendo a cuatro de sus hermanos que se habían unido al entonces Frente Democrático Nicaragüenses (FDN), que luego se conocería como Resistencia Nicaragüense o como la Contra, ante la persecución que habían recibido por parte del ejército.

Y en la Contra vivieron hasta que en 1990 inició el desarme. Ellas no fueron las únicas. Muchas de las mujeres que se integraron a la Resistencia Nicaragüense aprendieron a disparar para sobrevivir. Se enamoraron. Tuvieron hijos en la montaña. Vieron morir a miles de soldados, incluyendo familiares. Y muchas guardan secuelas de la guerra de guerrillas de los años ochenta.


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Lucha por el ideal

Julia Peralta se incorporó al Frente Democrático Nicaragüense (FDN) cuando tenía 16 años y permaneció allí hasta 1990 cuando inició el desarme. LA PRENSA/ ÓSCAR NAVARRETE

Julia Peralta se incorporó al Frente Democrático Nicaragüense (FDN) cuando tenía 16 años y permaneció allí hasta 1990 cuando inició el desarme. LA PRENSA/ Óscar Navarrete

Ángela Castro tenía 13 años cuando decidió unirse a la Contra en 1982. Nadie de su familia lo había hecho, pero muchos de sus amigos en San Juan de Río Coco, Madriz, habían abandonado sus casas para irse a la montaña y pelear contra el ejército sandinista. Ella lo único que sabía era que a su familia la habían tratado de asesinar porque se sabía que eran liberales. Entonces cuando tuvo la oportunidad se fue.

Ese viaje en la Contra le duró casi 10 años y durante ese tiempo pasó muchos años de sufrimiento al ver a los nicaragüenses matarse unos entre otros, dice vía telefónica desde la comunidad El Horno, Pueblo Nuevo, municipio de Estelí. En la Resistencia inició siendo operadora de radio y luego se capacitó para ser paramédico. Y aunque dice que la primera vez que estuvo en un combate los nervios la invadieron, después que disparó no volvió a sentirse así. Es más, hasta le hacía falta disparar.

Julia Peralta, quien también es originaria de San Juan de Río Coco, Madriz, igualmente tuvo que irse a la Contra. Ella tenía 16 años y estaba terminando el bachillerato en Managua cuando supo que sus hermanos habían sido perseguidos por la fuerza de seguridad y por eso huyeron y se unieron a la Contra. Después de eso ella se fue junto a su hermana. Por eso, a su papá lo acusaron de ser contrarrevolucionario y lo mantuvieron preso por los siguientes siete años.

“La vida de la mujer allí fue triste. No había privacidad. No tenía las comodidades que puede tener una mujer. En el campo es otro mundo y tenés que aprender a vivir con eso”, dice Peralta.

Cuando andaban en su periodo o debían defecar debían hacerlo en el monte, buscando un poco de privacidad. Para bañarse se iban en grupo de mujeres procurando dividirse para que nos las vieran.

En la Contra, Julie, el seudónimo de Peralta, tuvo la protección del comandante 380, pues él conocía la historia de su familia. Según cuenta, su abuelo fue general en tiempos del presidente Moncada. También es familia del general Benjamín Zeledón y es sobrina del coronel Agustín Peralta, de la Tercera Compañía de la Guardia Nacional de Somoza.

—¿Había machismo?

—Machismo siempre hay en Nicaragua y en todos los ejércitos. Pero el comandante 380 ordenaba a sus comandantes que no maltrataran a nadie, pero sí se dieron cosas con comandantes que hicieron delitos de lesa humanidad que hoy están ocupando cargos en el gobierno —dice refiriéndose a casos de violaciones.


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Amor en la montaña

En La Contra fungió como paramédica. Según narra desde su llegada fue preparada en Honduras y en Estados Unidos para socorrer a los heridos. LA PRENSA/ CORTESIA

En La Contra fungió como paramédica. Según narra desde su llegada fue preparada en Honduras y en Estados Unidos para socorrer a los heridos. LA PRENSA/ Cortesía

Lucila Galeano, conocida como Irma, dio a luz en la montaña, casi al final de la guerra, en 1988. Para ese tiempo ya tenía siete años de pertenecer a la Contra, pues se unió a los 14 años, en 1981. Se fue siguiendo al primero de los cuatro hermanos que luego se unirían al FDN. Ella es prima del comandante Franklin.

En las bases militares aprendió a defenderse a punta de armas, se capacitó para ser paramédico y también fue operadora de radio. Y fue en medio de los enfrentamientos que se enamoró y luego crió a su hijo. Su hijo pasó sus primeros cinco años de vida en la base militar, durmiendo en el día en hamacas mientras ella ayudaba a los heridos.

Ángela Castro y Julia Peralta también dieron a luz en la guerra. A Peralta le vinieron los dolores de parto durante un combate en Ocotal. “Me tuvieron que sacar en camilla y después me llevaron a la clínica”, recuerda.

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Secuelas de guerra

En la pierna izquierda de Lucila Galeano aún hay restos de charneles que quedaron incrustados en su piel durante los combates. Casi la dejan en silla de ruedas, dice. Julia también tiene uno en la pierna, por eso tienen problemas para caminar. Lo mismo le ocurre a Ángela, pero ella asegura que su mayor problema de salud es la artritis, pues durante la guerra debían caminar grandes distancias, cruzar ríos y se mantenían con la ropa y zapatos mojados. Esto le ha provocado artritis reumatoide.

La familia de estas combatientes también resultó afectada, pues la mayoría de ellas perdieron las propiedades que tenían y pasaron algunos años en prisión. Tal es el caso de Julia y Lucila.
“No me arrepiento de haber participado en esa lucha”, concluye Julia Peralta.

Lucila Galeano dio a luz a uno de sus hijos en medio de la guerra de los años ochenta. Ella afirma no arrepentirse de haber pasado su adolescencia en la guerra. LA PRENSA/ ÓSCAR NAVARRETE

Lucila Galeano dio a luz a uno de sus hijos en medio de la guerra de los años ochenta. Ella afirma no arrepentirse de haber pasado su adolescencia en la guerra. LA PRENSA/ Óscar Navarrete


El desarme

El proceso de desmovilización inició con la llegada del nuevo gobierno en 1990. Según datos estadísticos del Ejército de Nicaragua, entre 1991 y 1994, se desmovilizaron a 25,419 rearmados y se destruyeron 15,450 armas y 14,943 explosivos.

Fue hasta entonces que Ángela Castro, Julia Peralta y Lucila Galeano regresaron a sus casas después de vivir en la montaña casi una década. Cuando volvieron, Castro supo que varios de sus hermanos se habían convertido en sandinistas. La familia Peralta había perdido gran parte de sus propiedades por las confiscaciones y pasó de ser una familia acomodada a dormir en los parques de Managua con sus hijos.

Galeano se integró a proyectos de salud de la Comisión Internacional de Apoyo y Verificación de la Organización de Estados Americanos (CIAV-OEA). Sin embargo, de los cinco hermanos que se habían ido a luchar en la Contra solo dos regresaron, incluyéndola.


Lucila Galeano, conocida por el seudónimo de Irma, ingresó a La Contra en 1981 cuando tenía 14 años. Esta foto fue tomada cuando tenía 16 años. LA PRENSA/ CORTESÍA

Lucila Galeano, conocida por el seudónimo de Irma, ingresó a La Contra en 1981 cuando tenía 14 años. Esta foto fue tomada cuando tenía 16 años. LA PRENSA/ Cortesía

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