«Es un autorretrato, soy yo en todas mis variaciones», dice la artista rebelde Sara Erenthal

Mucho de su arte es espontáneo "inspirados por sentimientos del momento" o por los mismos objetos. Algunos son más militantes, aunque diga querer evitar toda provocación

La artista callejera israelí Sara Erenthal ha dejado atrás su vida religiosa y ha ganado atención por sus murales acompañados de mensajes. LA PRENSA AFP / MENAHEM KAHANA

Con sus cabellos cortos, aro en la nariz y pantalones vaqueros gastados, Sara Erenthal es uno de los rostros más conocidos entre los artistas callejeros en Nueva York, después de romper sus vínculos con el mundo judío ultraortodoxo de su infancia y juventud, hace unos 20 años.

A fines de 2017, la plataforma Artnet mencionaba a esta neoyorquina de 36 años, nacida en Jerusalén, entre los diez artistas urbanos cuyo trabajo se debe seguir, como el británico Bansky.

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Sus obras, pinturas murales o dibujos sobre objetos, pululan en las calles de Brooklyn, un barrio en donde la galería FiveMyles le abrió las puertas el año pasado.

La artista, cuyo nombre podría bien salir de un relato en yídish del finado premio Nobel Isaac Bashevis Singer, viajó a Israel a principios de año, por primera vez en su vida de artista.

Medio centenar de sus obras fueron expuestas en «Bait Haadom» (la Casa Roja), galería de barrio de moda en Shapira, en Tel Aviv.

Y en el sector ultraortodoxo de Jerusalén –del que forma parte el barrio Mea Shearim en el que nació–, dibujó lo que define como su autorretrato y que se convirtió en su firma: un rostro de mujer con curvas negras estilizadas subrayadas por labios rojos.

LA PRENSA AFP / MENAHEM KAHANA

Corte con la familia

Este rostro casi expresionista, declinado según los soportes, los momentos de la vida y los sentimientos del momento, «es un autorretrato, soy yo en todas mis variaciones, y son también todas las mujeres, todo el mundo», explica la artista.

A veces, este «autorretrato subconsciente» como lo define, toma la forma de una pequeña niña con aires de angelito, con trenzas, la que fue en Mea Shearim y luego en Brooklyn.

Sara Erenthal viene de una familia miembro de Neturei Karta, una rama muy radical conocida por observar estrictamente la ley judía y su oposición al sionismo, porque, según ellos, establecer un Estado judío está prohibido antes de la llegada del Mesías.

Con sólo unos años de vida, sus padres dejaron Jerusalén para instalarse en un barrio de Brooklyn, en donde vivió la mayor parte de su infancia y adolescencia.

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«Cuando tenía 17 años y medio, regresamos a Israel. Unos meses después, mis padres me dijeron que habían encontrado alguien para mí, sin dejarme verdaderamente elegir», dijo.

«Tuve esa intuición de que era el momento, que si no me iba de inmediato, no partiría nunca. No tuve una infancia feliz. Dejé de creer en Dios cuando era muy chica, sin expresarlo nunca. También había peleas con mi familia», cuenta, agregando, sin más detalles que ya no está en contacto con ella.

Dejó su familia y se presentó en la oficina de reclutamiento de las Fuerzas Armadas para efectuar su servicio militar, obligatorio en Israel para mujeres y hombres, pero del que generalmente son exceptuados los ultraortodoxos.

Vivió en un kibutz en donde aprendió el hebreo (sólo hablaba yídish) y luego hizo su servicio militar durante dos años, en el cuerpo de Infantería.

«Open your eyes»

«El servicio militar fue de hecho mi introducción al mundo laico», recuerda. Regresó luego a Nueva York en donde vivió de pequeños trabajos con un «sentimiento de vacío» del que sólo puso fin tras una estadía en India de casi un año en la que comenzó a dibujar.

«Fue en India en donde empecé a desarrollarme como artista», dice. «Hasta entonces no pensaba que podía ser una artista. En mi familia no estuve expuesta al arte contemporáneo, ni a la cultura en general, nunca íbamos a un museo».

De regreso a Nueva York se orienta rápidamente hacia el arte urbano, utiliza objetos abandonados como soporte y ensaya murales. Progresivamente acompaña sus dibujos con mensajes.

Muchos son espontáneos «inspirados por sentimientos del momento» o por los mismos objetos. Algunos son más militantes, aunque diga querer evitar toda provocación.

En su viaje a Jerusalén acompañó su grafiti, sobre una ventana abandonada, con estas palabras. «Open Your Eyes» (Abre los ojos).

«Estas palabras son una invitación para tomar un tiempo de reflexión», dice. «Es un mensaje sutil llegado el caso de que alguien lo necesite. No intento decir a los judíos ultraortodoxos cómo hacer sus vidas. No busco convencer a nadie. Si alguien debe ver este mensaje lo verá».

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