¡Basta ya!

Mujeres en la literatura han dejado reflejado ese dolor femenino y las limitaciones impuestas sobre las féminas en esta sociedad patriarcal

Misterios de dos genios, Rubén Darío

En Nicaragua continuamente suceden desoladores hechos de mujeres y niñas que son vejadas, acosadas, violadas y asesinadas. Deplorables sucesos que son propinados, en una gran mayoría, por sus propios cónyuges.

Desafortunadamente las estadísticas no reflejan un registro exacto de los casos, ni se castiga a los culpables de manera efectiva, ni se les presta atención ni la debida protección.

El Día Internacional de la Mujer cerró con uno de los tantos femicidios. Esta vez el de una joven en avanzado estado de gravidez que fue asesinada por su pareja dejando a dos niños en la orfandad.

Mujeres en la literatura han dejado reflejado ese dolor femenino y las limitaciones impuestas sobre las féminas en esta sociedad patriarcal. La escritora uruguaya Delmira Agustina sufrió en carne propio el machismo. Fue asesinada por su celoso esposo y después él cometió suicido.

En los anales del crimen de Francia se encuentra un resonado caso sobre la política, familia e historia judicial de dicho país.

En 1847, el Par de Francia y sobrino del rey Luis Felipe I, duque Charles Laure Hugues Theobald Choiseul-Praslin, asesina de treinta puñaladas a su esposa Fanny con quien procreara diez hijos. Hija única del mariscal Sebastiani (personaje de grandes influencias políticas).
Mediante el diario de Fanny y misivas enviadas a Theobald se dan cuenta del sufrimiento experimentado por la duquesa. Choiseul-Praslin en su desesperación ingiere arsénico para suicidarse. Ya en la prisión de Luxemburgo aparentemente muere en terribles sufrimientos. A la medianoche el cortejo fúnebre, sale hacia el cementerio entre medio de la llovizna y la oscuridad que reinaban en París.

El público enardecido nunca creyó que realmente murió si no que fue desterrado. En el examen médico legal se evidenció que tenía productos tóxicos en la orina, que quizás no fueron lo suficientemente letales para matarlo.

El duque Choiseul-Praslin se escapa a Londres donde vive por un tiempo. Luego reside en New York y New Orleans. Más tarde sale hacia una tierra lejana: Nicaragua.

En 1944 Ramón Romero publica en Nicaragua un estudio histórico sobre los hechos. Los acontecimientos fueron llevados al cine por Rachel Field, sobrina nieta de Henriette Desportes —la institutriz del hogar al momento del crimen— y a la novela por Stanley Loomis y Marjorie Bowen.

En el mundo de la ficción encontramos otros femicidios que pudieron ser basados en hechos reales. No nos olvidemos del caso muy conocido de Oliverio Castañeda ocurrido en la ciudad de León y plasmado en la novela Castigo divino de Sergio Ramírez.

En El fantasma de Canterville del irlandés Oscar Wilde, el espíritu después de haber asesinado a su esposa, pasa deambulando en la mansión durante tres siglos.

En La novia del ahorcado del inglés Charles Dickens, el personaje principal es ahorcado en el castillo de Lancaster, por el doble crimen perpetrado contra su hijastra y su joven enamorado quien observaba desde un árbol frente a la habitación de la víctima.

Lamentablemente, en Nicaragua a pesar que la Ley 779 existe, se continúan perpetrando estos crímenes. Sin embargo, gracias a los movimientos de lucha se está levantando conciencia de estos hechos aberrados.

También han surgido heroínas alrededor del mundo. La niña paquistaní Nujood, de diez años, fue vendida en matrimonio a un hombre de treinta años —quien la violaba después de golpearla—. Ella logra escaparse y denunciar al violador, convirtiéndose en figura central del movimiento yemení contra los matrimonios forzados e infantiles. La afgana Kubra Khademi —que de niña era manoseada y acosada en las calles de Kabul— se vistió con una coraza antigua desfilando en protesta por su ciudad. Fue apedreada por un grupo de hombres, teniendo que exilarse a París donde vive actualmente.

Históricamente el uxoricidio es un flagelo que ha existido todo el tiempo, lugar y nivel social. Sea este llevado a cabo en Francia, Inglaterra, Nicaragua o Yemen. ¡Basta ya!

Apoyemos a estas organizaciones que luchan por erradicar este mal. Imitemos a estas heroínas utilizando los medios que tengamos disponibles: ya sea con la pluma o gritando a viva voz como Nujood, y Kubra Khademi que supieron con mucho valor y valentía, protestar y denunciar este crimen y violencia perpetrado contra la mujer.
La autora es máster de Literatura Española.

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