Lo hermoso de este trabajo teatral de Caín y los perros dirigido por Mick Sarria, es que se realiza a partir de los talleres que se hacen con personas privadas de libertad. LA PRENSA/Roberto Fonseca/Archivo

Caín y los perros: una puesta en escena dramática, dinámica y afectiva

“Este trabajo —afirma Mick Sarria — se basa en dar a nuestro oficio el ‘yo’ más profundo, que ejercita la conciencia de nuestra memoria corporal y mental, como también emocional”

La nueva e ingeniosa propuesta teatral de Mick Sarria, Caín y los perros, es una obra que, por su estructura dramática, se nos presenta como un teatro contra el teatro.

Sarria —director de la obra— se asombra de su propio trabajo en escena, este puede verse como una deconstrucción de la estética dramática, para reconstruir un teatro, muchas veces pueril y pasivo, en un teatro dinámico, afectivo, pero sobre todo con sentido y significación de vida.

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Su propuesta se basa en la imagen teatral y como carece de diálogos nos presenta la figura de Caín como símbolo de la destrucción humana. En este personaje está centrada la decadencia, la destrucción, la violencia, la falta de humanismo, el caos, lo apocalíptico.

En tanto los perros vienen a ser una analogía de quienes sufren estos vejámenes, de aquellos que viven el infierno del mundo actual, donde ya la realidad supera la ficción y la imaginación.

Atmósfera fragmentada

Lo que me sorprende de la puesta en escena de Caín y los perros es su atmósfera fragmentada, que nos lleva a los principios del teórico Fritjof Capra, quien plantea que el gran problema de la humanidad es tener un pensamiento fragmentado, que lo hace pervivir un mundo falso, una sociedad encerrada en sí misma.

Cada personaje vive su vida desde su mundo, solo, perverso, fraccionado y sin ninguna esperanza, su angustia existencial.
Pero también es una obra contra el espectador, hay una actitud constante y predominada de agredir al público, hay como un cierto sabor a venganza, de escarnio, a ese que ve desde su asiento la puesta en escena.

Para ello lo realiza a través de los sentidos; olfativos al desbaratar con los pies cabezas de ajos; o el visual, al pintar a los personajes. Si a esto le agregamos el increíble lenguaje corporal, la gestualidad del dolor, la máscara facial del abandono y el olvido.

Talleres de teatro

Lo hermoso de este trabajo teatral es que se realiza a partir de los talleres de teatro que se hacen con personas privadas de libertad, se discute y experimenta a través de sonidos, construcción de imágenes físicas a mentales y de mentales a físicas alrededor del tema, “como el humano está presionando a la red de vida”.

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Otro elemento importante es su propuesta de teatro pos-humano, que es un reconstruir al ser humano en su dimensión universal.

“Este trabajo —afirma Mick Sarria — se basa en dar a nuestro oficio el ‘yo’ más profundo, que ejercita la conciencia de nuestra memoria corporal y mental, como también emocional”.

*Dramaturgo y crítico

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