Sin redes sociales no hay democracia

La era de la comunicación análoga llega a su punto culminante, desde que se inventó la telecomunicación en 1876, por Antonio Meucci y no Alexander Graham Bell. Las redes sociales surgieron en el año de 1997 con Si Degrees, luego en el 2003 aparece Hi5 que permitía perfiles de usuarios y listas de amigos, después […]

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La era de la comunicación análoga llega a su punto culminante, desde que se inventó la telecomunicación en 1876, por Antonio Meucci y no Alexander Graham Bell. Las redes sociales surgieron en el año de 1997 con Si Degrees, luego en el 2003 aparece Hi5 que permitía perfiles de usuarios y listas de amigos, después surgen Facebook, Twitter y otros más.

Hoy en día la gran mayoría de las personas tenemos acceso a la internet y cada vez hay más conectadas, ya sea para estar comunicadas en tiempos de ocio, para servicios financieros o para informarse y con fines educativos.

Las redes sociales, además de entretener orientan e instruyen. Sin embargo, mientras que para algunos son ventajosas, para otros representan un medio de abuso.

En algunos países de América Latina como México, Colombia y Brasil, las noticias falsas son vistas como amenaza para la democracia. Una columnista prestigiosa como es María Cristina Frías, del veterano diario brasileño Folha de Sao Paulo, dice que en ese medio se tomó la decisión de dejar de publicar sus informaciones en ciertas redes sociales, porque —según ella— “hay que luchar contra las informaciones erróneas que son amplificadas por Facebook, y porque para algunos se convierte en una necesidad social”.

El senador de la República Argentina, Esteban Bullrich, del partido del presidente Mauricio Macri, dijo que las redes sociales y la difusión de noticias falsas “pueden ser una amenaza para las democracias, pero también pueden ser una herramienta para acercarse a la gente”.

En Nicaragua, en los días posteriores al secuestro en Chinandega del niño de tres años Aristides Osejo Baca, el que afortunadamente apareció sano y salvo, el subdirector de la Policía Nacional, comisionado general Francisco Díaz, señaló que había circulado en las redes sociales la falsa noticia de una presunta banda de secuestradores de niños con fines de comercio de órganos —no aclaró si la banda está desarticulada— y aclaró que la noticia era de años atrás sobre una pandilla de delincuentes de México.

Algunas instituciones del Estado, como la Asamblea Nacional, Corte Suprema de Justicia, Policía y Ministerio Público fueron orientadas a abrir debates sobre el daño que esas publicaciones falsas en redes sociales representan para “la tranquilidad de la familia y amenazan el modelo de seguridad nacional ciudadana”. Por su parte, la magistrada presidenta del poder judicial, Alba Luz Ramos, la calificó de ciberbullying y ciberacoso porque va dirigido de forma especial al sector femenino y se utiliza para denigrar a las mujeres. Tanto el jefe policial Díaz como la doctora Ramos coincidieron en denunciar que en las redes sociales se disemina “fake news” (noticias falsas) por publicar estos reportes.

La consulta del oficialismo cayó como balde de agua fría en círculos periodísticos y políticos. La sociedad civil en general ha mostrado su preocupación y repudio a la posibilidad de censura planteada por los funcionarios. El obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Managua, monseñor Silvio José Báez, se pronunció diciendo que “deploramos las tentativas de las autoridades públicas de bloquear el acceso a la información —en internet o en otros medios de comunicación social— impidiendo la libertad de expresión y opinión”, lo cual es una forma de hacer censura.

Para bien o para mal, las redes sociales se han vuelto indispensables en la sociedad actual y políticamente son útiles para gobernados y gobernantes. Para muestra un botón: el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, despidió mediante un tuit a su secretario de Estado Rex Tillerson. Al igual que Trump otros presidentes anuncian sus decisiones por medio de Twitter, sin que sus funcionarios las conozcan previamente.
El autor es periodista, miembro de la APN.

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