Sacerdotes que destruyen tradiciones

Desde hace ya algunos años la Semana Santa ya no es igual en Nandaime. Es imposible encontrar aquellos viacrucis concurridos

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Desde hace ya algunos años la Semana Santa ya no es igual en Nandaime. Es imposible encontrar aquellos viacrucis concurridos, en los que se veneraba a la hermosa imagen de Jesús Nazareno de El Calvario. La epifanía de los Viernes de Cuaresma le fue arrebatada al pueblo por los sacerdotes.

Recuerdo, cuando estudiaba secundaria en el Colegio Diocesano, que uno esperaba con entusiasmo el viacrucis. Asistir a misa y luego cargar en hombros al Nazareno durante las quince estaciones dispuestas desde la Iglesia Santa Ana hacia El Calvario. Con nuestras guayaberas de uniforme bien planchadas y la peaña en hombros. Cuando el sol caía, los estudiantes del Diocesano entregábamos a Jesús a los creyentes que venían en el viacrucis, en medio del tintineo de los raspados, el olor a corozos y la devoción pronunciada de todo un pueblo.

Cada Viernes de Cuaresma era una procesión que catalizaba la creencia católica y la cultura popular de forma enérgica, como muy poco se ve en Nicaragua durante la Cuaresma. Y no se diga la solemnidad de la Vía Sacra penitencial del Viernes Santo. Lo mejor de los viernes era cuando Jesús regresaba a la Iglesia Santa Ana con marchas de los filarmónicos, que, en aquellos años, eran dirigidas por el propio maestro Víctor Tamariz, cuyo legado musical aún vive en las trompetas de los músicos de hoy.

Pero todo eso ha desaparecido. De forma intempestiva y caprichosa. Todo empezó cuando la Diócesis de Granada ordenó crear nuevas parroquias en Nandaime, entre ellas la del Calvario, la del Cementerio y otra en la Quinta Catalina para sumarse a la Parroquia de Santa Ana. Es decir, cuatro Jesús distintos; cuatro viacrucis diferentes para un casco urbano tan pequeño como el de Nandaime.

Aquí no se trata de cuestionar las necesidades de la labor evangelizadora de la iglesia, que, ante el crecimiento poblacional, busca expandir su misión con la creación de parroquias. Está bien. El problema del asunto es no entender y no respetar (que es lo peor) las tradiciones del pueblo.

Si bien es cierto que cada parroquia merece su Jesús, como sucede en todos lados, en Nandaime no se supo leer que el Jesús Nazareno de El Calvario es la figura unánime de la tradición de Semana Santa. No hay otro. Santa Ana es la patrona del pueblo, y Jesús el patrón de la Cuaresma. Lo que los sacerdotes hicieron al promover su propio viacrucis equivaldría a emular a Santa Ana en cada altar y celebrarla por separado, dividiendo y fragmentando la tradición.

Esta miopía responde, en mucha parte, a criterios económicos. Varias personas pertenecientes a estas parroquias en Nandaime coincidieron que la multiplicación de los viacrucis responde a la recaudación que los sacerdotes hacen cobrando cada estación cada viernes. Aunque hubo una propuesta de unificar de nuevo el viacrucis en Nandaime para retornar a la tradición, los sacerdotes fueron incapaces de ponerse de acuerdo… Y volvieron los viacrucis sin gente, sin color, por calles alternas, sin unión, con la devoción fracturada de los últimos años.

Veo esta situación con tristeza, como alguien que goza de vivir la tradición de los pueblos y no desde la acera del creyente. Los curas deberían de poner sus barbas en remojo antes que —como Judas en estos días— vendan por completo la devoción y la tradición en torno al Jesús Nazareno del Calvario con estos reordenamientos ceremoniales. Y, lo que es peor, que se vayan quedando sin gente para llenar las nuevas parroquias.

El autor es periodista y colaborador de Univisión Noticias en Nicaragua.

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