Crítica de cine | Un Lugar en Silencio

Aunque no seás fan del cine de terror, tenés que ver Un Lugar en Silencio, según recomienda nuestro crítico Juan Carlos Ampié.

Después de la animación infantil, el horror es el género cinematográfico más popular en la cartelera local. Cada semana tenemos al menos un estreno con posesiones diabólicas, monstruos aterradores y sangre derramada. De vez en cuando, aparece un filme que trasciende las convenciones sensacionalistas destacadas en el marketing. Ese es el caso de Un Lugar en Silencio.

Un prólogo de admirable economía narrativa establece los límites de la premisa, y la base del drama que se desarrollará en una hora y media de pura tensión. Estamos en un pueblo abandonado, digno de ser un escenario posapocalíptico. Una familia busca provisiones en una tienda saqueada. La mujer (Emily Blunt) carga a un bebé. El hombre (John Krasinski) cuida que sus otros dos niños no hagan ruido, por eso, decomisa las baterías que su hijo ha instalado en un juguete electrónico. Pero la niña (Millicent Simmonds) quiere consentir a su hermanito menor (Cade Woodward). Secretamente, le devuelve las baterías. Mala idea. El inocente ruido atrae a los monstruos que han asolado al mundo entero.

Un Lugar en Silencio se concentra en observar el modo de vida de sus personajes. No verá multitudes masacradas por los invasores, ni un científico exponiendo sobre sus motivos y morfología. El titular de un periódico viejo, tres palabras en un pizarrón, las acciones y reacciones de los protagonistas bastan para que armemos el rompecabezas. Que la familia esté asentada en una finca rural infunde veracidad en los esfuerzos del padre por alcanzar la autosuficiencia.

Tanto así sabemos: las brutales criaturas son virtualmente ciegas, y cazan gracias a un sobredesarrollado sentido del oído. Sabemos que existen más sobrevivientes porque en una breve escena, el padre prende una hoguera que se replica varias veces en la distancia. Los celulares y el internet han desaparecido. Paneles solares les permiten disponer de electricidad. Además de mantener a los suyos con vida —es decir, callados—, su objetivo más importante es enseñarle a los niños a valerse por sí mismos. No es tarea fácil, y menos con la niña. El trágico episodio al inicio de la película contamina su relación con el padre.

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Cuatro personajes principales, una sola locación con escenarios limitados y unas pocas líneas de diálogo… Los obstáculos conceptuales de Un Lugar en Silencio obligan a que la cámara diga lo que nadie más puede decir. Además de protagonizar, Krasinski debuta como director, sorprendiendo con una brillante puesta en escena. Tome nota de cómo la cámara revela gradualmente información que se traduce en complicaciones que hacen escalar la tensión. La anticipación es tan efectiva que cuando visualizamos a los monstruos se siente una pequeña decepción. Son apropiadamente horribles, pero no peor que cuando solo nos los imaginábamos. La ausencia de expresión verbal hace que el espectador esté más atento a los sonidos del ambiente, metiéndonos de golpe en el predicamento de los protagonistas.

“Si no podemos protegerlos, ¿qué somos?”, pregunta la mujer en un momento de crisis. Poco a poco, esta efectiva pieza de horror se revela como una reflexión sobre la paternidad, y cómo los problemas de comunicación convierten las relaciones humanas en un campo minado. La vida depende de que se hable. La niña, sordomuda de nacimiento, puede ser la más apta para este mundo, pero lo que permanece sin articularse entre ella y su padre se convierte en su mayor vulnerabilidad. Un Lugar en Silencio armoniza forma y fondo con gran habilidad.

Vea la cartelera: Un lugar en silencio

Sólidamente actuada por todo el reparto, se convierte en la película de horror que tiene que ver, aunque no sea seguidor del género. Así de buena es.

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