¿Hasta cuándo la violencia del poder machista?

Erradicar la violencia de género es posible donde existe un Estado de Derecho, donde las condiciones políticas, socioculturales y educativas son capaces de hacerle frente

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Según los acontecimientos que vemos cotidianamente, la violencia del poder del hombre sigue perpetuándose hacia las niñas, niños y adolescentes que la sufren diariamente culminando con el femicidio hacia las mujeres, que aún cuando denuncian previamente el maltrato intrafamiliar, siguen siendo víctimas de la violencia atroz. Es el caso del último femicidio perpetrado contra la doctora María Teresa Gaitán por parte de su excónyuge el pasado 5 de abril quien entró abusivamente de noche a su casa mientras ella dormía junto a sus dos hijas de 2 y 6 años, asfixiándola para luego escapar. La doctora Gaitán ya había expuesto una denuncia en el 2015 por violencia intrafamiliar. Evidentemente, las denuncias no detienen a los femicidas.

En un reportaje del 21/8/2016 de LA PRENSA sobre los grandes asesinatos de Nicaragua, refiere uno que me llama particularmente la atención por la atrocidad de los acontecimientos y la indefensión de las mujeres implicadas que fueron condenadas en el juicio. El hecho resale a mayo de 1950 en la ciudad de León, donde el ebanista Santiago Campuzano, reconocido por la población como una persona pulcra y buen trabajador, fue asesinado por dos hombres pagados por parte de su esposa Gertrudis Sequeira y de su hija Blanca.

En la narración del cronista de LA PRENSA de la época, señaló que las “dos desalmadas mujeres confesaron que habían concertado de antemano la muerte de su marido y padre”. En las declaraciones de madre e hija de 18 años, narraron versiones de terror: el pulcro ebanista era un fiel alcohólico que al regresar a casa, mantenía a su esposa e hija secuestradas y maltratadas. A su hija la violaba desde la edad de los 11 años enfrente a su madre y, a veces, las sujetaba a las dos con una soga en la misma cama y las violaba de forma alterna.

El día de la liberación de las ataduras del esposo y padre, Blanca llevaba ya en el vientre, un embarazo de seis meses de su hijo y hermano a la vez. Los hombres implicados en el asesinato fueron condenados a 20 años de prisión, los mismos años a los que fue condenada Gertrudis, mientras que su hija Blanca salió de prisión seis meses después de haber dado a luz.

¿Si las mujeres víctimas de violencia hubieran denunciado al agresor, habrían sido creídas? Este acontecimiento ocurrido hace más de sesenta años nos deja mucho que pensar. Pareciera que la justicia siga siendo para muchos una vaga ilusión. Según el historiador Bayardo Cuadra, ningún abogado quiso “manchar su hoja de vida defendiéndolas”.

¿Qué ha cambiado en las relaciones de poder del hombre hacia la mujer? Y, sobre todo, ¿ha cambiado algo en nuestra cultura machista que sigue transmitiendo una educación de desigualdad, subordinación y falta de respeto hacia la mujer y la diversidad en la opción sexual? ¿Qué criterios seguimos teniendo sobre las masculinidades?

La diferencia es que tal vez ahora le vamos dando nombres más adecuados, pero si no se adoptan políticas públicas de amplio espectro, sobre todo en relación con la educación y la justicia, los pasos son lentos.

En Kenia se está desarrollando el programa “ImPower” para erradicar la violencia de género y es dirigido a las escuelas y bares de Nairobi, cuyo objetivo es reducir el abuso sexual, los embarazos de adolescentes y la deserción escolar, temas que están relacionados entre sí. Va dirigido a una franja de edad de 10 a 20 años, donde las niñas adquieren herramientas para defenderse del acoso en la calle y la agresión sexual. Los niños, durante seis semanas van a clases donde aprenden a rechazar la violencia como forma de poder. Se promueve la conciencia de frenar estas manifestaciones para construir nuevas formas de relación.

Erradicar la violencia de género es posible donde existe un Estado de Derecho, donde las condiciones políticas, socioculturales y educativas son capaces de hacerle frente.

El lema “Ni una menos” debería algún día convertirse en la memoria del “Nunca más” a través de la justicia como derecho constitucional enraizado en nuestra cultura.

La autora es doctora en Psicología.

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