The Wall Street Journal: «Ortega se tiene que ir»

Los prestigiosos medios internacionales, The Wall Street Journal y The Economist hablan del fin de la segunda era de Ortega en Nicaragua

Daniel Ortega junto al jefe del Ejército de Nicaragua, Julio César Avilés, durante una conferencia para hablar sobre las protestas en Nicaragua. LA PRENSA/ CAPTURA

El jefe del Ejército, el general Julio César Avilés, no ha tenido problema en aceptar la bandera partidaria del Frente Sandinista en actividades institucionales, mezclando al Ejército que debe ser una institución de carácter nacional con los intereses de un partido político. LA PRENSA/ARCHIVO

El influyente periódico estadounidense The Wall Street Journal publicó esta semana un editorial  titulado «Ortega tiene que irse» en el que describe como dictador al presidente designado por el Consejo Supremo Electoral (CSE) Daniel Ortega y lo acusa de apoderarse, junto a sus camaradas, de millones de dólares durante su mandato.

La publicación con sede en Nueva York se especializa en temas económicos, es una de las de mayor circulación en Estados Unidos y figura entre las que más suscriptores tiene en su edición digital. En su publicación admite que la crisis surgida a raíz de una polémica reforma al reglamento de la Ley de Seguridad Social –que tras el conflicto fue derogada–, aún no ha terminado.

The Wall Street Journal es el diario de negocios más importante del mundo. Es considerado lectura obligada de los inversionistas más importantes del mundo.

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Dicho editorial indica que tras cinco días de violentos enfrentamientos entre manifestantes y los «ejecutores» del Gobierno, a inicios de esta semana la Embajada de los Estados Unidos en Managua  tuvo que sacar del país a todo el personal no esencial y familiares.

Se apoderó de millones de dólares con la piñata

Además, la publicación describe a Ortega como el revolucionario sandinista que llegó al poder en 1979 con el respaldo soviético y cubano. Y asegura que el autodenominado defensor de los pobres en una lección de socialismo, durante más de una década de gobierno, junto a sus camaradas se apoderaron de millones de dólares en propiedades en un acción conocida como la piñata.

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El editorial añade que aunque Ortega tuvo que dejar el poder el 1990 «lamentablemente» mantuvo el control de los militares y en 1999 pactó con el presidente liberal Arnoldo Alemán una reforma a la Ley Electoral redujo a 35 por ciento el umbral de votos necesarios para ganar la presidencia, asegurándose con el ello su regreso al poder.

A cambio, Ortega evitó que Alemán terminara en la cárcel por las acusaciones de corrupción.

Por su parte la revista semanal inglesa The Economist en un artículo que en su edición digital tituló «El final violento de la década de silencio de Daniel Ortega» relata que «después de pelear con las empresas, la iglesia y los Estados Unidos durante su primer período en el cargo, el señor Ortega se reinventó a sí mismo como un católico conservador que prometía estabilidad a sus antiguos adversarios».

Se ganó a los líderes empresariales

Y dice que se «ganó a los líderes empresariales con políticas macroeconómicas ortodoxas, incluso insertando un diálogo permanente de búsqueda de consenso entre el estado y el sector privado en la Constitución». Según la publicación esto «le dio a las grandes empresas condiciones económicas predecibles e influencia sobre las leyes a cambio de mantenerse fuera de la política».

The Economist tiene su sede en Londres, Inglaterra y aborda las relaciones internacionales y la economía de manera global y en su edición impresa publicó este escrito en la sección de Las Américas bajo el título «Un autócrata se tambalea».

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Actualmente Nicaragua afronta una crisis política inédita en los diez años de Gobierno de Ortega, que sacó a las calles a sus paramilitares a reprimir las protestas pacíficas promovidas por estudiantes universitarios y apoyadas por gran parte de la población, que han dejado más de sesenta muertos, según cifras de los organismos de Derechos Humanos. La mayoría de estos han muerto por disparos en la cabeza y el cuello, lo que confirma, según los organismos, que la misión era disparar a matar a los protestantes.

The Economist: segunda era de Ortega ha llegado a su fin

La publicación inglesa explica que los estudiantes que lideran la protesta piden la renuncia inmediata de Ortega, solicitud que también hacen algunos líderes empresariales que consideran necesario que se retire del cargo antes que termine su mandato en 2021.

«Sin embargo, es probable que el punto álgido en cualquier negociación sea su elección de sucesor. Si insiste en presentar a su esposa y en usar su control de las instituciones estatales para asegurarse de que gane, es probable que las protestas aumenten», advierte el artículo publicado por The Economist.

Y concluye diciendo que «por ahora, el señor Ortega aún conserva un firme control del poder. Su vuelta de tuerca a la reforma de las pensiones muestra que, a diferencia de Nicolás Maduro, sucesor de (Hugo) Chávez en Venezuela, está dispuesto a batirse en retirada táctica cuando se haya excedido.

Pero ahora que Nicaragua debe vivir dentro de sus posibilidades, el presidente ya no puede esperar disfrutar de un poder casi absoluto sin enfrentar una oposición enérgica» y considera que en ese sentido la segunda era de Ortega en el país ya ha llegado a su fin.

“Ortega y Somoza”

El columnista Andrés Oppenheimer en un artículo publicado en el Miami Herald dice que la dictadura familiar de (los Ortega-Murillo) respaldada es similar a la del fallecido dictador Anastasio Somoza, por lo que no le sorprende que los cantos antigubernamentales en las calles de Nicaragua durante las protestas sean “Ortega, Somoza, son la misma cosa”. También menciona que para su “sorpresa y repulsión”, algunos empresarios nicaragüenses le han dicho en los últimos años que Ortega ha sido el mejor presidente que han tenido, porque permitía que los empresarios hicieran lo que quisieran, siempre que no interfirieran en sus planes para acumular poder.

No hay buen dictador

En el periódico estadounidense Miami Herald el influyente periodista Andrés Oppenheimer escribió la columna: La crisis de Nicaragua muestra que, para los líderes empresariales en las Américas, no hay tal cosa como un buen dictador.

El escrito señala que “los recientes acontecimientos trágicos en Nicaragua, en los que hasta 30 personas murieron en protestas antigubernamentales, deberían convertirse en un caso de libros de texto en todo el mundo sobre lo que sucede cuando la comunidad empresarial de un país colabora con un dictador. Casi siempre termina mal” y añade que afortunadamente el Cosep y sus cámaras parecen haber aprendido la lección en los últimos día.

La gente perdió el miedo

The Washington Post, uno de los diarios más antiguos de los Estados Unidos publicó un articulo titulado «‘La gente perdió el miedo’: cómo la nueva revolución de Nicaragua tomó forma», donde relata la situación de vive el país y la trascendencia que significa para los gobiernos de izquierda de América Latina donde sus líderes han muerto, como Fidel Castro en Cuba, Hugo Chávez en  Venezuela y en el caso de Nicaragua Daniel Ortega podría estar enfrentando el fin de su era como dirigente presidencial.

«Ortega, su esposa, Rosario Murillo, que es vicepresidente, y sus familiares han enfrentado acusaciones de enriquecimiento con fondos del gobierno. Su relación con la comunidad empresarial se ha deteriorado a medida que más decisiones se toman esencialmente por decreto», dice el artículo del The Washington Post.

Nicaragua al borde, una vez más

Y en  The New Yorker, se publicó un articulo donde destaca la represión que viven los medios de comunicación independientes y los sabotajes que han hecho a las páginas web de esos medios de comunicación, a su vez menciona la relación de Rosario Murillo con LA PRENSA,  la crisis que enfrenta la línea de izquierda en la región Latinoamericana y la dedicatoria que hizo Sergio Ramírez, tras recibir el Premio Cervantes por su vida literaria.

«Parte de lo que hace que las recientes protestas en Nicaragua sean tan notables es que, en medio de un colapso de la izquierda política en América Latina que está en marcha, Ortega estaba empezando a parecerse al Gran Superviviente. El venezolano Hugo Chávez está muerto, y su torpe sucesor, Nicolás Maduro, preside un país que se está desintegrando. El otrora popular líder de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, está en prisión. En Cuba, la era de Castro ha terminado, al menos en términos de herencia sanguínea. Por ahora, solo los bolivianos Evo Morales y Ortega permanecen en el poder fuera del club original de los fundamentalistas «Pink Tide»», menciona el escrito The New Yorker

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