Mensaje del expresidente Enrique Bolaños

Hoy, una vez más, en Nicaragua se está haciendo historia. Mi admiración por estos jóvenes que están dándonos nuevamente la esperanza de un futuro mejor para todos, aunque me entristece la innecesaria pérdida de valiosas vidas por la injusta represión por el abuso de fuerza de las autoridades.

Enrique Bolaños Geyer, Presidente de Nicaragua entre 2002 y 2007. LA PRENSA / Jader Flores.

Enrique Bolaños Geyer, Presidente de Nicaragua entre 2002 y 2007. LA PRENSA / Jader Flores.

El 10 de enero de 2007 terminó mi período en la Presidencia de la República de Nicaragua y regresé a mi vida privada a dedicarme a la creación de la Biblioteca Virtual Enrique Bolaños, que crece a diario y que hoy es la fuente más extensa de valiosos documentos nacionales de gratis y libre disponibilidad para el público en general.

Recientemente publiqué un libro llamado La Lucha por el Poder en el que describo la historia de Nicaragua que resumo como la historia de la lucha violenta fratricida por la conquista del poder político del país, en donde esa constante actitud violenta desatada durante toda nuestra vida independiente, es la principal causante de que Nicaragua llegara a ser, como lo es hoy, el país más pobre de América Latina, a pesar de haber sido bendecido por el Creador de grandes riquezas naturales.

Nuestra historia revela la recurrente violencia causada por los caudillos en sus ambiciones por conquistar el poder político del país, con la intención de lucrarlo de por vida. El último episodio de violencia —el de este mes de abril de 2018— es una repetición de cualquiera de los anteriores causados por avaricia, engaño y corrupción.

En cada confrontación por esa avaricia del caudillo, al pueblo le ha tocado poner los muertos, al país le ha tocado pagar las consecuencias y los caudillos se han quedado con el botín, que en última instancia es lo que buscaban.

Para eso, los caudillos han mantenido secuestrada la paz social y han administrado la violencia a su conveniencia, alimentando nuestras diferencias para impedir un acuerdo social basado en la justicia que permita pacíficamente alcanzar un decente nivel de prosperidad y felicidad para todos.

Sin embargo, tal como lo decía Pablo Antonio Cuadra, no todo es culpa solo del caudillo; debe incluirse la gran responsabilidad de quienes le halagan y aprueban todos sus deseos y arbitrariedades. El caudillo es tan fuerte como por contraste es la sumisión y debilidad de quienes lo rodean.

No hay dudas de que el nicaragüense tiene en su acervo histórico muchos actos de grandeza ciudadana. Los jóvenes estudiantes universitarios, a quienes Monseñor Báez llama “nuestra reserva moral”, acaban de dar prueba de su valentía en su lucha en defensa de sus padres, abuelos y de ellos mismos, al sentirse despojados de sus derechos de salud y pensiones de retiro por el desfalco de los ahorros y recursos del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS), cometido por sus funcionarios.

La marcha del 23 de abril convocada por el COSEP, fue multitudinaria al ser infiltrada y arrebatada por el descontento nacional del pueblo, que se autoconvocó para denunciar también a todas las demás instituciones del Estado de lo mismo que se inculpa al INSS.

Cuando los Poderes del Estado y otras instituciones se conduzcan con la dignidad que la naturaleza de sus funciones patrias les demandan, cuando dejen de vivir bajo el mando del caudillo de turno, entonces Nicaragua será la patria que todos soñamos.

Cada día deben sumarse empresarios, sindicalistas, trabajadores, estudiantes, docentes, campesinos, hombres y mujeres al ejército de quienes queremos que nuestra amada Nicaragua llegue a ser una patria venturosa para todos.

Tal como alguien dijo: “Pocos tendrán la grandeza de hacer historia, pero cada uno de nosotros puede trabajar para cambiar una pequeña porción de eventos, y es de esos innumerables actos de coraje y fe que se hace historia”. Cada vez deberán ser menos los que se atrincheren en defensa de sus intereses egoístas.

Hoy, una vez más, en Nicaragua se está haciendo historia. Mi admiración por estos jóvenes que están dándonos nuevamente la esperanza de un futuro mejor para todos, aunque me entristece la innecesaria pérdida de valiosas vidas por la injusta represión por el abuso de fuerza de las autoridades.

Hace trece años, en abril 2005, siendo presidente de la República preferí ir personalmente a enfrentar las turbas que la oposición dirigida entonces por el comandante Ortega, me envió. De esa manera evité el derramamiento de sangre a riesgo voluntario de mi propia vida. Hoy —de presidente a presidente— le hago un reclamo al comandante Ortega por su gravísimo desacierto en permitir que las fuerzas del orden usaran excesiva violencia que resultara en tantos sacrificios injustificables. La vida humana es sagrada y debe protegerse siempre.

Va mi profundo sentimiento de pesar a las familias de todos los fallecidos en estos últimos acontecimientos.

El autor es fue presidente de Nicaragua

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