Nicaragua lo que quiere es democracia

Hasta llegar a la quiebra técnica de la institución que se supone garantiza a nuestros adultos mayores y a la fuerza laboral de hoy, una vejez digna

Los nicaragüenses estamos viviendo los primeros aires de nuestra propia primavera gracias al sacrificio de nuestros hijos. Cuando Rubén Darío inmortalizó la frase “juventud divino tesoro” lo hizo bajo la inspiración del Creador, pues no existe en el hombre una etapa más bella, generosa y noble que los años de nuestra adolescencia, en donde un ideal, una causa, valen más que la propia vida.

Al momento de escribir este artículo (24 de abril) nuestros jóvenes llevan seis días luchando contra las tenebrosas fuerzas de un régimen al que la soberbia y la avaricia, lo hicieron creerse eterno, llevándolo a perpetrar los más abominables actos, entre ellos, violaciones a nuestros derechos humanos y políticos y la institucionalización de la corrupción que ha permitido el enriquecimiento ilícito de todo el aparato del Estado. Hasta llegar a la quiebra técnica de la institución que se supone garantiza a nuestros adultos mayores y a la fuerza laboral de hoy, una vejez digna.

La prepotencia del presidente del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS) al leer el decreto que le permitiría continuar con el festín, fue el detonante que hizo exclamar a nuestra juventud Basta Ya, iniciando una protesta mil veces justa, protesta que quienes nos desgobiernan no podían permitir porque tocaba su caja chica, en otras palabras, ponía en peligro las más de tres mil plazas que les aseguran la obediencia y manipulación de una buena parte de su “militancia”. Esto fue lo que los llevó a tratar de sofocar las protestas haciendo uso de sus turbas y su policía, con la orden de reprimirlas a cualquier precio. Orden que cumplieron dando como resultado más de treinta jóvenes asesinados, alrededor de tres mil heridos a lo largo y ancho de la nación y aproximadamente trescientos detenidos. Ese desigual enfrentamiento hizo el milagro de despertar nuestras conciencias y nos tiene al borde del rescate de nuestra democracia perdida.

Para lograrlo, tenemos que seguir apoyando a nuestros jóvenes y no permitir que el gobierno mediatice el diálogo propuesto. Debemos asegurarnos que la OEA retome con responsabilidad la implementación de los acuerdos firmados con Ortega, que por lo menos una organización de prestigio internacional sea garante junto con nuestros obispos de los compromisos que se contraigan, que el gran capital y la pequeña empresa estén bien representados, que los miembros de la sociedad civil que se nombren sean en realidad factores de cambio y no socios de la dictadura. Si el Gobierno quiere incluir a sus socios que lo acompañaron en el último fraude, que lo haga pero que se sienten junto a él, porque estos no representan de ninguna manera la causa por la que nuestros jóvenes están luchando.

Para finalizar considero que la agenda del diálogo debe ser única y exclusivamente para preparar las condiciones para que nuestro voto se cuente, que cese la corrupción en el poder judicial y que ponga un freno al festín de los funcionarios del Gobierno con el presupuesto de la nación.

Solo así podemos aspirar a dejar de ser el país más corrupto de América después de Venezuela e iniciaríamos con buen suceso la marcha hacia la ansiada democracia. Cualquiera que creyéndose listo pretenda desvirtuar lo alcanzado gracias al sacrificio de los jóvenes héroes y mártires del 19 de abril merecerá más que nuestro repudio. Después que hayamos rescatado nuestra democracia, debemos de honrar la memoria de esos jóvenes que murieron para hacerla posible. ¡Viva nuestra juventud!

El autor es analista político

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