Lecciones de la represión brutal

Al momento de redactar este artículo de opinión, se habían contabilizado más de 30 muertos por las protestas

CIDH, derechos humanos

La brutal represión gubernamental en contra de los estudiantes universitarios dejó varias lecciones a la sociedad nicaragüense.

En primer lugar despertó a la juventud nicaragüense el 19 de abril del 2018 ante tantos abusos de la pareja presidencial. Los primeros brotes de violencia se originaron cuando un grupo de jóvenes se autoconvocó en Camino de Oriente para protestar contra las reformas a la Seguridad Social incrementando las cotizaciones de los trabajadores, empresarios y clavando un impuesto del 5 por ciento a las pensiones de los jubilados. Después las protestas se trasladaron a la UNA, UNI, UCA y la Upoli.

Pero, va nuestro reconocimiento a la Upoli, que fue el baluarte de la resistencia y dignidad de la sociedad que no sucumbió ante los ataques de la Policía de Ortega, acompañados de las turbas divinas y motorizadas.

Al momento de redactar este artículo de opinión, se habían contabilizado más de 30 muertos por las protestas.

Como bien dijo el obispo Silvio Báez, la juventud nicaragüense es la reserva moral de nuestra sociedad, por lo que todos los sectores del país estamos en deuda con nuestros jóvenes.

En segundo lugar, el FSLN perdió las calles. La gente, con el liderazgo de los universitarios, perdió el miedo y salió a protestar en las calles en todos los departamentos del país. La marcha del 23 de abril para solidarizarse con los universitarios de la Upoli con miles y miles de managuas integradas por empresarios, obreros, profesionales, banqueros, oficinistas, estudiantes, y amas de casa pasará a la historia como el principio del fin de la pretendida dinastía Ortega Murillo, porque de que se van se van. Tengan la plena seguridad que se acabaron los fraudes electorales y que la sociedad nicaragüense se quedará indiferente. Por fortuna de la mayoría, Nicaragua ya no es la misma después del 19 de abril.

En tercer lugar, la imperiosa necesidad de instaurar un verdadero diálogo nacional, sugerido desde el 2014 por los obispos de la Conferencia Episcopal de Nicaragua, pero se estrelló contra la arrogancia de la pareja presidencial. Recuerdo que el mandatario designado, Daniel Ortega, les dijo a los obispos en la reunión que el documento que le iban a entregar sobre la instauración de un diálogo ya lo había leído.

En este diálogo deben estar representantes de amplios sectores de la vida nacional, empezando por los jóvenes que se rebelaron al régimen, académicos, trabajadores, empresarios. Ojo, no debe ser para que el Gobierno tome oxígeno y gane tiempo para que la brutal represión a los universitarios se olvide. Debe ser para discutir temas como democracia, Estado de Derecho, celebración de unas elecciones libres y transparentes, el alto costo de la vida y reformas a la Seguridad Social, entre otros.

En cuarto lugar fuimos testigos del verdadero espíritu de solidaridad entre los ciudadanos para impedir el saqueo a comercios de parte de las turbas divinas. Personalmente presencie dos casos: el primero fue en el supermercado La Colonia de Monseñor Lezcano. Iba en mi vehículo acompañado de mi hijo en busca de agua y comida. Al llegar observé que habían como cien personas rodeando el supermercado que estaba cerrado, mientras en la acera opuesta estaban otro centenar de motorizados. A los pocos segundos, llegó una patrulla de la Policía y se bajaron varios policías armados. Las personas empezaron a aplaudir.

Me acerqué y pregunté a una señora qué pasaba. “Lo que pasa es que estamos protegiendo el súper porque los pandilleros quieren saquearlo y si lo hacen dónde vamos a comprar comida para los niños”, me dijo.

En el Mercado Oriental, mientras Heizell lloraba y urgía a Pablo para que se apurara a sacar mercadería de su local —porque la gente pasaba corriendo gritando que las turbas ya estaban en la esquina—, presencié como los comerciantes estaban organizados con bates y garrotes para defenderse. Felizmente no llegaron.

En quinto lugar, quiero felicitar a mis colegas Dino Andino, Arnulfo Peralta y Frida Montes por darnos un ejemplo de dignidad, respeto a la profesión y sobre todo patriotismo al renunciar al oficialista Canal 2 que llamaba vándalos y pandilleros a los universitarios. ¡Gracias muchachos!

Finalmente el poder judicial será puesto a prueba otra vez. Ya veremos si capturan y llevan a juicio a los responsables de las muertes de los protestantes.

El autor es periodista.

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