Podar para dar fruto

No podemos refugiarnos bajo la sombra de la mentira y la hipocresía que nos mantiene en la apariencia de un ser que no somos y de una palabra que no vivimos.

El estar unidos al árbol, en comunión, es la condición para permanecer, superar y dar fruto, por eso Jesús nos dice que: “Yo soy la vid y ustedes los sarmientos” (Jn. 15, 5). Yo soy el árbol y ustedes las ramas. Vid y sarmientos, árbol y ramas necesitan vivir en comunión.

La vid es la fuente de la vida y la que origina el fruto de los sarmientos. Entre vid y sarmientos tiene que haber una comunión perfecta. Sarmientos sin estar unidos a la vid, se secan y mueren. Jesús es la vid y nosotros los sarmientos. Por eso nos dice Jesús: “Permanezcan en mí y yo en ustedes. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí solo, si no permanece en la vid, tampoco ustedes, si no permanecen en mí” (Jn. 15, 4).

La verdad es que es necesario vivir en comunión con Jesús y su Palabra. No podemos ser cristianos, si no estamos en comunión con Jesús. Pero la verdad es que “la vida nuestra es como la vida de un árbol”: lo nuestro es dar frutos y cada día más abundantes y mejores (Jn. 15, 8.16). Nuestra vida se identifica por los frutos que da, como decía Jesús: “Por los frutos les conocerán” (Mt. 7, 16.20).

Hay mucha hojarasca inútil y dañina en nuestra vida que tenemos que eliminar porque nos impiden crecer y dar los frutos que deberíamos. ¡Cuánta “poda” habría que hacer en nuestra patria, en todos sus ámbitos para que efectivamente los que trabajan en ella den frutos de bienestar para el pueblo y para cada uno de sus ciudadanos sin distinción alguna!
¡Cuánta “poda” habría que hacer en nuestras comunidades, para que se superen los conflictos, se dé paso al perdón y se aparte toda clase de violencia física, psicológica y verbal!… ¡Cuánta poda habría que hacer para evitar de una vez para siempre toda clase de corrupción, deshonestidad y fanatismo!

¡Cuánta “poda” habría que hacer en el mismo seno de nuestras familias! Son muchas las actitudes que en ellas se toman que entorpecen la convivencia y la armonía entre sus miembros. Hay muchos egoísmos que se cultivan y se fomentan. Hay muchas formas de educar que son inútiles y dañinas.

¡Cuánta “poda” habrá también que llevar a cabo en el árbol de nuestra Iglesia y de nuestras comunidades cristianas!: El afán de poder entorpece nuestra misión que es servir. Muchas veces nos llenamos de palabras y tenemos pocas obras de misericordia. Decimos una cosa y hacemos otra, nos cuesta comprometernos y responsabilizarnos con Dios y los hermanos.

Hay mucha hojarasca inútil y dañina dentro de nuestra misma iglesia y sus responsables y que es necesaria podar para que la Iglesia dé el fruto que Jesús espera de ella.
La “poda” es necesaria para que el árbol de la vida crezca y sus frutos sean cada vez más buenos y abundantes. No podemos refugiarnos bajo la sombra de árboles llenos de hojas, pero sin frutos algunos. Jesús maldijo la higuera porque no tenía frutos (Mt. 21, 19).

No podemos refugiarnos bajo la sombra de la mentira y la hipocresía que nos mantiene en la apariencia de un ser que no somos y de una palabra que no vivimos.

Necesitamos esa poda, muchas veces dolorosa, porque significa ruptura, pero siempre beneficiosa porque nos lleva a dar los frutos que Dios y la vida esperan de nosotros. Las podas son necesarias para que los frutos sean buenos y abundantes.
Podar, para dar fruto: la humildad, la sencillez, el servicio hacia los demás, la solidaridad para con los sufrientes, el perdón ante las ofensas, la entrega de nuestra persona en la vida de todos los días.

El autor es sacerdote.

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