Crisis de los derechos humanos

La situación de Nicaragua refleja una crisis política y del Estado de Derecho, pero sobre todo pone en evidencia una profunda crisis de los Derechos Humanos.

Dr. Alejandro Serrano Caldera, jurista, filósofo y escritor nicaragüense. Jader Flores/ LA PRENSA

Dr. Alejandro Serrano Caldera, jurista, filósofo y escritor nicaragüense. Jader Flores/ LA PRENSA

La situación de Nicaragua refleja la existencia de una crisis política y del Estado de Derecho, pero sobre todo, pone en evidencia una profunda crisis de los Derechos Humanos.

El objetivo de este escrito, además de referirse a las principales características del problema actual, es, principalmente, el de tratar de señalar lo que a nuestro juicio constituye la causa de la crisis, la que permanece, más allá de los frecuentes cambios coyunturales y tácticos que se producen en su manifestación externa.

La reforma de la Ley de Seguridad Social mediante Decreto Ejecutivo, en el que de manera unilateral se introdujeron una serie de cambios a lo establecido legalmente, provocó la reacción de diferentes sectores de la sociedad, particularmente de los jóvenes universitarios, quienes han asumido el liderazgo de las protestas.

Además de la situación referida a estas medidas unilateralmente decididas, en el momento presente cabe resaltar la situación que se ha producido a partir de la reacción violenta e injustificada de parte del Gobierno, el uso de las fuerzas de choque y de la Juventud Sandinista y la agresión de la Policía Nacional y los antimotines a los grupos de protesta, todo lo cual ha creado una situación de confrontación que trasciende al tema originario del Seguro Social, y ha generado un contexto de violencia en el que lamentablemente han perdido la vida varias personas y sufrido lesiones muchas otras.

Es inadmisible la actitud del Gobierno frente a estas manifestaciones de protesta. En primer lugar, porque este es un derecho fundamental que no puede ser arbitrariamente eliminado mediante el uso abusivo del poder, en detrimento de la integridad de las personas que protestan; además, y esto es también sumamente importante, porque detrás de esa acción transgresora y agresiva, se encuentra como causa que la produce, un menosprecio a valores y principios éticos y jurídicos que formulan las normas elementales de lo que debe ser una conducta acorde con los principios morales y legales que sirven de soporte a la dignidad y estabilidad de toda sociedad.

Creo que ante los hechos ocurridos hasta el momento, a los que habría que agregar la violación a la libertad de expresión y la restricción a medios de comunicación, de manera particular a ciertos canales de televisión, como el caso de 100% Noticias, es imprescindible que la ciudadanía exija al poder el respeto al derecho y a los valores que hacen posible la estabilidad de toda comunidad; que todos, independientemente de intereses políticos, de partidos, ideologías o grupos sociales, exijamos de manera consciente y enérgica, la defensa de esos valores fundamentales a la existencia individual y colectiva, como son la dignidad, la integridad, la libertad y la justicia, entre otros.

La ausencia de tales valores conlleva a situaciones como la que está padeciendo nuestro país, pues ante la violencia del poder, se ha creado un clima de enfrentamiento y confrontación, que ha llevado a los lamentables resultados de la pérdida de vidas humanas y daños a la integridad física y moral de las personas.

Se trata de participar en la defensa no solo de los derechos particulares violentados por esas acciones abusivas e ilegales, sino de la defensa de principios y valores de carácter general, que otorgan su propia naturaleza a los hechos y acciones particulares.

Se trata de asumir la defensa de los valores generales que conforman el núcleo de los Derechos Humanos, verdadera filosofía moral de nuestro tiempo.

La naturaleza de la crisis trasciende al punto específico de la Seguridad Social; de él se han derivado situaciones que evidencian una crisis de mayor profundidad. Entre estas situaciones que revelan la gravedad del conflicto, podrían mencionarse: la idea autocrática del ejercicio del poder; la convicción de que este es propiedad de quien lo detenta sin más regulaciones que los propios límites a sus posibilidades de aplicación; la intolerancia; la acción violenta contra el adversario; el irrespeto a los valores y principios que sustentan los Derechos Humanos, la Democracia y el Estado de Derecho.

Por todo ello se vuelve imperativa la realización de un diálogo amplio e incluyente, en el que participen diferentes sectores de la sociedad y en el que se traten, además de los temas referidos a la Seguridad Social, aquellos otros de carácter fundamental relativos a los Derechos Humanos, la democracia y el Estado de derecho.

Es además necesario para que el diálogo pueda realizarse, tal como lo ha expresado el Cosep y algunos miembros de la Conferencia Episcopal, el cese de la represión, la puesta en libertad de los detenidos en relación con este conflicto, el respeto pleno a la libertad de expresión, restableciendo el funcionamiento libre de todos los canales de televisión sin considerar posiciones de carácter político o ideológico. Entre otras cosas.

Los derechos humanos son la piedra angular de la sociedad y la democracia en nuestro tiempo. Mientras existan como texto fundamental de la sociedad nacional, en particular, y de la comunidad humana en general, hay esperanza. Su defensa es la labor más importante del mundo contemporáneo, y exige fortalecer una ética y una escala de valores que responda a las exigencias del momento presente. Esta filosofía moral debe preservar y perfeccionar los alcances obtenidos a través del reconocimiento de los derechos civiles y políticos y los derechos económicos, sociales y culturales, asumidos en las constituciones y leyes ordinarias de la mayoría de los países del mundo.

Es innegable la necesidad de proteger al ser humano en su individualidad contra los abusos del Estado y del poder y de mejorar los mecanismos jurídicos de protección, nacionales e internacionales. El ser humano como tal, tiene derecho a la vida, a la integridad, a la dignidad y a la libertad, cualquiera sea su situación socioeconómica, política o ideológica y cualquiera el país donde se encuentre. Este es un principio universal y genérico.

En ese sentido, y tomando en cuenta los sucesos acontecidos en Nicaragua, hay que estar conscientes de la necesidad insoslayable de proteger al ser humano frente al poder y sus abusos, y frente a la deformación demagógica que pretende justificar la agresión contra la persona en nombre de la razón de Estado, defensa de la colectividad y del futuro, como si fuera posible construir la esperanza, la libertad y la justicia sobre la violencia y el atropello de los derechos fundamentales de la persona.

Debe lucharse para que prevalezcan la democracia, el Estado de Derecho y la supremacía de la Constitución y las garantías en ella consagradas, contra el autoritarismo y el poder autocrático.

Los Derechos Humanos son la base integral de la Democracia. El derecho a la democracia, la libertad, la paz y el desarrollo, ha hecho de los Derechos Humanos la dimensión espiritual de nuestro tiempo y la plataforma sobre la cual se sustentan los fines y objetivos más preciados de la sociedad contemporánea.

La defensa de los Derechos Humanos conlleva necesariamente la defensa del derecho a las manifestaciones cívicas y pacíficas; su ejercicio libre, es una puesta en práctica del reconocimiento de esos valores y principios constitutivos de la dignidad y libertad del ser humano.

El autor es jurista y filósofo nicaragüense.

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