La tarea pendiente

Con la autoridad moral de mis muchos años de lucha inclaudicable contra las dos dictaduras que han querido perpetuarse en Nicaragua (somocista y orteguista) y ante los trágicos acontecimientos acaecidos en el mes de abril pasado, me permito hacer las siguientes consideraciones:

Primero: Es digna de encomio la titánica y heroica acción de nuestra juventud (hombres y mujeres) que en defensa de la dignidad y el decoro nacional y bajo el nombre de Movimiento Autoconvocado se enfrentaron con palos y piedras a los cipayos del Ejército y de la Policía que como verdaderos esbirros al servicio de la tiranía derramaron la sangre de nuestros hermanos que pacíficamente y haciendo uso de sus derechos fundamentales reclamaban a gritos Justicia Social y Libertad.

Segundo: Es justo reconocer el desempeño que en este intento patriótico tuvieron los altos jerarcas de la Iglesia Católica, Cardenal Leopoldo Brenes y Silvio Báez, quienes siguiendo los lineamientos trazados por el papa Francisco y por la Doctrina Social de nuestra Santa Madre Iglesia, se pusieron al lado de los injustamente agredidos hasta el punto de poner en riesgo su integridad personal. Igualmente son dignos de reconocimiento público los miembros del Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep) y su presidente, José Adán Aguerri, que convencidos de que el Diálogo-Consenso había naufragado por la vocación dictatorial de los Ortega-Murillo se pusieron al lado de los protestantes demandando el cese de la represión y un Diálogo Nacional.

Es obvio que además de la extraordinaria presión popular de nuestros compatriotas, hubo un pletórico respaldo internacional: numerosos gobiernos de América y del mundo, la ONU y la OEA; organismos internacionales de Derechos Humanos, ex jefes de Estado y personalidades clamaron al unísono exigiendo el respeto a la dignidad humana del reprimido pueblo nicaragüense.

Todo esto puso contra la pared al dictatorial binomio Ortega-Murillo que tuvo que ceder retirando el proyecto inicial del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS) ante el estallido social. Pero eso no basta. Los Ortega-Murillo y toda su camarilla de corruptos deben renunciar, porque los torrentes de sangre derramada por los más de 40 muertos y 435 heridos, están clamando a gritos que se vayan y nos dejen en paz para que todos los nicaragüenses podamos vivir en un sistema democrático con Justicia y Libertad.

Por esos muertos, que ya no volverán, por los centenares de presos que fueron brutalmente torturados en las ergástulas orteguistas y por los heridos que derramaron su sangre por un ideal patriótico y por los aberrantes atropellos que han cometido en contra de la institucionalidad democrática y de nuestra Constitución y de nuestras leyes; por todas estas razones y muchas otras más, los Ortega-Murillo deben de renunciar y dejarnos en paz a los nicaragüenses dignos de un mejor destino. El asesinato del periodista Ángel Eduardo Gahona; el desempleo en que quedaron los 15 periodistas dignos y los miles de trabajadores como consecuencia del saqueo de las turbas orteguistas y la destrucción de Radio Darío en León. Todo eso no se puede quedar así, todo eso clama justicia y los culpables por tales desafueros no pueden ni deben quedar en la impunidad. Eso solo podrá alcanzarse con Democracia y con gobiernos que respeten los derechos humanos y el Estado de Derecho en beneficio de la presente y futuras generaciones de nicaragüenses.

Las multitudinarias manifestaciones del pueblo posesionándose de las calles, como la del 23 de abril convocada por el Cosep y la del 28 de abril por la Iglesia católica, así como la participación de los campesinos de la lucha anticanal y de los jóvenes estudiantes del Movimiento Autoconvocado que encabezaron la protesta, demuestra palmariamente que el pueblo de Nicaragua repudia en su inmensa mayoría el gobierno de los Ortega-Murillo por dictatorial y nefasto y que ya tomó la decisión irrevocable de encaminar sus pasos hacia la restauración de la verdadera democracia tal como la definió el prócer norteamericano Abraham Lincoln en su famosa oración de Gettysburg: “El gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”.

Esa es la tarea que tenemos pendientes los nicaragüenses y a la cual de manera impostergable debemos convocarnos todos, para que nunca más en nuestra nación volvamos a enfrascarnos en guerras fratricidas y nunca más vuelva a teñirse nuestro suelo con la sangre preciosa de nuestros hermanos nicaragüenses.

El autor es periodista y secretario general de la Asociación de Nicaragüenses en el Extranjero (ANE).

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