Crítica de cine | Avengers: Infinity War

Avengers: Infinity War es el estreno de cine del que todos están hablando, pero a nuestro crítico no lo sorprendió en absoluto

Crítica de cine del estreno de Avengers Infinity War por Juan Carlos Ampié

Hace 10 años, Marvel estrenó “Iron Man” (Jon Favreau, 2008). Nadie podría haber vaticinado hasta qué punto iban a monopolizar la cultura popular. Diecinueve películas más tarde, el fenómeno no presenta señas de agotamiento, al menos en lo que a recepción del público se refiere. La película ha recaudado más de 800 millones de dólares alrededor del mundo. La minucia del negocio se ha convertido en parte del fenómeno, un paquete de entretenimiento que combina lo infantil, lo mítico y lo capitalista.

Avengers: Infinity War también es la tercera entrega en la franquicia dedicada al equipo de súper héroes. Por concepto y lugar en el gran arco narrativo, la película acumula demasiados personajes. La trama es simple: Thanos (James Brolin) busca las seis “gemas del infinito”, que incrustadas en su guante mágico, le permitirán exterminar con un chasquido de sus dedos a la mitad de los seres vivos del universo. Es curioso que el peor antagonista de este “universo cinemático” sea un gigante preocupado por la explosión demográfica.

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La película divide a la numerosa pandilla en pequeños grupos con misiones específicas en diferentes destinos. Si en algo sorprenden, es en los episodios que no funcionan y en la calidad desigual de las actuaciones. Chris Pratt, tan efectivo en “Guardianes de la Galaxia” (James Gunn, 2014) y su secuela (2017), se desinfla como un globo ante Robert Downey Jr., quien después de viajar en piloto automático por mucho tiempo, recupera algo de su chispa vital. La caída de Pratt es particularmente dolorosa, porque sus compañeros de cuadrilla se roban la película. Gamora (Zoe Saldana) es hija adoptiva de Thanos. Ella conoce su poder destructivo, y se abroga la responsabilidad de detenerlo. La relación entre ellos es el corazón del filme, y los actores lo asumen con tal seriedad, que uno se olvida que están vistiendo los trajes de Halloween más caros del mundo. La melancolía latente en Thanos me tomó por sorpresa. Aún bajo incontables pixeles, y ceñido a las demandas narrativas de una franquicia predeterminada, los actores de carne y hueso pueden sorprendernos con lacerante humanidad.

Cuando Thanos y Gamora no están en pantalla, la película no ofrece nada. Depende enteramente de la inversión emocional del espectador en los personajes, y su grado de compromiso con la marca Marvel. Se siente como un trámite que debemos cumplir. Elementos que se han cultivado por años, se despachan con un manotazo indiferente. Bucky, el “soldado de invierno”, puede haber compartido protagonismo con el Capitán América (Chris Evans). Su regreso se anticipó varias veces, pero desaparece en un abrir y cerrar de ojos.

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La fascinante Wakanda se reduce al escenario para una “épica” batalla final entre los héroes y un ejército de criaturas computarizadas. La batalla es más extraña por la ausencia de sangre que por las criaturas. Avengers: Infinity War  sufre en comparación a las recientes “Thor: Ragnarok” (Taika Waititi, 2017) y “Black Panther” (Ryan Coogler, 2018), que bien pueden representar el pináculo creativo de Marvel. Después de dos horas y media de diversión intermitente, en vez de resolución, me presentaron un “continuará”. Tendremos que esperar al año que viene, para ver otra película que cierre la historia. O el ciclo narrativo. O 50lo que sea que estos ejecutivos están vendiendo. Si “Infinity War” hubiera terminado en la nota fúnebre de sus últimas escenas, podría decirle que es el blockbuster con más agallas de la historia del cine. Pero no es ese el caso. Es más de lo mismo. Pero si el producto Marvel es lo suyo, nada que de lo que yo escriba va a detener que la vea.