¿Partidos o enteros?

Nicaragua es cementerio de ideologías. Tenemos sandinistas que no saben quién fue Rosa Luxemburgo, liberales que no han leído a Juan Jacobo Rousseau, conservadores que piensan que el “conservatismo” es un estado mental, socialistas que no saben la diferencia entre la Segunda y la Tercera Internacional, y pocos PSC o UDC que saben en cual Encíclica se ha establecido el principio de la “Subsidiaridad del Estado”. (Quadragesimo Anno).

Por eso me preocupan las declaraciones de sectores de la sociedad civil en contra de todos los partidos políticos, como que si estos fueran inherentemente malos, haciendo eco a las declaraciones de Daniel Ortega: los partidos dividen.

En todas las sociedades no teocráticas coexisten diferentes opiniones, e ideas sobre los “grandes” temas del ordenamiento social, leyes, normas y procedimientos.

No existe una voluntad popular generalizada sino que chocan intereses contrapuestos. La forma pacífica de solución de conflictos obliga a un debate abierto en el proceso de formación de opiniones.

Para conseguirlo se establecen coincidencias mínimas. Cada uno tiene el derecho de expresar su opinión en una competencia pacífica. Este acuerdo social, según el cual existen intereses divergentes pero igualmente justificados, en todas las sociedades, se conoce como el pluralismo: la democracia competitiva.

Habiendo opiniones diversas, en la sociedad no hay solución única ni absolutamente idónea y por eso las decisiones se toman por mayoría. Sin embargo, no debemos caer en una “tiranía de la mayoría” que tuerza las reglas democráticas y viole los derechos humanos, ya que las decisiones mayoritarias también pueden estar equivocadas.

La protección de las minorías garantizada constitucionalmente por una parte, y, el reconocimiento de la derrota en la votación por el partido perdedor —asumiendo que las elecciones sean libres—, son partes constitutivas de este acuerdo básico democrático.

Una visión democrática rechaza la visión de la “voluntad popular” interpretada por un caudillo iluminado. Esta visión la señala Rousseau al proponer un contrato social basado en la voluntad general que garantiza la convivencia social legítima, en orden.

Caso contrario, cada ciudadano formaría parte de un sistema estatal “no partidario” que haría cumplir la “voluntad general” ejerciendo control total sobre el ciudadano. En ese modelo no hay cabida para los partidos. Se consideran negativos porque se contraponen a la “voluntad general”. Las desviaciones del obligatorio “bien común”, no serían toleradas.

No es casualidad que los dirigentes del Alba, buscan destruir a los partidos en favor de un pequeño grupo dominante, “la vanguardia sandinista, o bolivariana”, define la voluntad popular y nos remite a Rousseau, sin reparar en el hecho que Rousseau cuestiona quién determina esa “voluntad general” y quién la decide.

Como Nicaragua tiene diversidad de intereses y cosmovisiones necesita los partidos como canales que representan la diversidad de intereses en un sistema político.

El papa Francisco dice: “Hemos caído en la tentación de pensar que… el ‘laico comprometido’ es aquel que trabaja en las obras… de la parroquia y de la Diócesis… hemos generado una élite laical creyendo que son ‘laicos comprometidos’ solo aquellos que trabajan en cosas ‘de los curas’”.

“Por eso los pueblos… critican a los políticos y los ven como… que tienen sus propios intereses o los denuncian airados, a veces sin las necesarias distinciones, como teñidos de corrupción. Esto nada tiene que ver con la necesaria y positiva participación de los pueblos… que tendría que animar la escena política de las naciones… claro… que se necesitan dirigentes políticos que vivan con pasión su servicio público… solidarios con sus sufrimientos y esperanzas; políticos que antepongan el bien común a sus intereses privados, que no se dejen amedrentar por los grandes poderes financieros y mediáticos, que sean competentes y… que estén abiertos a escuchar y aprender en el diálogo democrático, que combinen la búsqueda de la justicia con la misericordia y la reconciliación”.

El papa no habla en favor o en contra de ningún partido en particular, pero sí en favor de la participación en política partidaria. Si no me gustan los que hay, haré uno nuevo, pero no puedo, al mismo tiempo, hablar en contra de los partidos y a favor de la democracia.

El autor fue canciller de Nicaragua 2002-2007

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