El comienzo del diálogo

El diálogo que comienza este miércoles no tiene garantes, los obispos sólo serán mediadores y testigos

presos políticos, Nicaragua, crisis, protestas

Por convocatoria de la Conferencia Episcopal de Nicaragua, el diálogo de la sociedad con el Gobierno comenzará hoy 16 de mayo a las 10:00 de la mañana, en el Seminario de Fátima de la ciudad de Managua.

Los obispos reconocen que “las circunstancias para el diálogo no son las más idóneas”, en obvia alusión a que continúa la represión del régimen orteguista contra las protestas de los estudiantes y la población en general. Pero aún así, la Conferencia Episcopal considera que el diálogo debe comenzar para que “aborde estructuralmente el tema de la institucionalidad del país con el objetivo de ir allanando el camino hacia su democratización”.

Hay quienes temen al diálogo, o lo denigran, porque creen que Daniel Ortega es muy astuto e inescrupuloso mientras que sus interlocutores son personas ingenuas o ambiciosas, que se dejarían engañar y sobornar. Sin embargo, los representantes de la sociedad han dado muestras de capacidad intelectual y firmeza democrática y es de esperarse que las mantengan durante el diálogo.

Igual que los obispos, nosotros también creemos que se debe dar una oportunidad al diálogo. Nadie, salvo los orteguistas más obcecados y criminales, quiere que la crisis se resuelva con un baño de sangre peor que el de abril.

En la primera sesión del diálogo los delegados de la sociedad deben exigir a Ortega que suspenda la represión y dé garantías de seguridad y vida a los estudiantes. Además, de entrada los sectores democrático no deben permitir que el diálogo sea dispersado en “mesas temáticas”, para discutir los mil y un problemas que padece Nicaragua.

El diálogo se debe centrar en los dos puntos fundamentales que son: hacer justicia a los masacrados de abril y acordar el plan y procedimiento para el proceso de democratización de Nicaragua. Una vez resueltos esos dos puntos prioritarios, e irrenunciables, se podrá discutir cuanto tema se le ocurra al Gobierno.

Cabe recordar como antecedente histórico, que el diálogo de 1989 entre la oposición y el gobierno de Daniel Ortega (y con él personalmente), solo duró dos días, 3 y 4 de agosto. Ese tiempo fue suficiente para que se confirmara el adelanto en nueve meses de las elecciones, la incorporación por parte de la oposición de dos magistrados propietarios y uno suplente al Consejo Supremo Electoral (CSE); y otras garantías legales y políticas para la participación opositora en los comicios del 25 de febrero de 1990.

También es bueno recordar que en aquel diálogo de agosto de 1989, que fue exitoso como lo demostraron los acontecimientos posteriores, estuvieron presentes como observadores —y de hecho como garantes morales—, los representantes de las Naciones Unidas, la OEA, el Centro para la Democracia (una ONG estadounidense) y miembros del cuerpo diplomático acreditado en Nicaragua.

El diálogo que comienza mañana no tiene garantes, los obispos solo serán mediadores y testigos. Se dice que el garante será el pueblo y particularmente los estudiantes, lo cual entendemos en el sentido de que es la movilización popular en las calles —pero también la presión internacional—, la única garantía de que Ortega acepte los acuerdos democráticos, y que los cumpla.

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