Deconstruyendo una amenaza

En esta era digital es fácil escudarse en perfiles falsos para denigrar a ciudadanos, profesores o estudiantes

La palabra deconstruir fue acuñada por el posestructuralista Jacques Derrida con el propósito de analizar el discurso científicamente, cuyo contenido aparente es claro y obvio, a veces falso, paradójico o metonímico, no obstante, me inclino más por el término destruktion (destrucción) del gran filósofo alemán Martin Heidegger. En esta era digital es fácil escudarse en perfiles falsos para denigrar a ciudadanos, profesores o estudiantes. Con fecha 14 de mayo se menciona mi nombre y el de otros docentes de la UNAN Managua en Facebook, aseverando que somos “reaccionarios” y “adversamos al gobierno sandinista”.

Quiero, en primer lugar, aclarar que yo no tengo partido. No me interesa ni la derecha ni la izquierda. No me gustan los encasillamientos y desde que llegué de Alemania, en 1994, me mantuve al margen de banderas políticas, porque si algo aprendí de los profesores alemanes que me impartieron clase es que existen tres tipos de principios que todo ser humano debe procurar: libertad de conciencia, libertad de acción y libertad de movilización. Y los tuve muy claro, porque la sociedad debe ser libre pensadora. Ningún docente debe hacer uso de su autoridad para imponer una ideología. Siempre les dije a mis estudiantes, desde el primer día de clase: yo respeto creencias e ideas.

En la enseñanza superior en Nicaragua y específicamente en la UNAN Managua, donde ejercí por 34 años mis funciones como docente de grado y posgrado, la libertad de cátedra la entendí como crítica racional. Por eso, orienté mi análisis desde la Ciencia de la Literatura al comentario de textos visuales tales como: gigantografía, publicidad, videos musicales, caricatura, cine, cómics, así como diferentes movimientos en las artes, lo cual incluyó estudiar sus códigos, símbolos, signos, índices y otras categorías semióticas. De esa manera, contribuí a la formación académica estudiando a autores nacionales. El “denunciante” asevera que los profesores “les dicen a los alumnos que se vayan del país… en vez de fomentar el amor a la patria”. Al contrario, mi consejo oportuno fue: “Si tiene la oportunidad de obtener una beca, váyase y regrese para que usted dé lo mejor a Nicaragua, estudie, prepárese, no se quede con una licenciatura, haga una maestría o un doctorado y tendrá mejores oportunidades en nuestra patria”. Si algo me caracteriza como mujer es la identidad que tengo con Nicaragua y es ese amor el que me ha impulsado a manifestarme en las calles con cientos de nicaragüenses que deseamos lo mejor para nuestra nación; no queremos que nuestros hermanos y estudiantes sigan muriendo por procurar un estado democrático y libre.

En otras de sus partes dice la denuncia: “Sería bueno que el gobierno ponga mucha mente en manos de quien pone la formación patriótica”. Discúlpeme, ¿por qué el gobierno? La Ley de Autonomía o Ley 89 en su artículo 58 establece que es el Consejo Nacional de Universidades quien debe velar con los fines y objetivos de la Educación Superior. El patriotismo es ¿defender un partido? ¿Asistir obligatoriamente a una marcha? Lo siento. Mi conciencia me dice que no. Ser patriota es no lesionar al ciudadano, es respetar las leyes y la Constitución Política, es participar de manera fecunda en la comunidad, es defender el ambiente como lo hicieron los estudiantes de la UCA con su consigna tan meritoria: “Señor, señora, no sea indiferente, se quema Indio Maíz en la cara de la gente”, es ocuparse de los asuntos públicos y opinar, se trata de ser responsable con la familia, la comunidad y la nación. Y lo último de la denuncia es que “somos contrarrevolucionarios e incitamos a la violencia”. Un término trasnochado es contrarrevolucionario. Este término fue finiquitado en 1990. En relación a la violencia, esta es una acusación peligrosa. Me apego al pensamiento de Antoine de Saint Exupéry: “Si queremos un mundo de paz y de justicia hay que poner decididamente la inteligencia al servicio del amor”. El ser anónimo que escribió esto carece de estos tres signos: paz, justicia e inteligencia. Es así, que llego a la conclusión, que este discurso amenazante hacia mi integridad y hacia mis colegas es falsario, capcioso, felón y desleal. Mi corazón hace suyo la paz que nos dejó Cristo, la paz verdadera.
La autora es doctora en Filología y máster en Ciencias de la Educación.

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