Un diálogo escabroso

Se necesita amar a Nicaragua para poder renunciar y eso es lo que le hace falta a la pareja presidencial, amor por Nicaragua y por su pueblo.

alcaraván, Aniceto,

Querida Nicaragua: Lo que menos hubiera querido el Gobierno era ir a un diálogo que siempre ha rechazado y que ahora, a regañadientes y presionado por la insurrección de la juventud universitaria y la inmensa mayoría del pueblo se vio obligado a aceptar. Lamentablemente este es un diálogo sobre una mesa manchada de sangre. Desde el 18 de abril comenzaron a morir jóvenes víctimas de los disparos asesinos de los paramilitares, o policías vestidos de civil, armados de escopetas y rifles de guerra. Más de medio centenar de jóvenes han muerto y decenas de ellos han sido heridos, algunos gravemente, hay además casi un centenar de desaparecidos.

La franqueza con que la oposición habló al inicio del diálogo seguramente no la imaginaba la pareja gobernante. Después de la bendición de rigor por el señor cardenal Leopoldo Brenes, las voces de la oposición se dejaron oír con franqueza y valentía señalando los abusos incalificables del gobierno, la falta de institucionalidad, de justicia y de libertad y los asesinatos de estudiantes de los últimos días perpetrados por las diabólicas turbas orteguistas, fuerzas de choque y policías vestidos de civil disparando con rifles de guerra sobre los estudiantes que reclaman justicia, libertad y el fin de esta dictadura que ha destruido la república.

Obispos, sociedad civil y estudiantes le hablaron claro a la pareja gobernante, sin embargo Ortega en su acostumbrado monólogo defendió a la policía y a las turbas y dejó entrever que eran los estudiantes los que disparaban y que tenían un arsenal de armas en la Universidad Politécnica.

Como puede apreciarse Ortega está viendo las cosas al revés. Las palomas tirándole a las escopetas. Con un monólogo tipo Ortega será muy difícil entenderse en un diálogo. El monólogo de Ortega presagia más conflicto y más sangre como si fuera poca la sangre derramada hasta este momento.

El pueblo entero pide un cambio de Gobierno. Es preciso pensar y formar un gobierno provisional compuesto por personas honestas y preparadas para poder rehacer la república, crear nuevos poderes del Estado, crear la institucionalidad que hoy no tenemos. Un gobierno provisional donde tengan cabida los jóvenes y los sectores importantes de la vida nacional resolvería el grave problema político de Nicaragua. Hay hombres con el suficiente talento y preparación académica, sobre todo con gran honestidad que podrían formar ese gobierno provisional si la pareja presidencial tuviera el patriotismo y el sentido común para entender que las cosas no pueden seguir tal como están y que Nicaragua actualmente está enfrentada a un futuro siniestro de anarquía y escasez general.

Se necesita amar a Nicaragua para poder renunciar y eso es lo que le hace falta a la pareja presidencial, amor por Nicaragua y por su pueblo. En la segunda ronda del diálogo se notó la ausencia de don Daniel y doña Rosario. Con dos horas de retraso, como para burlarse, como para vulgarear como se dice popularmente a la Conferencia Episcopal y al grupo que reclama justicia y democracia, se presentó la comisión del Gobierno con personajes que al parecer no tienen la autoridad requerida para tomar decisiones pues se comprometieron a desactivar los ataques policiales y de los paramilitares o turbas orteguistas, pero al día siguiente, sábado por la noche un grupo armado atacó a los estudiantes en la Universidad Agraria dejando un saldo de cinco jóvenes heridos. Al parecer el Gobierno intenta boicotear el diálogo, sin embargo la necesidad del mismo es evidente ya que los señores obispos y la sociedad civil soportan este tipo de insolencias. El grupo democrático tiene el deseo patriótico y sincero de que el problema político y social de Nicaragua se arregle por medios pacíficos. El pueblo entero quiere diálogo y paz pero hasta el momento de escribir esta carta, (lunes 21), el Gobierno parecía no tener voluntad. Quiera Dios que haya acuerdos favorables.

El autor es director general de Radio Corporación.

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