Cerrar las puertas de la ruta crítica

El cierre de la ruta crítica es un acto objetivamente malo, viola la ética médica cuyo imperativo fundamental siempre nos ordena hacer el bien y evitar el mal

La ruta crítica de un hospital es más que un espacio físico para la atención de emergencia del paciente grave (crítico); es una estrategia dinámica de un sistema de atención de respuesta rápida, multidisciplinaria, para actuar de inmediato sobre las causas que provocan la pérdida súbita del equilibrio hemodinámico, fisiológico y metabólico con técnicas de resucitación cardiopulmonar, neurológica y soporte vital básico avanzado. Su nacimiento e implementación a nivel hospitalario ha tenido impacto decisivo en la calidad de la atención, reducción de la mortalidad, optimización de la utilización de los recursos y reducción del tiempo de atención. Ruta crítica es para actuar en el momento de la emergencia y puede ser la única y la última oportunidad para salvar la vida.

Usualmente su trayectoria comprende en lo general, sala de emergencias como puerta de entrada al hospital, sala de operaciones, cuidados intensivos médicos o quirúrgicos o según el caso también cuidados coronarios agudos y en dependencia del perfil del hospital, la atención pediátrica y obstétrica. Son las áreas vitales del hospital donde médicos y enfermeras salvamos vidas y donde podemos también palpar y sentir la misericordia y los milagros de Dios.

Cerrar las puertas de la ruta crítica por razones políticas, económicas o de otra índole, impensable en una sociedad civilizada y respetuosa de la vida de sus ciudadanos, es una decisión absolutamente equivocada, discriminatoria y propia de la cultura de la muerte. Es además una decisión inadmisible e inaceptable por inhumana, inmoral y violatoria de los principios fundamentales de la ética médica. La persona, funcionario o empleado de un sistema de salud, médico o no; que decide, promueve, orienta y ejecuta la orden de cierre de la ruta crítica incurre en un auténtico acto de malapraxis médica que supera la propia negligencia médica por tratarse de un acto de culpa profesional calificada que implica dolo, mala fe y una decidida y clara intención de hacer daño pudiendo incluso convertirse en un homicidio, o peor aún, en un verdadero asesinato al provocar la muerte de cualquier paciente que llegue a las puertas de la ruta crítica en busca de auxilio a su salud y vida.

Quien ordena el cierre de la ruta crítica se coloca en el ámbito de la comisión de un delito (o delitos) de máxima gravedad. El enfermo grave (crítico) que llega a las puertas de la ruta crítica es una persona totalmente vulnerable con pérdida de su estado de equilibrio de salud y al borde una muerte inminente. Cerrar las puertas de la ruta crítica implica impedir la oportunidad única de la “hora dorada” para la recuperación del paciente y dar lugar a muerte o secuelas con irrecuperabilidad funcional permanente de por vida. Es al fin, un daño irreparable que involucra mucho dolor personal y familiar.

El cierre de la ruta crítica es un acto objetivamente malo, viola la ética médica cuyo imperativo fundamental siempre nos ordena hacer el bien y evitar el mal. En el ámbito de la ley se viola el Código Penal (Ley de Auxilio), la Ley General de Salud y la Constitución Política de la República por tratarse del bien jurídico protegido por excelencia por el estado. Es una flagrante violación a los Derechos Humanos y una violación grave a la Ley de Dios en la caridad y en el quinto mandamiento. Es un crimen tan grave que amerita una apropiada calificación y atención por expertos conocedores del derecho y la justicia.

El autor es médico. Exjefe de Cuidados Intensivos y exdecano Facultad de Medicina.
drdiazsalazar@gmail.com